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Entrevista

Armando Bastida, experto en crianza: “Hace falta hablar de paternidad en serio”

Juanjo Villalba

29 de octubre de 2026 22:30 h

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“¡Dime qué tengo que hacer y lo hago!” Durante años, muchos hombres le han dicho estas palabras a sus parejas en referencia a las tareas del hogar, la organización familiar del día a día y también a la hora de cuidar a los hijos. Seguramente haya buena intención en ellas, pero denotan algo que quizá a ellos mismos se les escapa: ha llegado la hora de dejar de “colaborar” y comenzar a criar de verdad.

Este pensamiento está en el origen de Criar juntos de verdad. Ni perfectos ni ausentes (Destino, 2026), un libro de Armando Bastida, enfermero pediátrico, padre de tres hijos y divulgador en redes sociales, en el que promueve una crianza respetuosa basada en la corresponsabilidad real. Aunque el foco principal de la obra se centra en el rol del padre dentro de la pareja, sus reflexiones sobre el reparto de la carga mental y la necesidad de tejer una red resuenan en cualquier tipo de hogar, desde familias monoparentales hasta parejas del mismo sexo. Un libro para que los padres comiencen a implicarse de lleno y para que las madres sepan que no tienen por qué hacerlo solas. “Papá tiene que dar un paso adelante, y mamá, a veces, dar un paso atrás”, afirma.

Dejar de hacer del padre un chiste

“Creo que hace falta hablar de paternidad en serio”, asegura. “Durante demasiado tiempo hemos tratado nuestra propia paternidad como una especie de chiste”, explica. “El padre que no sabe poner un pijama y es incapaz de comprar los pañales que el bebé usa, que se queda una tarde con sus hijos y parece que ha sobrevivido a una expedición de alto riesgo o que ‘ayuda mucho’ en casa. Hemos normalizado tanto esa imagen que, a veces, hasta los propios hombres la utilizamos como excusa para no asumir nuestras responsabilidades”.

Pero también reconoce que estamos ante una generación de padres que quiere hacer las cosas de otra manera. Muchos no desean repetir el modelo de sus propios progenitores, pero tampoco tienen demasiados referentes de cómo ser el padre que les hubiera gustado tener.

Hacer cosas no es asumir responsabilidades

Un error muy común, en opinión de Bastida, es que muchos padres siguen confundiéndose en algo fundamental: asumir responsabilidades. “Una cosa es cambiar pañales, preparar la cena o llevar a los niños al parque, que está muy bien. Pero luego es la madre quien tiene que recordar que falta comprar pañales, decidir qué van a cenar o darse cuenta de que el niño lleva unos días más irritable y quizá le ocurre algo”, explica el experto. 

La diferencia entre ser un simple brazo ejecutor o ser quien tiene la cabeza en la organización de la familia es fundamental. “Esta carga agota mucho porque no termina nunca”, apunta Bastida. “Puedes estar tirada en el sofá pero seguir pensando en lo que falta por hacer”.

A muchos hombres les cuesta reconocer que no se implican tanto como creen y cualquier comentario lo viven como un ataque personal

Por eso, cuando ella se queja y él responde “dime qué tengo que hacer que lo hago”, no es corresponsabilidad. “Responsable es ella: él solo hace lo que se le delega”, continúa. “Además, a muchos hombres les cuesta reconocer que no se implican tanto como creen y cualquier comentario lo viven como un ataque personal”.

El cambio de actitud pasa porque los padres hagan suya la responsabilidad de las cosas, y pone un ejemplo: “Imaginemos que a nuestro hijo se le han quedado pequeños los zapatos. Un padre que ayuda puede acompañar a su pareja a comprarlos si ella se lo pide. Un padre corresponsable se da cuenta, comprueba qué talla necesita, busca un momento para ir y se ocupa de resolverlo. No necesita que nadie se convierta en su supervisora”.

Equidad, no contabilidad

Pero los padres, huérfanos de referentes masculinos, necesitan una guía para distinguir entre todos estos conceptos. Bastida propone en su libro una forma de ser equipo “desde la equidad, no desde la contabilidad”, y lo explica. “Una familia no es una empresa en la que podamos repartir las tareas en un 50%. Habrá días en los que uno pueda dar el 90% y el otro solo el 10%. Y otros en los que suceda al revés. Eso también es ser equipo. Ahora bien, si uno lleva cinco años dando el 90%, tenemos un problema”.

Una familia no es una empresa en la que podamos repartir las tareas en un 50%. Habrá días en los que uno pueda dar el 90% y el otro solo el 10%

Eso también exige confianza. “Si el padre viste al bebé y la madre le corrige enseguida porque no le gusta la ropa que ha elegido, o supervisa constantemente cómo lo hace, es difícil construir esa confianza”. Él, dice, tiene que asumir su responsabilidad sin esperar instrucciones, y ella tiene que poder dejar de supervisarlo todo.

Permisos para cuidar

En muchas ocasiones, la logística familiar se complica por culpa del trabajo. En el libro, Bastida reconoce que se ha avanzado en conciliación (en España los permisos por nacimiento son hoy de diecinueve semanas por progenitor), pero todavía son insuficientes. 

“Si las familias quieren cuidar a los hijos durante sus primeros meses sin hacer malabarismos, necesitamos mayor flexibilidad real, sin penalizar laboral ni económicamente a quien cuida”, apunta. “Que las empresas dejen de considerar la implicación de un padre como una falta de compromiso profesional. Que pueda reducir su jornada, faltar al trabajo porque su hijo está enfermo o solicitar medidas de conciliación sin que lo miren como si acabara de anunciar que abandona su carrera”.

Un permiso de nacimiento es un permiso para cuidar. Y cuidar significa estar disponible, asumir responsabilidades y construir un vínculo con tu hijo

Pero la ley no lo resuelve todo. Si un hombre entiende su permiso como unas vacaciones pagadas o como un tiempo para ponerse al día con proyectos personales, “no hemos entendido absolutamente nada”, sostiene. “Un permiso de nacimiento es un permiso para cuidar. Y cuidar significa estar disponible, asumir responsabilidades y construir un vínculo con tu hijo”. 

Un padre se hace

De cualquier modo, el autor también aconseja conservar la calma. Nadie nace enseñado e incluso puede que un padre primerizo no sienta una conexión instantánea con su hijo. Ante esto, Bastida recomienda que no se asuste. “Nos han vendido una imagen muy cinematográfica de la paternidad”, admite. “Ese momento en el que ves a tu bebé, se detiene el mundo, suena una música preciosa y descubres de golpe el sentido de tu existencia, pero no siempre es así”.

El vínculo se va construyendo después con los pañales, las noches sin dormir, los baños, los paseos, los ratos de tenerlo en brazos, los intentos de consolarlo… “Por eso, a los padres les recomiendo que se impliquen al máximo porque así es como se construye la relación”. 

“Nadie te pregunta: ¿Cómo estás, papá?”

Criar juntos de verdad termina con una carta sobre la soledad de la paternidad implicada. Y para contrarrestarla, Bastida propone que los hombres, al igual que las madres, necesitan también su tribu. Pero para construirla tienen todavía que derribar algunos tabús que rodean al mundo masculino.

Los espacios de formación y de apoyo siguen estando ocupados mayoritariamente por mujeres y necesitamos que eso cambie

“Tienen que empezar a hablar entre ellos de cosas de las que tradicionalmente no lo han hecho”, apunta el experto. “Podemos pasar horas conversando sobre fútbol, trabajo o política, pero cuando uno se convierte en padre, no es tan habitual que se siente con sus amigos y diga: ‘Estoy agotado, tengo miedo de hacerlo mal, mi hijo lleva unos días rechazándome y no sé qué hacer’”.

Esto provoca una soledad particular muy intensa. “Los espacios de formación y de apoyo siguen estando ocupados mayoritariamente por mujeres y necesitamos que eso cambie”, defiende. “Podemos empezar por algo tan sencillo como preguntarle a un amigo que acaba de ser padre cómo está. Pero de verdad. Si duerme, si come bien, si necesita ayuda”.

“Pongo el foco en esto aunque sin olvidarme del sufrimiento de las madres”, advierte Bastida. “Porque ellas siguen soportando, en demasiadas familias, una carga mucho mayor. Precisamente por eso necesitamos hombres capaces de acompañarse entre ellos, de aprender juntos y de asumir sus responsabilidades”.