LOS LANZALLAMAS
Javier Milei: el ascenso al hoyo
Vamos a empezar con un golpe bajo. Hace apenas un par de días, el gobierno del presidente Javier Milei derogó el fondo que financia los billetes gratuitos en empresas de transporte de pasajeros para personas con discapacidad y niños con cáncer. ¿Cómo se metaboliza esta información?
Esta es una de las decisiones cotidianas de la administración argentina y la primera pregunta que surge es en qué medida se naturaliza este estado de las cosas. Dos periodistas argentinos, veteranos, Martín Caparrós y Ernesto Tenembaum intentaban en vano dilucidar la cuestión conversando el miércoles en un programa de la radio porteña y no lo consiguieron.
Se sabe que en cualquier pieza periodística tiene que haber una sucesión de respuestas en torno a cinco interrogantes clásicos que van desde el qué y el porqué del objeto a tratar cuestiones temporales y geográficas. En el caso de Javier Milei la fórmula zozobra: cuesta describir el qué y el porqué guarda la misma oscuridad de algunos incendios. No se sabe bien qué los origina, si son espontáneos o no. Hay algo peor aún y tiene que ver con aquella frase de Jean Genet a quién se le preguntó qué obra salvaría en el incendio de un museo. El fuego, respondió.
Hay momentos en los que se puede llegar a pensar que en Argentina seduce el carácter ígneo de Milei. Su desborde incontinente a partir de una chispa inesperada y que en segundos arrasa el bosque de todo lo establecido. Milei es un espectáculo para la masa, como los fuegos artificiales de fin de año pero, en su caso, se trata de quema diaria; no celebra, sepulta. Ante este fenómeno todo se complica porque el objeto a observar ya no es Milei sino el país que lo contiene.
La pregunta que giraba históricamente en torno a la Argentina era sobre el fenómeno del peronismo, una fuerza que se puede situar a la derecha y al mismo tiempo a la izquierda o todo lo contrario. Esta confusión ya no interesa. Ahora el interrogante cae sobre el país.
Alguna vez le escuché decir a Enric González que si alguien puede llegar a explicar Argentina es porque no lo ha entendido bien. Con esta lúcida sentencia habría que abandonar la empresa pero, al menos, hay que intentar algún esfuerzo para llegar a Milei y una vez allí, sí, tomar la distancia necesaria. Para observar pero también haciéndolo a cierto recaudo.
Para los peronistas todo comenzó en 1945, la génesis de su movimiento. Para los antiperonistas, todo empieza con la restauración, diez años después, cuando se derroca a Perón con un golpe de Estado sangriento. No es un dato menor que la izquierda acompañó esta interrupción democrática pero tampoco lo es que, durante esa década, fue perseguida sistemáticamente y no solo corriendo delante de los policías. La cosa se complica después, porque en 1973, año del regreso definitivo de Perón del exilio español, hubo una izquierda peronista. Como hasta entonces en Argentina, todas las contradicciones se superaban con un golpe, en 1976 los militares y el poder económico detonaron la mayor tragedia que soportó el país.
Hay una pregunta que circula entre nostálgicos y es por qué Argentina no sumó su destino al de Australia. Para asombro de muchos, el historiador económico Pablo Gerchunoff expone en ¿Por qué Argentina no fue Australia?, un estudio pormenorizado donde compara los dos países y señala que, hasta 1975, precisamente, la antesala del golpe, las dos naciones crecían, entre caídas y ascensos, con un ritmo sostenido. El golpe de 1976 no solo arrasó la vida, también cambió aquel modelo económico. Argentina dejó de ser un país industrial en pleno desarrollo para convertirse en una economía primaria, productora de materias primas y con un circuito financiero llamado popularmente “patria financiera”.
La “patria financiera”, de algún modo, es otro aspecto de la tragedia, porque a medida que se cerraban fábricas y comenzaba a crecer la pobreza y a pauperizarse los servicios públicos, la clase media, también menguante, especulaba con la moneda nacional y los dólares. El presidente Alfónsín, devolvió, con la nueva democracia, la vida a los argentinos pero no el dinero. Una nueva modalidad destituyente, el golpe económico, acortó su mandato y llegó Carlos Menem para consolidar el proyecto neoliberal que los militares dejaron inconcluso: terminó de desmontar el Estado. Menem ahonda el misterio ideológico del peronismo: fue un recuerdo del futuro que acontece hoy con su máximo fulgor. Esa aventura acabó en un gobierno de coalición cívica que naufragó en 2001 con el corralito financiero. Argentina como proveedora de significados al mundo: los desaparecidos con la dictadura, el corralito con la democracia.
En ese momento, en las calles se hacen asambleas populares y la consigna es: “que se vayan todos”. La movilización, poco a poco, se va metabolizando y después de una leve estabilización llega el kirchnerismo. Nestor y Cristina Kirchner, en las antípodas de Menem, rescatan el aura combativa de 1973 y alumbran un peronismo de izquierda que se vigoriza más por el alto consumo en una economía que crecía con tasas chinas que por las banderas ideológicas. En eso se pareció al ciclo de Menem. En el final también, ya que después de administrar el país durante dieciséis años durante varios gobiernos terminaron con una hiperinflación cercana a la que venció a Alfonsín.
Cristina Kirchner dijo que su único error fue no haber cambiado la matriz económica del país. Es el modelo que impusieron los militares, profundizó Menem y confirmó el conservador Mauricio Macri. Esa es la madre de todas las batallas económicas del país. Los militares fueron juzgados en un proceso ejemplar; el poder económico que alentó el golpe sigue inmóvil y a salvo con un modelo devastador que ha excluido a la mitad del país y solo produce pobres desde 1976.
El kirchnerismo y el macrismo dieron origen a “la grieta”, un enfrentamiento neurótico en el que se señalaba al contrario con gestos fratricidas, culpándolo del destino nacional. Era neurótico en el sentido de no estar ninguno dispuesto a hacer los esfuerzos necesarios para consumar un deseo: transformar el dislate.
Con Javier Milei se pasa de la fase neurótica a la psicótica. Si en 2001 se pedía a todos los políticos que se fueran, ahora la consigna es exterminarlos, acabar con todo. El odio al poder. Esa pulsión de destrucción incontrolable es la que mueve a Milei y hay una mayoría que lo sigue.
Los insultos del presidente son cotidianos y de una carga que hacen amable el campo semántico de Donald Trump. Desde “no odiamos lo suficiente a los periodistas” a “mi misión es cagar a patadas en el culo a keynesianos y colectivistas hijos de puta”. No tiene contención ni límite alguno, sea cual sea la audiencia de turno: el balcón de la Casa Rosada o el foro de Davos.
Milei creció víctima de malos tratos y de un bulling cotidiano, tanto en los colegios como en su propia casa, según cuenta el periodista y escritor Juan Luis González en las dos biografías que publicó del presidente, El loco y Las fuerzas del cielo.
Su hermana Karina, a todos los efectos el número dos del gobierno argentino, es la persona que no se separa de él y que lo contiene desde niño cuando es víctima de una crisis nerviosa. Son inseparables. Milei le llama, indistintamente, “ángel” y “jefe”. El otro soporte emocional del presidente son sus cuatro mastines ingleses a los que dedica una hora diaria. El sostiene que son cinco, como le dijo al periodista Andrés Oppenheimer en una entrevista para CNN. Cuando Oppenheimer le corrigió, Milei insistió “mis cinco hijos de cuatro patas”. Ocurre que uno de ellos murió pero Milei no asume ese hecho. Cada perro tiene el nombre de pila de un economista (Milton por Friedman, Murray por Rothbard, Robert y Lucas por Robert Lucas) y el presidente sostiene que toma decisiones consultándolos. Sobre todo a Conan, el difunto, al igual que hace con el Uno, como llama a Dios, con quien asegura tener contacto directo.
Las últimas elecciones, las de medio término, en octubre pasado las remontó –venía de perder en la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país– por un crédito directo in extremis de la administración Trump de 20 mil millones de dólares evitando la quiebra del país, en un gesto único e inédito de los Estados Unidos. De más está decir que el gobierno de Milei está entregado de pies y manos a la administración Trump. El canciller de Menem, con respecto a los Estados Unidos, decía que ambos países mantenían relaciones carnales (literal). En esa línea, Trump y Milei son los hermanos que nacieron de aquella relación.
Mientras tanto, en medio de este relato gótico sudamericano, la corrupción corroe al gobierno implicando a la hermana Karina, el jefe de gabinete y el presidente de la cámara alta, para hacer una lista corta. El gobierno milita en las redes y no pisa la calle. La revista Noticias llegó a registrar más de mil tuits subidos por el presidente en un fin de semana. Los recortes y el índice de pobreza compiten por alcanzar la cima estadística.
¿Hasta dónde puede llegar la larga noche de Milei que no da descanso? Toda su estrategia es emocional y solo se basa en ofrecer venganza. El país que más lejos llevó el psicoanálisis ha caído en la psicosis, una patología que excede los límites del diván.
La pregunta es hasta cuando se podrá mantener en pie el cuerpo social antes de sucumbir y caer en el hoyo.