La legendaria trapecista Pinito del Oro, una canaria con altura
La llamaban Pinito como a tantas niñas grancanarias, en honor a la patrona de la Isla. En los papeles oficiales, María Cristina del Pino Segura; en los carteles de las funciones del circo, Pinito del Oro. Y llegaron a ser funciones de cuarenta elefantes en la pista, veinte caballos, más de cincuenta bailarinas, vestuario de plumas y 16.000 personas en la grada. Aquel debut en el Madison Square Garden era el resultado de años de trabajo y penurias; desde una vida ambulante, tres caídas en la arena casi mortales y un circo familiar que no se lo puso nada fácil.
“No existe la gravedad para Pinito”, titulaba aquellos días la prensa extranjera. Y no solo la gravedad que atrae los cuerpos al suelo, sino la que marcó toda su vida con eventos traumáticos, atravesada por una infancia dura con 18 hermanos que la denostaron y un matrimonio apresurado para escapar de ese asfixiante contexto familiar en una vida de sacrificios por el circo y por la aprobación de quienes más amó.
Su vida es una leyenda, y también de película, como ha sabido ver la directora canaria Arima León, que ha escrito y dirigido Tal vez, un film sobre la vida de la trapecista, que se estrenará en España el próximo 10 de julio y que trae de nuevo al presente a una de las canarias más famosas de la historia.
El día que su padre se fue con los titiriteros
La decisión de José Segura, padre de Pinito del Oro, de irse con los titiriteros e ignorar los planes que su familia tenía para él, no solo marcaría su vida, sino la de toda su familia y la historia del circo mundial. Pero en ese momento él no lo sabía. Ni siquiera cuando fundó el Gran Circo Segura en Canarias, con el que viajó por toda España vendiendo ilusiones a un precio muy bajo a gente que no lo podía pagar.
Fue en ese circo, fundado con su mujer, Atilana, donde nació en 1936 María del Pino Segura, la más chica de la casa. “Mi madre me retuvo, no quería que yo fuera artista porque había sufrido mucho en el circo con las caídas de mis hermanos. Quería que fuera para ella, no para el circo”, contó la artista en una entrevista a Televisión Española en 1991. La profecía fue autocumplida: como su madre no quería que se dedicara al espectáculo como el resto de sus hijos, no practicó ninguno de los números del circo familiar y tampoco parecía que ninguno se le diera bien, circunstancia que sus hermanos le recordaban siempre que podían.
La muerte y el equilibrio
Pero, un día, decidió subirse a un alambre que había de palo a palo bajo la lona, y se mantuvo en pie, e incluso dio unos pasos. Su padre, sorprendido de que no se cayera, le puso el alambre todos los días y Cristina empezó a ensayar. “De esa manera me hice alambrista. Mala, pero como era una niña, era un número que pasaba”. El día de su debut, su madre estaba gravemente enferma y Pinito triunfó aquel día sin poder compartirlo con ella. Fue la primera vez que la muerte y los hitos de la carrera de la artista cruzaron sus caminos.
Entonces, Pinito tenía once años. Su padre quedó viudo, sus hermanos mayores casados y ella, una niña que ya entraba en la adolescencia. “Me vi perdida en este mundo extraño que es el circo, pero entonces me di cuenta de que estaba atada a él ya para siempre”.
En 1945 mueren en un accidente los dos puntales del Circo Segura, los hermanos de Pinito Salvador y Esther. El resto de sus hermanos llegó a desear que hubiera sido Pinito la que muriera aquel día, pero ella justificaría esas afirmaciones como fruto del dolor y la frustración, declinando con bastante elegancia entrar en polémica en entrevistas posteriores.
Un trapecio heredado
Estando en Canarias y en recuerdo a su hermana fallecida, Pinito cogió entre sus manos su trapecio, lo acarició, y su padre, que vio la escena le dijo: “Qué pena que un número tan bonito desaparezca”. Aquellas palabras fueron recibidas por Pinito más que como una invitación, como una última oportunidad de pertenecer a aquel mundo que era su familia y podía ser también su oficio, y al día siguiente probó en el trapecio y, no solamente se mantuvo sino que realizó un vuelo. Su padre le enseñó el vuelo hacia atrás y hacia adelante, que era el más peligroso -con el que Pinito sufrió las tres caídas-, ya que la trapecista añadió una variante que lo hacía más peligroso: en lugar de poner una mano delante y otra detrás, para tener siempre a mano una cuerda del trapecio, hacía sus acrobacias con las dos manos delante.
A partir de ahí, la carrera de Pinito fue en ascenso. Fue también su padre quien le eligió su nombre artístico. Dado que existía una famosa trapecista llamada “La Rita de Plata”, el padre de Cristina decidió llamarla “Pinito de Oro”. Fue ahí cuando reanudó una buena relación con su padre y comenzaron los ensayos de más de cuatro horas diarias.
Firmaba todos sus contratos, incluso añadía de su puño y letra la cláusula: “Es mi deseo, y mía toda la responsabilidad, trabajar sin red”
“Cuando estás toda la vida escuchando que no vales para nada y de pronto descubres que tienes un don que no todo el mundo posee, entiendo la necesidad que tenía de demostrar lo mucho que se equivocaban”, cuenta a este periódico Arima León, directora de Tal vez. “Se jugaba la vida noche tras noche para conseguirlo, hasta ese nivel de compromiso (o quizás de locura) llegaba su visión del circo”, explica.
“Sacrifiqué al hijo”
Pinito del Oro tenía 16 años cuando conoció a Juan de la Fuente, su marido durante dos décadas, el hombre que se ponía debajo de los 20 metros para coger a su esposa si se caía, llegando a romperse los brazos en esta hazaña. Casarse para Pinito fue emanciparse, fue viajar sola y poder aceptar la oferta del circo más famoso del mundo, el Ringling Bross, y fue también actuar en Nueva York y por todo el mundo.
“Es curioso porque, a pesar de sentir y vivir la vida desde una perspectiva ampliamente liberal, negada a vivir bajo el yugo impuesto de nadie, ni su padre, ni su marido, Pinito del Oro, artista y empresaria, siempre se consideró una mujer conservadora y de derechas”, explica a este periódico la cineasta Arima León. “Muy jovencita abortó porque quiso apostar por su carrera profesional y estuvo con quien ella quiso (o se permitió). Quizás porque en los momentos más duros del franquismo ella vivió grandes periodos en otros países. Es una de las contradicciones que más me han llamado la atención de ella”, cuenta la cineasta a Canarias Ahora.
De ese aborto voluntario hablaría Pinito con determinación en la Televisión Pública española de los años 90. “Sacrifiqué al hijo”. Después, más adelante, tendría dos, Juan José y María Isabel. Tras su presentación en Nueva York, se fijó en ella Cecil B. de Mille y la contrató para su película El mayor espectáculo del mundo. Pinito, la más pequeña de los Segura, había llegado a Hollywood.
Fama y franquismo
En 1956, Pinito del Oro regresa a España de Estados Unidos y se presenta en el circo Price de Madrid. “Es muy interesante el desarrollo profesional de Pinito durante la época del franquismo”, cuenta a este periódico Esaú Hernández, doctorando especialista en la Cultura Popular por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. “Aunque parezca contraproducente, muchas de las artistas femeninas de la época, sobre todo las cupletistas o de las folclóricas, eran herramientas que el propio régimen utilizaba para un blanqueamiento de cara”, explica. Pinito del Oro firmaba todos sus contratos, incluso añadía de su puño y letra la cláusula: “Es mi deseo, y mía toda la responsabilidad, trabajar sin red”, motivo por el que ninguna compañía circense la aseguró jamás.
La primera etapa artística de la trapecista terminó en 1960, pero volvió ocho años más tarde por diversos motivos, como que cuando se retiró en Tenerife le parecía que le faltaba algo y sintió un deber culminar su carrera en Madrid. También, con la crisis matrimonial, ella quiso demostrarse a sí misma que sin el apoyo de nadie, trabajando sola, continuaba siendo Pinito del Oro. Se retiró definitivamente en 1970. “Quise hacerlo en el apogeo de mi vida y creo que fue oportuno”.
Dejó su nombre en todo lo alto. Más alto que nadie sin red y en la estrecha relación que la muerte siempre tuvo con su carrera, su padre murió el día de su última actuación. La deuda estaba saldada.
Tal vez
Tras retirarse escribió varios libros: Cuentos de circo, Técnica del trapecio, La víspera, Nacida para el circo y El italiano, así como una obra inédita sobre mujeres que han logrado alcanzar el éxito pese a las adversidades estructurales.
Pinito del Oro recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Circo (1990), la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1998) y la Medalla de Oro de Canarias (2017), año en que falleció.
Cerca de donde nació, en el barrio grancanario de Guanarteme, de vez en cuando aparecen flores anónimas que recuerdan a la más internacional de sus vecinas, con una placa en una fachada descascarillada por el salitre que al mirarla crea la ilusión circense de los recursos austeros para contar grandes cosas.
Al preguntar a Arima León por qué escogió Tal vez para el nombre de la película que honra la vida de la trapecista, se remite a un verso de la escritora canaria Natalia Sosa Ayala, coprotagonista del film, “Tal vez no has existido”, que hizo reflexionar a la cineasta en la manera en que nos esforzamos por conservar la memoria colectiva. “Pinito del Oro no fue solo la mejor trapecista del mundo, también fue una mujer contradictoria, que vivió sin dejarse nada para los restos, o quizás sí, nunca lo sabremos. Ojalá conservar siempre la valentía de vivir la vida sin red, puede que esa sea la mayor de sus enseñanzas”, sentencia.
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