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TOMA DE TIERRA
Un bocadillo, tres euros

OPINIÓN GARA SANTANA.

Gara Santana

8 de julio de 2026 21:47 h

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Las siete de la tarde no es una hora agradable para la imagen que la calle Triana quiere proyectar últimamente, reemplazando comercios de toda la vida por tiendas de marcas de lujo, que incluso sustituyen a multinacionales que ya eran el síntoma de un problema, pero no tan grave como el que indica que ya incluso las tiendas están hechas a la medida de los visitantes con dinero. Pero ese es otro artículo.

Es una hora incómoda porque toda esa imagen choca de frente con el problema social de las personas, cada vez más, por problemas muy parecidos a los tuyos, que piden para drogarse y además lo dicen abiertamente. Tampoco es este el artículo en el que se hablará de cuántas cosas tienen que romperse dentro de una persona para pedir en la calle, con signos de deshidratación porque prefiere meterse veneno que comer, recordar o sentir cualquier cosa.

Este es un texto para reflexionar acerca de cuándo perdimos la vergüenza como para censurar a una persona que compra a otro un bocadillo y nos erigimos en guardianes del uso del dinero de todo el mundo y no pensamos que quizás ese dinero lo estamos usando en cosas que no necesitamos, que contaminan y que promueven modelos insostenibles de derechos laborales. El día en que venció el reproche al bocadillo (3,50 euros) y “esa manera de ir por la vida” [SIC], fracasó todo lo demás.

Porque quien se erige en defensor del dinero de todos es el mendigo de Schrödinger, y me explico: un día puede necesitar el bocadillo de un desconocido, y el desconocido no sabe qué hace con su dinero y su ocio. A mí me encantaría que, si yo un día necesito un bocadillo de pescado, alguien me lo compre sin preguntarse para qué lo quiero. Como dice mi amiga Aíssa: “Yo no le pregunto a mis amigos para qué quieren el dinero si me lo piden”, del mismo modo que no reprochamos a los multimillonarios qué hacen cuando se lo damos. Qué menos por un amigo, por un vecino, por otro ser humano.

Cuidado porque por las grietas del bocadillo se está filtrando el debate propuesto por el principal partido de la eterna oposición de rebajar el derecho conquistado de la baja laboral. La solidaridad es voluntaria; el dinero de cada uno, para lo que cada uno quiera, faltaría más. Pero lecciones de moral para irse tranquilo al catre, las justas para ir tirando.

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