La historia avisa una y otra vez

15 de septiembre de 2026 22:00 h

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Sobrecoge ver cómo imágenes actuales se superponen con otras del pasado, dotadas de la fuerza que quizás antes no tuvieron. Es lunes cuando acabo de ver un pase del documental “La voz quebrada” sobre los últimos años, meses, de Federico García Lorca. Va al Festival de San Sebastián y se estrena en octubre, procuraré comentar solo la impresión recibida -muy potente- sin destripar lo que seguro se habrá de difundir en su momento tanto como merece.

Cinco años de trabajo ha llevado el documental, rescatando plano a plano imágenes, y testimonios nuevos, sobre todo el de la última pareja de Lorca, Juan Ramírez de Lucas. Remontados, consiguen que la historia parezca recién filmada bajo un guion, para contarlo mejor, pero hay más: la labor de autor del director Manuel Menchón imprime el relato de una belleza poética que deja más desnuda la realidad de lo ocurrido, más huérfanos a los españoles de bien, estos sí, que casi un siglo después no olvidan a Lorca. No solo al poeta de las metáforas fascinantes sino a un hombre comprometido con cuanto merece la pena: la democracia, la cultura, los valores, los demás. Ese es el hombre que está retratado. Con su voz, desde luego, la que no se echó atrás hasta que la quebraron. Admirado en medio mundo que no acertó a entender cómo aquella chusma fascista le segó la voz, a él y a tantos otros. 

Y ahí están otra vez. Lo terrible es verlos aparecer de nuevo con nitidez, inequívocamente. Aquí y en buena parte del mundo con su irracionalidad, intransigencia, con sus imposiciones y violencia, creciendo entre gentes que se niegan a creer que esté pasando lo que sí está pasando. Está pasando. Están aquí de nuevo. Son los hijos y nietos del mismo fascismo. Ahora con redes, con IA, con menos cultura si cabe, con menos interés por tenerla.

Hay paralelismos estremecedores. La prensa conservadora de los años 30 también criticaba ferozmente las obras de Lorca. 'Yerma', por ejemplo. Y su afán de llevar el teatro, la cultura, por los pueblos con La Barraca. Algunas cabeceras siguen ahí, con parecidas intenciones. Eran cada vez más frecuentes los ataques ideológicos, a “socialistas, a invertidos -decían- o masones”· Con agresiones, como ya sucede ahora. Así se entiende mejor que los hijos y nietos de aquellos no quieran que voten como españoles los hijos y nietos de los que se fueron de España para salvar la vida. Trump intenta también restringir el voto. El estadounidense se dirige al que se emite por correo -aquí también sufrió el ataque de los bulos- la Corte Suprema le ha dicho que no, que es ilegal lo que quiere.

Los tiempos cambian, lo hacen algunas amenazas, pero la constante señala que los malvados triunfan cuando la sociedad se descuida. Y ahora no puede estar más distraída siguiendo cada día, a cada hora, el señuelo que se le brinda para mirar, quejarse, opinar. Quizás sea la principal diferencia con otras épocas, el mayor de los problemas: esos cerebros que logran homogeneizar y controlar al gusto de los poderosos. Hoy toca la Inteligencia Artificial. Hasta para eso les ayuda la IA, que alivia el “esfuerzo” de pensar y deducir por ellos mismos. Solo con ver el personal que la controla, sus dueños, ya es para echarse a temblar. Y al cretino mayor en el poder, al más corrupto con diferencia, Donald Trump, que no quiera la menor cortapisa. Es llamativo que revocara la Orden Ejecutiva de Biden el 20 de enero de 2025. Eliminó así todas las medidas de seguridad contra la IA en su primer día en el cargo. Ahora ofrece como explicación que basta un presidente tan inteligente como él al mando.

Y la UE. Ursula von der Leyen se examina de su gestión al frente de la Comisión Europea. Con ella ha entrado de pleno la ultraderecha en la Unión, entre otros fallos de tibieza y mala gestión. La UE está fallando. No nos faltaba más que ver cómo se esfuerzan en lavar a la ultraderecha, a la de AfD por supuesto. Mientras, el alemán con mayor cargo, Manfred Weber, presidente del PPE, anda apoyando al Partido Popular español para hacerse con el poder con la suciedad que sea precisa, que no suele ser poca.

Los retos son muchos, los peligros, y todos en la misma dirección. Porque esto no es un juego de 'me gustan' o 'no me gustan' por lo que dicen. O lo que gritan. O lo que promueven gritar. Tiene consecuencias. Las políticas del día a día que hacen trampas con servicios públicos de primera necesidad no son precisamente sociales. De ático en ático y de insulto en insulto, uno de los más grandes hospitales de Madrid, el Ramón y Cajal, ha sido descubierto alterando la gravedad de los pacientes para maquillar su lista de espera quirúrgica a espaldas de los cirujanos. Órdenes de dos responsables de gestión, siguiendo directrices de la Consejería de Sanidad en sus estándares de productividad, dicen, para cambiar informáticamente los diagnósticos. Esto parece especialmente punible, pero ya saben en toda España lo que pasa para la justicia con el PP de Madrid.

Me ha quedado grabada en ese lugar profundo donde anida lo importante, con sus interrogantes incluidos, “La voz quebrada” de García Lorca. Los pájaros, las luces, las sombras, las palabras, la tierra que siempre dijo amar y en la que le han dejado por décadas. Los rostros. Los de los fascistas ejecutores de la mayor tragedia vivida por este país.

Por eso, al toparme esta mañana con las declaraciones de una informadora a la que se rifa la bulosfera, adjunta al director de ABC ya, han terminado de encajar las impresiones. Con toda prudencia, dice, su opinión personal es que “existe una convicción profunda en el ámbito militar, en el ámbito de la justicia, en el ámbito de la fiscalía, de que este gobierno ahora mismo es un peligro democrático, es una amenaza para la democracia”. Evidentemente, debe referirse a la democracia orgánica como bautizó a su dictadura Franco, a la que añoran y desean volver. Y eso sí es un peligro. Como su “prudente” portavoz ante Losantos y esa cadena similar que ya parece sin fin. El gobierno al que fríen a lawfare, entre otros acosos, no debería seguir con su diplomático tragar y callar. Por la democracia, precisamente.

El franquismo asesinó a Lorca. No apagaron su voz, sin embargo. Tantas décadas después, Lorca vive y arrasa en 'La noche sin luna' de Juan Diego Botto y, sin duda lo hará, entre otros recuerdos, con esta voz quebrada que retrata su ser. No la apagaron. Lorca sigue vivo en cuanto fue. Pero ese consuelo, no basta. Están aquí. No se puede volver a dejarlos pasar.