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Opinión - 'La encerrona perfecta', por Rosa María Artal

La encerrona perfecta

3 de julio de 2026 21:34 h

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Uno, tras otro, se suceden los impactos a las bases del sistema. La entrega de Andalucía -también- a la extrema derecha de Vox lo es. Y muy parecidas, una serie de coincidencias judiciales que hacen tambalear aún más la confianza ciudadana en la justicia. El digno, moderado y casi siempre sonriente Moreno Bonilla se ha convertido, pese a sus protestas anteriores, en el dirigente popular que más cede a las exigencias de Vox para poder formar gobierno. La ultraderecha accede a la vicepresidencia y controlará, a su modo el turismo, la justicia y la administración local. El PP de Moreno acepta la anticonstitucional “prioridad nacional” y el negacionismo climático -cuando arde España de calor y especialmente en Andalucía-. Perseguirá a los niños a los que llaman MENA y cede en la derogación de la Ley de Memoria Histórica, dado que los fascistas no gustan remover las aguas de sus ancestros. No nos engañemos, son los andaluces los responsables últimos, porque ha sido su voto el que ha propiciado este previsible escenario. ¿Seguro que es esto lo que querían para ellos y sus hijos? Mediatizados están -en el sentido más exacto de la palabra- como todos los españoles que se dejan hacer.

A Ayuso no le hace falta coaligarse con la ultraderecha, ella es la auténtica líder de esa ideología en España, con el sesgo trumpista de la actualidad. Ahora, la presidenta del protocolo de la vergüenza, que dejó sin asistencia médica a los 7291 ancianos enfermos de COVID que murieron en las residencias a su cargo, ha aprobado “una medida muy bonita”, dice: dotar de derechos al concebido no nacido. Una nueva treta de la ultraderecha internacional para impedir el derecho al aborto y hacerse con una serie de privilegios por el camino. Ayuso afirma que hay que proteger la vida desde el primer suspiro. Las células embrionarias carecen de pulmones en los primeros meses y desde luego no respiran, ni suspiran, hasta que, constituidos ya en un bebé, salen al aire libre desde el vientre materno. Supera tanta imbecilidad para justificar encima otra medida involucionista.

En Murcia, 12 municipios se han apuntado a prohibir que las personas con VIH sean taxistas, según investiga el Defensor del Pueblo. Otra medida en la misma dirección de esa búsqueda de la pureza racial fascista que estigmatiza hasta la enfermedad. Tan oscurantista e ignorante como para creer a estas alturas que el VIH se contagia por ir sentado en un vehículo.

Si a este país, así, le unimos la corrupción sistémica que nos asola se queda un panorama preocupante. Una tragedia para esta sociedad que la ha soportado durante... siglos. En la actualidad, sin justificar en lo más mínimo a nadie que la practique, se constata que por mucho que sea el ruido es el PP quien lidera esa plaga, de forma intensa y prolongada, además. Se trata de un partido intrínsecamente corrupto según avalan los datos de su larga historia en este campo. Pero mire usted que, como dijo su incansable mandamás, los que pueden hacer, hacen; y estos días nos hemos topado con unas sentencias judiciales de dejar boquiabiertos. Igual alguna tiene algo que ver.

Una jueza archiva el caso de Miguel Ángel Rodríguez, el jefe de gabinete de Ayuso por divulgar la identidad y datos personales de dos periodistas de El País que buscaban información en los aledaños de la doble vivienda donde habita la presidenta con su novio. El mismo caso por el que, precisamente, la pareja de Ayuso consiguió la condena y expulsión del fiscal general García Ortiz, sin pruebas, y sí testimonios en contrario. Aquel tribunal, el Supremo del Estado español, no solo avaló ese procedimiento, sino que Rodríguez mienta hasta en sede judicial. Esta jueza de Madrid autoriza también, con su resolución, que la mano derecha de Ayuso acose a periodistas en su línea ya explicitada de “os vamos a triturar, vais a tener que cerrar”. Y todo esto es un sapo demasiado repugnante para engullirlo, pero ahí está. Un regalo del sistema judicial vigente en nuestro país.

Igual que la condena por la Kitchen de Francisco Granados, lugarteniente de Aguirre, a solo dos años y medio de cárcel -que probablemente le evitará cárcel según la corriente actual para ciertas personas-. Un millón de euros de origen desconocido en el altillo, adjudicaciones fraudulentas de colegios ¡de colegios! a 900.000 euros la pieza, celebraciones de los pelotazos con monterías de caza y volquetes de putas, como dijo textualmente. A Ábalos le han caído 24 años y ni siquiera le han encontrado el dinero del que presuntamente se benefició.

Y ni palabra del Consejo del Poder Judicial. Y, puestos a invocar la cordura por el peligro que nos acecha, ni del jefe del Estado a quien compete, casi como única misión fuera de su función representativa, salvaguardar el “funcionamiento regular de las instituciones”. Y serán estos calores, pero la “sensación térmica” de la disfunción en casos concretos nos arde en la cara.

Este sábado, 4 de julio, es el Día del Orgullo, de aquel que fue pionero en España con gran valentía. Apellidado entonces Gay, ha terminado añadiendo letras, conceptos, a sus siglas para disgusto hasta del expresidente del PSOE Felipe González. Malos tiempos también para la diversidad sexual dentro de esa constante regresión de derechos y libertades que no debemos consentir.

Grandes fastos en cambio este sábado también para celebrar los 250 años de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Incluso Ayuso quiere organizar algo para ver si Trump se fija en ella. Y ella en él, más aún. El magnate se ha forrado en su segunda presidencia. Se espantan en los medios más influyentes de su país de ese obsceno enriquecimiento que no tiene antecedente alguno. De que se lo consientan a un presidente aún menos.

Es el signo de los tiempos -en maniobra calculada que millones de seres se tragan como si fuera un zumo vitamínico-. Una carambola tan precisa que parece una encerrona, en EEUU, en la España que se fascistiza también amparando las trampas. Todo es el mismo fraude. En “América” desde el principio. Mientras los principios fundacionales hablaban de igualdad y libertades, la mayoría de los firmantes de la histórica Declaración eran dueños de esclavos sin derechos. Incluso el principal autor de la Declaración Thomas Jefferson. Y las mujeres, declaradas supuestamente “iguales”, no lograron el voto hasta 1920, después de siglo y medio de activismo. Es cierto que, como se destaca más, por fin, las ideas sí triunfaron a pesar de la incoherencia o la hipocresía de sus autores. Eran ilusionantes, estas sí: Proclamaban “el derecho universal a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Incluso inspiraron la Revolución francesa, origen de las democracias liberales que hemos venido disfrutando, tan en riesgo ahora. Siquiera esas, las peras del olmo están mucho más inaccesibles.

Una frase del manifiesto que firmó el sociólogo de la Nueva Izquierda estadounidense, Todd Gitlin , que tiene la clave. “Ha llegado la hora de reducir la discrepancia entre la nación que amamos y la justicia que también amamos”. Esa discrepancia, aquí, está destruyendo a ambos contendientes, poco amor a España y a su justicia puerde darse en estas condiciones. El resultado es una maltrecha democracia. No cuesta tanto verlo. Al contrario. Se muestra con tal crudeza que lo raro es ver cómo se engulle sin ver esta encerrona llena de claraboyas y alertas. Escala la España de la desigualdad, de una “pureza” de suciedad excluyente, idealizada a niveles de lo que nunca existió, ni podrá ser. Llena de caspa y trampas. En la que se quiere el triunfo de los más corruptos, amparado por la tibieza de quienes podrían tener la llave de la solución.