Elvira, que tendrá 25 años en la emergencia climática
Debería escribir sobre los incendios gigantes del centro de la península con decenas de miles de personas desplazadas, el fuego descontrolado en Castelló, y los incendios nunca vistos en el sur de Francia con más de 220.000 evacuados… Pero este fin de semana ha cumplido quince años mi hija menor, Elvira, y son días felices, dejadme que aparque un rato las malas noticias.
Tampoco esperéis que hable de cómo 2026 es ya el verano más cálido desde que existen registros en 35 provincias españolas, con 114 récords de temperatura batidos, 33 de ellos en capitales de provincia, mientras se anuncia la que será cuarta ola de calor del verano. Otro día hablamos de la crisis climática, venga, que ahora estamos de celebración familiar, no todos los días tu hija cumple quince, una edad hermosa y con todo el futuro por delante.
Ah, el futuro. Cuando pienso en el de mis hijas, me viene a la cabeza el título de aquella deliciosa película de Alain Tanner, hoy bastante olvidada como buena parte del cine político de los setenta: Jonás, que tendrá 25 años en el año 2000, coescrita con John Berger. Recuerdo que la vi precisamente en el año 2000, cuando era yo el que tenía los 25 años de Jonás, y esa circunstancia biográfica le añadió significados a una película que no los necesita, pues vale por sí misma: una historia sobre desencantos revolucionarios (los de la generación del 68) y protagonizada por perdedores, pero hecha con tanto humor, ternura, emoción e ingenuidad (siempre mejor que el cinismo habitual), que acaba siendo un ejercicio de libertad, desobediencia y ganas de vivir.
La película es de 1976, y entonces el 2000 era un futuro lejano e inimaginable, la fecha en que se ambientaba el cine de ciencia ficción. Los padres de Jonás se lamían las heridas de la revolución que no fue, pero a su hijo le esperaba un futuro promisorio. Yo soy de la generación de Jonás, y pienso en cómo mis padres, en plena Transición (que como el 68 tuvo su dosis de desencanto), también verían mi futuro con optimismo.
¿Y el futuro de Elvira? A mi hija le tocó nacer en 2011, en lo peor de la crisis económica y social, y también en pleno sarpullido rebelde de aquel 15-M del que ya ni nos acordamos. Mi Elvira cumplirá 25 años no en un 2000 de ciencia ficción, sino en un 2036 que hoy nos avanzan en clave distópica: los titulares de estos días insisten en que “el verano del futuro ya está aquí”, “un aviso para el futuro”, “la ola de calor que muestra el futuro climático de Europa”, la posibilidad de que en pocos años sea normal alcanzar los 50 grados, y que estos que ahora vemos sean “los incendios que nos esperan”, “la era de los superincendios”.
Así es como madres y padres vemos crecer a nuestros hijos, en plena crisis climática que va tomando forma de emergencia climática: sin nadie al volante, sin planes para enfrentarla, sin casi tiempo para intentarlo, sin siquiera aprender la lección de un verano para el siguiente (lo mismo en prevención de incendios que en climatización de escuelas), con el gobierno pidiendo un Pacto de Estado para el que ya vamos tarde, con el negacionismo climático ganando terreno y no solo en la ultraderecha. Y pese a todo, intentando no perder la esperanza. Ánimo.