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El Tenerife gana en Ipurua y empieza a aclarar las dudas

Los jugadores del Tenerife celebran el gol de Chapela ante sus seguidores

José Miguel Galarza

Santa Cruz de Tenerife —

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El mar de dudas de este Tenerife mitad reformado mitad renovado comenzó a despejarse de la mejor manera: una victoria impensable en Ipurua, más solvente según corría el reloj, obrada a partir de un gol temprano de Enric Gallego que debería apuntarse también a Nacho Gil.

El 1-3 debería dar un punto de tranquilidad a los blanquiazules en medio de las expectativas que ha despertado en su parroquia tras el regreso a la Segunda División porque los tres puntos de este domingo no son más que el primer peldaño de los diecisiete que le restan para hollar el campamento base de los cincuenta. Las lecturas desmesuradas, que ya las hay, solo valen para un forofismo que no cuadra con este equipo por hacer.

Cervera resolvió el acertijo de su primer once sin sorpresas y de acuerdo a lo que podía esperarse de la evolución que permite la pretemporada según avanza. La baja por sanción de Landazuri emparejó con Viereck —en su perfil natural— al rehabilitado León, confirmó a Jorge Moreno como lateral derecho —un arcano averiguar en qué mejora al último César conocido— y dejó en el flanco opuesto a David, con pinta de que volverá a jugarlo todo, ya se recupere Mateu o este Roko termine su acoplamiento.

Delante de la zaga, también lo esperable. Los dos medios que mejor le han lucido en verano —Juanjo y Jesús Álvarez—, una línea de tres y un solo delantero. Por la banda derecha Noel López, por detrás del punta Víctor Moreno y tirado a la siniestra Nacho Gil, al cabo más rentable jugando a su aire arrancando de afuera adentro que como el diez de manual que pudiera pensarse. Y coronando la armadura Enric Gallego, a salvo de que legue otro que lo mejore. Visto lo de hoy, que lo mejore mucho.

Con Dani (Martín) y estos diez, el Tenerife arrancó más aplicado que rocoso y encontró con una genialidad de Nacho Gil un punto añadido de tranquilidad. Cazó una pelota casi por la calle del seis y le metió un pase de cuarenta metros a Gallego, surgido en un desmarque al espacio que agarró destensados a Arbilla y Arana. La resolución recordó al Gallego que se apareció en Primera División con diez años menos, un ejecutor letal definiendo en carrera citado con el portero. Le cruzó un remate raso a Magunagoitia, superó a Justo Gilberto como décimo goleador tinerfeñista —también a Carlos Ruiz como segundo más longevo— y se queda a siete tantos de pillar a Romel Fernández. Poca broma.

El gol arrumbó al Tenerife a su medio campo en lo que terminaba de entregar la posesión al Eibar y perdía el medio juego. A poco fueron asomando las dudas de Jorge Moreno cuando lo encaraba Adu Ares y en una vuelta que le pilló reculando de espaldas se mezclaron la brillantez de los armeros oliendo la sangre y la tibieza en la respuesta del mismo Moreno, de Viereck al corte y de León ante el remate de Bautista.

Con las tablas y otro partido por jugarse, el Tenerife tuvo el mérito de mantenerse de pie y cambiar de registro —aprovechando la segunda jugada tras un córner— para volver a colocarse en ventaja con el gol de Jesús Álvarez, un tanto de mérito enganchando con la pierna débil un remate esquinado, con un punto de fortuna al tomar rumbo entre los palos rechazado levemente en un rival.

De regreso de la pausa, el Eibar reveló la incapacidad del Tenerife para permitir remates en su área y finalizaciones más lejanas, media docena en la suma y sendos en esta fase de Adu Ares y Cubero, un tiro lejano bien blocado por Dani. Todo hasta que Cervera comenzó a mover fichas, primero Chapela y luego —a pares— Pecar y Fabricio y Baba junto a Krdzalic.

Con Chapela renunció el técnico a los extremos naturales y buscó más la propiedad del balón que el desborde en velocidad. Andando casi la media hora de segundo acto, completó un dibujo más asociativo con Pecar como un falso nueve, Krdzalic por delante de los medios y Baba tirado a la banda izquierda, en un estreno insípido con el problema ya conocido para armarse control al pie de lo que le llega llovido.

El punto de excelencia —un destello esperanzador pendiente de que se repita— lo pusieron los atacantes balcánicos con la génesis y la fabricación del 1-3. Tras una recuperación de David —otra vez David—, Pecar armó una salida con sesenta metros limpios a la espalda del Éibar que mejoró Anes, antes para contribuir a la conducción y luego para caer casi pegado al córner derecho, desde el que puso un centro perfecto a la cabeza de Chapela, sin marca que lo encimara y el portero vencido. Como lo de Gallego y Nacho Gil al comienzo, el mérito fue más coral que individual.

En lo demás, la renta ampliada descubrió por dónde querrá negociar el Tenerife partidos en ventaja frente a equipos mejor dotados que traten de encerrarlo. Más que extremos que desborden, presión con el equipo mordiendo en el último tercio y juego a la corta entre Jesús Álvarez, los volantes y el punta. En esa clave, se le adivinaron este domingo automatismos nunca vistos con Cervera que darían sentido —ampliado las variantes para llegar al gol— al talento llegado de esos mercados desconocidos. Entre tanto, paciencia. Y cuanto menos susurradores alrededor, mejor.

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