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Tú no puedes pagar el alquiler, pero le ibas a comprar un pisazo a Ayuso

Fachada del ático en el barrio de Chamberí adquirido por la Comunidad de Madrd.
31 de julio de 2026 23:31 h

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Estoy a dos mil kilómetros de casa. Llevo meses trabajando, haciendo la cuenta de una vida que se reduce, en el fondo, a que algún día un banco acceda a prestarme cien mil euros. Cien mil euros no son un dineral. Son un piso pequeño y viejo, en un sitio normal y corriente, si eso. Cien mil euros es la cifra por la que alguien como yo se hipoteca veinte o treinta años si hay suerte y si el banco está de humor. Estoy a dos mil kilómetros de casa porque el modelo económico que tenemos me prefiere a mí trabajando en el extranjero que a un casero trabajando, a secas.

Mientras hago esa cuenta, mientras relleno cada día en un Excel las horas que paso a la semana llevándole bebidas innombrables a turistas alemanes, mientras sigo buscando más trabajos extra porque a pesar de todo nada es suficiente, me entero de que a Isabel Díaz Ayuso la Comunidad de Madrid le ha comprado un ático de lujo. Sigo, por supuesto, todas las noticias de España, como he hecho siempre, prácticamente a diario, y todo lo que tiene que ver con Ayuso me ha generado siempre demasiada pereza, demasiado odio y demasiado asco como para pararme a comentarlo. Sus formas de lunática, su clasismo, sus consejeros trasnochados, su Rasputín de sol y sombra y, en fin, su adaptación cañí y cutre del trumpismo, su circo cayetano de los horrores, todo ese conjunto de miserias humanas lo daba yo por sabido y nunca le he dedicado una línea. Pero esto es el colmo.

Cuatrocientos ochenta y cinco metros cuadrados en Chamberí, doscientos de ellos en terraza. Planta novena. Lo compró el 14 de abril una empresa pública, Planifica Madrid, para que Ayuso lo use de oficina mientras duran las obras de la Casa de Correos. La operación no estaba en el presupuesto y el Consejo de Gobierno no autorizó el crédito. No aparecía en la página de transparencia. Seis millones de euros de dinero público, y el cuidado no-demasiado-sutil de que no nos enterásemos. Uno lee “oficina temporal” y se imagina una mesa de cartón, un flexo y una caja de folios. No cuatrocientos ochenta y cinco metros con doscientos de terraza, que es más terraza que piso entero de los que un banco me dejaría comprar a mí endeudándome de por vida. Y lo de “temporal” es un decir: las obras de la Casa de Correos empiezan en agosto, y ya se sabe cómo empiezan en esta Comunidad Autónoma las obras y cómo terminan, si es que terminan. Seis millones de euros para una provisionalidad que huele a permanente o, más bien, a empadronamiento. Uno aprende así lo que significa de verdad gobernar, que no es mandar: es instalarse en el poder, ponerse cómodo, tener buzón.

Y luego está lo otro, que es peor que el dinero: que no pasa nada. Alrededor de Ayuso se acumulan las causas y ella no solo sigue ahí, es que gobierna con el aplomo de quien ha comprobado, una vez tras otra, que nada la roza. La impunidad no es que no haya consecuencias; es saber de antemano que no las habrá, y actuar en consecuencia. Y entonces, la pirueta. Pillada la maniobra, la Comunidad anuncia que vende el ático y que lo recaudado irá para las víctimas de los incendios: seis millones que ayer eran un despacho con terraza y hoy son, de golpe, un acto de generosidad. En paralelo, el novio pone a la venta el piso donde viven, comprado en su día por la mitad de su precio. “No es mi casa, no le han comprado nada a Ayuso”, dice ella. Puede que sea verdad. Cada pieza, mirada por separado, se sostiene: el piso es de él, el ático es institucional, la venta es legal, el dinero va a los incendios. Nunca hay una mentira redonda que puedas señalar con el dedo, solo una sucesión de factores que, sumados, dan un resultado que apesta. Han aprendido a moverse en ese margen exacto donde nada es exactamente reprochable y todo es inequívocamente indecente. Por eso nunca los pillas del todo, y por eso se van siempre de rositas. No le han comprado nada a Ayuso. Puede que sea verdad. Casi siempre lo es. Ese es exactamente el problema.

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