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Un techo de cristal resistente

En este año se vienen produciendo una serie de acontecimientos que extienden nuevas sombras de incredulidad y de hartazgo sobre la hipotética igualdad de género; hechos que nos alejan, más de lo que nos acercan en la superación de hipocresías sociales, ayudas bienintencionadas pero escasamente efectivas. Hablamos, en concreto, de dos situaciones.

La primera cuestión tiene que ver con la asombrosa e incoherente actitud del Departamento de Educación del Gobierno vasco a la hora de enfrentarse a los temas de género. De un lado, ha prodigado con gran resonancia mediática su esfuerzo por dotar al sistema educativo vasco de un plan de actuación ante la violencia de género. Una medida loable, por más que el carácter experimental de este curso haya dejado fuera a muchos centros que deseaban participar de la iniciativa. Lo incongruente de la actuación es que la argumentación empleada para la justificación del mencionado plan deja bastantes interrogantes cuando se observa el desprecio hacia otros mecanismos de actuación, competencia directa de la administración educativa y que están retenidos en algún cajón olvidado de Lakua.

Nos referimos a la polvorienta Comisión de Igualdad Intersectorial e interterritorial del Departamento de Educación, que se creó en diciembre de 2010, consecuencia de la aplicación del artículo 84 del Acuerdo Regulador de las condiciones laborales de los/as docentes no universitarios ("Medidas para la Igualdad de Género"), actualmente en vigor. En tal comisión –que no se ha vuelto a reunir en el tiempo de actividad de la actual Consejería- se recogían líneas estratégicas que pretendían impulsar la coeducación del sistema educativo vasco con el trabajo colaborador de los sindicatos del profesorado. Es tal el abandono al que ha sometido a esta Comisión, que no ha contado con ella para la elaboración del Plan señalado, aunque sí hayan colaborado "diversos agentes implicados" (situación reincidente que venimos observando y denunciando desde la puesta de largo del gabinete de Cristina Uriarte). Da la impresión que el grado de "implicación" que exige el equipo gestor de Lakua está muy alejado de los esfuerzos que los sindicatos vascos de enseñanza hacemos diariamente por mejorar la situación de la comunidad educativa vasca.

La segunda situación decepcionante del papel actual que se asigna a la mujer en el ámbito educativo proviene de la constatación de dos tipos de datos, que confluyen en la misma dirección: la relativa invisibilidad de la mujer en la enseñanza.

De 115 manuales analizados (de 2007) de tres editoriales (Santillana, Oxford y SM) la presencia de las mujeres entre todas las disciplinas que se imparten en los cuatro cursos de Secundaria no supera el 12,8%, lo que supone en la práctica su exclusión de la visión del mundo que se traslada desde la Enseñanza.

De un lado, los datos publicados por el Departamento de Educación del Gobierno vasco ("Distribución de mujeres y hombres en el sistema de Enseñanza. Profesorado y ámbito de decisión, 2009-2010") y que demuestran cómo sobre una importantísima presencia de la mujer en la enseñanza vasca (en las dos redes, pública y concertada), que supera el 71% del profesorado, desciende al 47% en el caso de las mujeres comprometidas en labores de dirección a 4 años y al 38% entre el cuerpo de inspectores: en ambos casos, seguimos hablando de puestos relacionados con la función administrativa educativa, aunque no ya de docencia directa.

El otro dato lo aporta un reciente estudio académico presentado en la Revista de Educación del Ministerio (enero –abril 2014) que analiza la ausencia de las mujeres en los manuales de la ESO (subtítulo: "Una genealogía de conocimiento adecuada"). La conclusión es tristemente esclarecedora: de 115 manuales analizados (de 2007) de tres editoriales (Santillana, Oxford y SM) la presencia de las mujeres entre todas las disciplinas que se imparten en los cuatro cursos de Secundaria no supera el 12,8%, lo que supone en la práctica su exclusión de la visión del mundo que se traslada desde la Enseñanza.

Además, esta escasa presencia va disminuyendo a medida que se avanza en contenidos de dificultad (4º ESO, respecto a 1º) y en asignaturas de enfoque histórico, respecto de otros científicos o lingüísticos. Y no es baladí esta penuria de referencias femeninas cuando es en estas disciplinas desde las que se construye la memoria colectiva y las identidades sociales. El estudio acaba afirmando que "(…) estas carencias en el sistema de enseñanza afectan … a la formación académica en su discurso no revisado y androcéntrico (…) y a la formación cívica, con marcados patrones de desigualdad(…)".

En fin, una nueva oportunidad perdida para que la celebración de una fecha tan emblemática nos acerque a un futuro más igualitario, donde las cuestiones de género no supongan barreras infranqueables.

Pablo García de Vicuña Peñafiel, secretario general CCOO-Irakaskuntza

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