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La conjura de los necios pasa pantalla

La modernidad tecnológica (una variante actual de la teología) ha impuesto las prioridades que hay que defender

La UPNA abrirá las Bibliotecas de Pamplona y Tudela los fines de semana de diciembre y los tres primeros de enero

Leer es algo que ya no se lleva. O se lleva cada vez menos. Por sorprendente que parezca, lo acaba de certificar un grupo editorial, Planeta, al cerrar el Círculo de Lectores y comunicar a sus vendedores que eso de vender libros se está poniendo muy cuesta arriba “por los nuevos hábitos de consumo digital”; esos nuevos hábitos que Planeta viene fomentando, en perjuicio cada vez mayor de su oferta bibliográfica. Se acabó, pues, la estimulante aventura nacida en 1962 -¡en tiempos del franquismo!- y que llegó a contar con más de millón y medio de lectores abonados. Al fin y al cabo, ¿para qué leer cuando puedes meter tantas aplicaciones útiles en tu móvil? Estamos en otro tiempo; y el que nos queda no lo podemos malgastar ni siquiera en pasar página, cuando lo que procede es cambiar de pantalla.

La cosa tiene su lógica desde el punto de vista de la modernidad tecnológica, fuente de toda verdad. Hoy, con los cacharros de última generación en nuestros bolsillos, podemos enterarnos de todo en “tiempo real”, sin que nadie “nos dé la chapa” con argumentos y razones que podrían resumirse en unos cuantos buenos titulares aderezados con unas imágenes potentes.  ¿O acaso no está claro que una imagen vale más que mil palabras?

¿Por qué no ahorrar entonces en tantas palabras innecesarias? Buena prueba de ello, si queremos poner algún ejemplo, es que, en España, ya no hay nada que sea realmente “difícil”, por la sencilla razón de que todo se ha vuelto “complicado”. Ya no existe lo problemático, lo inviable, lo desesperado, lo trágico… Con un “complicado” nos podemos entender todos; con la ventaja añadida de que hasta los moribundos pueden mejorar su status vital, al no estar entre la vida y la muerte, porque sólo tienen complicaciones de salud.

Y no es cosa tampoco de ponernos picajosos porque no sea infrecuente confundir el “infligir” con el “infringir”; ni las “condecoraciones” con los “eslabones”… Por no hablar de ese “cuanto menos”, que se ha impuesto de manera universal, usurpando el puesto que debería corresponder al “cuando menos” (como sustitutivo de “al menos” o “por lo menos”); o de esos especialistas muy competentes que nos hablan por la radio o la televisión de la necesidad de ir “invertiendo” en tales o cuales sectores productivos, porque, al parecer, algunos profesionales de prestigio empiezan a tener problemillas con los gerundios de los verbos irregulares.

Leer es algo que ya no se lleva. O se lleva cada vez menos

Pero, bueno, tampoco es que haya demasiada alarma en el ambiente por que se hable cada vez peor y la lengua se empobrezca hasta el punto de irse despoblando, dejándonos una España vacía de palabras y sobresaturada de gritos. Los nuevos hábitos, centrados en el consumo digital, preferentemente entre los jóvenes, no parecen demasiado sensibles a lo que podrían ser consideradas como sutilezas teológicas. La modernidad tecnológica (una variante actual de la teología) ha impuesto las prioridades que hay que defender. Si hay que escoger entre una tablet y un libro, parece evidente cuál de las dos opciones sale perdiendo.

Ante esta situación, parece inevitable acordarse de “Momo”, esa novela de Michael Ende, que es una espléndida metáfora de la implantación de tendencias y valores en el capitalismo actual, cuando habla de los hombres grises que viven del tiempo de los hombres. Esos hombres grises que apuntaban cosas en sus agendas y que se infiltraban inadvertidamente entre los habitantes de la ciudad “Así podían operar en la clandestinidad –cuenta la novela-, precisamente porque no se ocultaban. Y como nadie reparaba en ellos, nadie les preguntaba de dónde habían salido y de dónde salían, porque cada día eran más”.

Los hombres grises que viven del tiempo de los hombres, que acaban imponiéndonos, como si no se impusieran, de qué manera tenemos que vivir el tiempo de nuestra vida… ¿No nos resultan familiares? Me pregunto si tantos adolescentes de nuestro país aquejados de falta de comprensión lectora, como se ha venido reiterando en los últimos tiempos, no han caído en sus redes; si, por concretar más, las anomalías detectadas en el último Informe Pisa sobre la lectura, en los estudiantes españoles de 15 años viene a ser  algo más que una anécdota.

*Javier Artetafue asesor del grupo parlamentario del PSE

 

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