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¿Cuándo nos cuentan toda la verdad del ático?

4 de agosto de 2026 22:21 h

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La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, están muy preocupados por los últimos sucesos de Ceuta. O para ser más exactos, por la estrategia diabólica del presidente Sánchez para destruir España. Vale, es comprensible la inquietud, pero, ¿y el ático?

La crisis migratoria que ha vivido en los últimos días la ciudad autónoma ha caído de perlas a la derecha y la extrema derecha. Lo más complicado ha pasado, con el regreso de la inmensa mayoría de los 72.000 (nuevo dato de Interior) que habían atravesado la frontera por mar y tierra. Ahora viene la etapa de preguntas y respuestas, porque el Gobierno tiene mucho que explicar sobre lo ocurrido. Pero justamente Ayuso y Rodríguez no están para hacer preguntas, sino para dar respuestas. Y no sobre Ceuta, sino sobre el ático de 450 metros cuadrados con doscientos de terraza que una empresa pública dependiente de la Comunidad compró supuestamente para que viviera la presidenta mientras se realizaran unas obras de rehabilitación de la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia regional.

Una semana después de que El País desvelara que la Comunidad había comprado el famoso piso como “oficina” temporal, los entresijos de la operación siguen siendo un misterio. Se sabe que lo compró la empresa pública Planifica Madrid, que se encarga de la gestión de suelo y oficinas propias del gobierno autonómico. Que lo vendió una inmobiliaria de la Moraleja especializada en viviendas de lujo. Que el ático queda justo enfrente del edificio donde vive la madre de Auso. Que su novio, Alberto González Amador, ha puesto en venta el piso en el mismo barrio de Chamberí donde vive la pareja. Y se sabe que, al verse pillada por la información periodística, Ayuso emprendió una huida adelante que evidencia su forma abusiva de entender el poder y el desprecio a los controles públicos con que ha ejercido hasta ahora el cargo.

Lo primero que hizo fue defender la adquisición del inmueble. Cuando los medios, incluso alguno conservador, le hizo ver que carecía de cualquier racionalidad comprar un ático a un precio astronómico para que fuera una oficina provisional, más aún en un edificio residencial donde no se pueden instalar oficinas, anunció que se venderían ese y otros inmuebles de la Comunidad para sufragar la reparación de las tierras arrasadas por los incendios de finales de julio. Y ahí la tenemos, hablando un día sí y otro también de la Sierra Oeste madrileña. Es, por cierto, lo que debería hacer como presidenta ante la catástrofe medioambiental, pero no para intentar lavar la operación del ático sublimando el destino que piensa ahora dar al dinero de su forzada venta.

Por lo demás, nada se sabe de esa operación. Todo sigue envuelto en un manto de misterio. No se conoce ninguna explicación motivada para realizar esa compra, teniendo la Comunidad otros inmuebles donde se pudo instalar temporalmente la presidenta. No se conocen los detalles de las obras de la sede del Gobierno regional con las que intentaron justificar la adquisición del ático. No se conoce resolución alguna que cambie ahora el destino de la polémica inversión inmobiliaria y derive esa partida –¿es esto legal?– a un plan de recuperación de territorios quemados. Cualquier resto de transparencia que aún pudiera sobrevivir en el Gobierno madrileño ha saltado por los aires en este caso.

Y la madre de todos los interrogantes sigue, por supuesto, sin responderse: ¿cuál era el plan? ¿Hubo beneficiados con la operación? ¿Tenía Ayuso la posibilidad de seguir habitando el ático tras el fin de su mandato? Del mismo modo que ha decidido súbitamente su venta para un programa de recuperación por los incendios, ¿podía, con el mismo sigilo con que se compró el ático a un particular con una cláusula de confidencialidad, venderse a otro particular con cualquier otro motivo y con la misma discreción? Muchos se hacen estas y otras preguntas, y la culpa de las suspicacias no es de quienes pretenden “destruirla”, como dice Ayuso con su proverbial victimismo, sino del secretismo que su Gobierno ha impuesto en el asunto. El arma infalible para destruir sospechas es la transparencia. Que es también lo que en este momento falta con respecto al gasto de su reciente viaje a México, del que solo han trascendido los 600 euros que costó la reserva de la sala de autoridades de Barajas.

Existe cierto feeling entre los ayusólogos de que estamos asistiendo a un fin de etapa. De que lo del ático no es un lío más en la maraña de escándalos que acumula la presidenta. Que es la guinda, la gota que ha colmado el vaso de su conducta altanera y desafiante. Pero la mayoría de los expertos no atribuyen su muerte política anunciada a una consecuencia del escándalo en sí, sino a su supuesta caída en desgracia dentro del PP, aunque desde Génova hagan aspavientos de unidad. Según esta versión, alguien del entorno de Feijóo habría filtrado el caso para cortarle las alas ante un eventual desafío por el liderazgo nacional del partido.

No sé cuánto de cierto y cuánto de ficción hay en tales elucubraciones. Lo único que cabe esperar es que, antes de que se desentrañen los intríngulis políticos, podamos saber la historia completa del ático.