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OPINIÓN | 'Dilemas de julio', por Antón Losada

Dilemas de julio

28 de junio de 2026 22:09 h

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Este julio que ya arranca se antoja un mes moralmente complicado. Se multiplican los dilemas. El viejo orden internacional multilateral acude al rescate de una Venezuela sacudida por dos terremotos; como si esta vez la desgracia hubiera querido asegurar el daño. El nuevo orden sigue naciendo a misilazos y dronazos en el golfo Pérsico al ritmo del precio del petróleo, tan rentable para la endeudada USA del emperador naranja. Así son las cosas ahora y así eran antes. Con el agredido o con el agresor, con el imperio o la colonia; el eterno dilema. 

Las desgracias se socializan y los beneficios se privatizan, pero ahora, además, te las cobran dos veces porque, hasta cuando pierden, tienen que ganar. Al negocio del petróleo y la guerra sumen ahora el negocio de las reconstrucciones. El paraíso perdido de los emprendedores. 

Ya que hablamos de emprendedores. Víctor de Aldama ha pasado de delator a empresario de éxito a la caza de oportunidades y de corruptor a referente moral sin hacer el esfuerzo de arrepentirse, sin tomarse el trabajo de haber reparado el daño y sin haber cumplido con el deber de no mentir a la justicia, pues lo importante es cazar a la presa por cualquier medio necesario. El código penal ya no es lo que era. No se trata de un conjunto de reglas estrictas que haya que seguir; conforma, más bien, unas “líneas generales” y a modo orientativo, que decía el Capitán Barbosa del código de los piratas. 

Delinque, delata y disfruta lo robado si nos sirve para cobrarnos la pieza. Es tendencia en el nuevo y mejorado derecho penal del Siglo XXI que practica nuestro Tribunal Supremo; siempre a la vanguardia tras establecer que los delitos, ahora, los puede cometer alguien o alguien de su entorno. Pero no se inquieten. Cuando gobierne quien tiene que gobernar, todo volverá a estar bien y nuestros derechos estarán garantizados; habrá que tener órdenes para los registros, hechos que juzgar y pruebas que acreditar. Podremos entonces concentrar todos nuestros esfuerzos en bajarle los impuestos a nuestro emprendedor favorito, para que no continúe siendo otra víctima de este insoportable infierno fiscal que es España. Contra el corrupto o con el corruptor: otro eterno dilema que tanto explica la historia de España.

Perdóneme por hablar de estos detalles porque, al parecer, quienes hablamos de estos detalles lo hacemos porque estamos ayudando a crear una cortina de humo a un poder que no quiere rendir cuentas por la condena a Ábalos y Koldo. Que no digo que no lo pretendan, pero yo no tengo que rendir cuentas por la condena de nadie, hablo de lo que me da la gana, mi criterio es tan bueno como el suyo y, además, soy poco de cortinas y más de contraventanas. Tan justa me parece la condena a los corruptos como injusto me parece el alivio al corruptor y me atrevo a decirlo, aunque me arriesgue a que aparezca la Inquisición Española de los Monty Python.

La política española ha entrado en un bucle surrealista donde parece que casi todos los líderes y portavoces han decidido que su trabajo consiste en decirle a Pedro Sánchez lo que tiene que hacer y luego quejarse amargamente de que no lo haga. Es la zona de confort perfecta. Hemos llegado hasta aquí por culpa de Pedro Sánchez y si no salimos de aquí es también por culpa de Pedro Sánchez. Pase lo que pase, siempre será culpa suya. Por eso se le puede pedir a la vez que se vaya, que pida una cuestión de confianza y que convoque elecciones sin que nadie pregunte siquiera en qué orden. 

Feijóo espera que los socios de gobierno le hagan un “Pablo Casado” y le entreguen la cabeza del presidente en una bandeja como se la entregaron sus barones. Pero ni los socios están por mancharse las manos ni Pedro es Pablo; si Núñez Feijóo quiere su cabeza, va a tener que ir a buscarla. Ahí se atasca todo y vuelta a empezar. Con quien resiste o quien espera, ustedes sabrán. No vamos a tener días suficientes en julio para atender tanta disyuntiva.