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Español es quien vota a la derecha

30 de junio de 2026 21:57 h

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El nacionalismo español (que existe, aunque apenas se le nombre y parezca que solo hay nacionalismos periféricos) ha manejado desde siempre una idea muy restringida de lo que es ser español: nacido en España, blanco (hasta que viajas por Europa y descubres que no eres tan “blanco”), castellanohablante, católico, heterosexual. Cada una de esas categorías ha implicado violencia a lo largo de nuestra historia, desde las persecuciones religiosas y expulsiones de siglos atrás, a las más recientes conquistas de libertades y derechos sociales que la derecha ha rechazado y retrasado y recurrido a los tribunales, pasando por la imposición de un relato histórico nacionalcatólico (que dejaba fuera a los españoles musulmanes y judíos, tan españoles como los cristianos) y castellanocéntrico (contra los otros nacionalismos peninsulares), además de la xenofobia contra los migrantes.

Esa visión estrecha y restringida de lo que es ser español-español, incluye por supuesto ser de derechas. El franquismo persiguió a republicanos, comunistas, socialistas y cualquier ideología que no fuese la nacionalcatólica, bajo la acusación de ser la “antiespaña”, los malos españoles. Y aunque algo hemos avanzado en democracia, la derecha y la ultraderecha española siguen teniendo pulsiones “imperiales”: ya admiten (a regañadientes) a españoles de otras creencias religiosas, lenguas maternas o tendencias sexuales, pero todavía se resisten a considerar de los nuestros a quienes han nacido fuera (y a sus descendientes ya nacidos en España). Y por lo visto, también a quienes no son de derecha.

Andan muy preocupados PP y Vox con que los nuevos españoles sean de izquierda y no les voten. Aparte de su estrategia trumpista para rechazar cualquier resultado electoral que no sea su victoria en las próximas generales (y que incluye lanzar sospechas sobre el voto por correo o el recuento), derecha y ultraderecha temen que se incorporen al censo electoral unos españoles poco españoles, menos españoles o malos españoles: es decir, que no les voten. Hace unos meses ya hicieron correr el bulo de que la regularización de migrantes era una forma de alterar el censo en futuras elecciones a favor de la izquierda, y ahora vuelven a la carga con la ley de memoria democrática, que da la nacionalidad a descendientes de exiliados del franquismo (es decir, descendientes de malos españoles, ya traen el pecado original).

Los hechos demuestran que, llegado el momento, la “ingeniería electoral” no les perjudica, al contrario: los votantes del exterior suelen favorecer a la derecha, de la misma forma que en todos los países las segundas generaciones de migrantes se vuelven más conservadores, pero da igual. Como ha dicho Díaz Ayuso, no se le puede dar la nacionalidad “a quien no la merece”.