Decíamos ayer: acoso o sumisión, elijan. Así opera la Bullyingpolitik del nuevo desorden mundial construido mediante la estrategia del caos por Donald Trump. El más fuerte toma lo que necesita cuando le conviene, el mundo es una inagotable oportunidad de negocio y ya no hay socios, sólo competidores y suministradores de materias primas y mano de obra baratas.
En el mundo gobernado por la Bullyingpolitik la diferencia la marcan aquellos que están dispuestos a utilizar la fuerza sin pedir perdón, frente a aquellos que no quieren utilizarla. Aquí también hay que elegir. Era la ventaja que incluía la Realpolitik: que las decisiones ya venían tomadas y resultaba muy terapéutico indignarse.
Entre sumisión y acoso, Europa debe elegir el acoso y debe elegir querer la diplomacia antes que la fuerza… hasta donde sea posible. Debe hacerlo porque los Estados Unidos ya no son un socio sino una amenaza y la administración Trump viene a por la Unión. Igual que Vladímir Putin vino a por la Unión al invadir Ucrania con similares argumentos. Ucrania era y es nuestra frontera. Ahora Groenlandia es también nuestra frontera.
No parece casualidad que las nuevas amenazas de aranceles resuenen justo el mismo día que la UE y Mercosur pactan crear el mayor mercado mundial al margen de la Casa Blanca y en plena operación “Venezuela y el Nobel para mí”. No se trata únicamente del petróleo, o las tierras raras, o la geoestrategia; se trata también de aniquilar la idea de Europa y los valores democráticos que representa.
Ya sabemos qué van a hacer ambos autócratas: no van a parar en su hostigamiento político, militar y económico. La cuestión central y urgente es qué vamos a hacer nosotros, los europeos; incluidos los españoles, siempre dispuestos a hablar de Europa como si fuera una potencia extranjera a la cual culpar de todos nuestros males; como si sus decisiones fueran cosa de todos menos nuestra; como si Europa la gobernasen los alemanes, o los franceses, o los griegos, o los polacos y nosotros sólo estuviéramos de oyentes y observadores internacionales.
Europa somos también nosotros. Cuando hablamos de la inacción o la falta de respuesta de Europa, estamos hablando también de nosotros y nuestra inacción y nuestra falta de respuesta.
Europa debe elegir resistir el acoso de Donald Trump y hacerlo por la vía de la política y la diplomacia mientras sea posible porque nuestra fuerza reside en el derecho internacional y es la que queremos utilizar. El gobierno de Pedro Sánchez apunta en la dirección correcta. Aunque ya deberíamos haber figurado en la lista de países europeos amenazados con los nuevos aranceles por acudir a Groenlandia. El tiempo de las consultas se ha acabado. Hay que ser solidarios ante el acoso.
España debe personarse con sus socios en Groenlandia liderando con su presencia la respuesta al acoso. Enviar un contingente reducido a unas maniobras no supone mandarlos a una guerra. Supone enviar una señal política y simbólica al potencial agresor: Dinamarca es nuestro socio y no vamos a dejarla tirada. Cualquier acto de agresión trumpista tendrá consecuencias y podría dejar a los USA sin socios y aliados estratégicos en todo el continente. Los equilibrios siempre son cosa de varios, no de uno.
Puede que a Donald Trump no le importe, pero sí que le importa a su administración, a su comunidad militar y de inteligencia o a una opinión pública que rechaza de manera muy mayoritaria tomar Groenlandia por la fuerza contra la voluntad de sus habitantes y más preocupada por las redadas con estética nazi de los ICE o el precio de los comestibles.
España debe también ponerse al frente del proceso de aceleración de la mutualización de la defensa europea y la creación de una fuerza militar común. Sea a dos, a tres o a cuatro velocidades. Hoy es Groenlandia. Mañana será Ucrania, o alguna república báltica, o Polonia, o las islas Feroe, o los derechos de uso y paso por nuestros cielos y aguas… Haber subido sin rechistar el gasto militar al cinco por ciento para la OTAN no ha librado a Dinamarca del acoso trumpista. Subir su gasto militar para un Ejército europeo sería otra historia.
Acoso o sumisión, elijan. Es la hora del europeísmo y las políticas y los líderes de Estado. Para la sumisión y el quintacolumnismo trumpista ya tenemos a Vox y a Santiago Abascal.