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Esa “mano negra” que incendia y saquea

27 de octubre de 2026 22:30 h

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Los disturbios y saqueos de Barcelona y Bilbao son obra del pérfido Pedro Sánchez, que incendia las calles para perpetuarse en el poder. Que no, que ha sido la extrema izquierda ella solita, sin necesidad de Sánchez. No, los inmigrantes, que quieren destruir nuestra civilización. Ha sido la ultraderecha, que busca crear miedo para presentarse como garante de la ley y el orden. La policía, el Estado profundo, infiltrado para reventar la venidera huelga de vivienda. Rusia, para desestabilizar. Israel, para vengarse de Sánchez. Trump, porque es Trump. Las redes sociales, el algoritmo. Solo ha faltado echar la culpa a la Inteligencia Artificial, y no lo descartemos: un grupo de bots de IA que se ha escapado del control de sus programadores, y extiende el caos como primer paso para dominar a la humanidad y luego exterminarnos.

Puede que bajo el pasamontañas se esconda alguno de los anteriores, incluso varios de los nombrados, actuando a la vez y con objetivos contrapuestos. También puede ser que no haya sido ninguno de ellos, ni ningún otro “autor intelectual”: que la respuesta sea más sencilla y no haga falta una “mano negra” para que unos pocos adolescentes quemen coches y roben zapatillas y móviles. Sin coartada política ni lucha antisistema, podrían haber hecho lo mismo tras un partido de fútbol, en unas fiestas populares, al final de una manifestación o en mitad de una huelga. Ha pasado otras veces.

He nombrado a la “mano negra” con toda intención, rememorando aquella organización fantasmal que recorrió el campo andaluz a finales del XIX y sirvió para reprimir el anarquismo en pleno conflicto de clase. Es un clásico en la historia de las luchas sociales: estallidos periódicos de violencia de autoría dudosa, que solo sirven para asustar, criminalizar y reprimir. Desde aquella “Mano Negra” que nunca se terminó de resolver, son muchos los pasamontañas sospechosos. No extrañe que surjan en tiempos conspiranoides como estos.

Sea quien sea el instigador, no hay organización ni cerebro criminal que valga si no hay alguien dispuesto a seguir el llamamiento. En el siglo XIX eran el hambre y la injusticia en el campo; hoy no sabemos qué motiva a que decenas de adolescentes de Barcelona o Bilbao, como antes los de Francia amparados en las protestas estudiantiles, se arriesguen a ser detenidos y sus familias multadas, a cambio del placer efímero del destrozo callejero, la adrenalina de la guerrilla urbana, unos selfies y vídeos heroicos, y la ganancia puntual de una mercancía tan deseada como prohibitiva para ellos.

No sé si llegaremos a conocer al responsable último del llamamiento y su difusión en redes, si es que hay alguien detrás o todo es improvisación, rabia, nihilismo (nos encanta pronunciar esa palabra hablando de jóvenes violentos), desorientación juvenil o mero afán de pillaje. Lo que sí es transparente es la marrullería con que los habituales intentan sacar tajada política de cualquier cosa, también con esto. Y no cuela, por mucho que se encapuchen con argumentarios.