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Una ofensiva articulada y muy peligrosa del PP

30 de abril de 2026 22:09 h

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Es para empezar a estar preocupado. La ofensiva del PP para forzar a Pedro Sánchez a convocar elecciones está tomando nuevas formas y, como se temía desde hace tiempo, la acción de algunos jueces tiene un papel protagonista en la fase que ahora empieza. Pero que va a continuar y seguramente con fuerza renovada.

El acoso del ultraderechista Vito Quiles a la esposa del presidente del Gobierno, es algo más que una anécdota en este contexto. Porque ha mostrado sin paliativos la vulnerabilidad de Begoña Gómez -¿dónde estaban sus escoltas?, ¿o es que no los tiene para evitar nuevas críticas de la derecha?-. Porque hace temer que este tipo de acciones se puedan repetir en el futuro. “Apreteu, que esto funciona”, ha dicho por si había dudas de ello el ultraderechista, al que varias fuentes atribuyen vinculaciones directas con el PP, incluso que ha sido financiado por el partido de Núñez Feijóo.

El hecho de que el propio presidente del PP haya evitado cualquier crítica a Quiles y, por el contrario, haya aprovechado el incidente para golpear de nuevo a Pedro Sánchez sugiere incluso que el ultraderechista podría haber consultado la oportunidad de su iniciativa con algún exponente de ese partido. Deteriorar la imagen de Begoña Gómez -y una persona acosada, véase ultrajada, es una persona debilitada- puede ser un factor no despreciable cuando el juez Peinado está a punto de dar pasos decisivos en el proceso que tenazmente y en contra de muchos indicios racionales ha emprendido contra ella.

Más de un periódico ha recogido en los últimos tiempos opiniones de exponentes del PP, por supuesto anónimas, según los cuales el que su esposa termine en el banquillo de un juicio oral sería insoportable para Sánchez y motivaría la convocatoria de elecciones. Hace ya más de un año también se vino a saber que el propio juez Peinado había alardeado delante de gente próxima que sería él quien acabara con el gobierno socialista.

El acoso a Begoña Gómez llega justo el día después de que se haya producido otro hito en esta última ofensiva de la derecha. La deposición de Víctor Aldama ante el tribunal que le juzga, junto con el exministro Ábalos y su ex asesor Koldo García, por el llamado proceso de las mascarillas ha sido, en efecto, un ataque directo y sin concesiones a Pedro Sánchez. Al que Aldama ha acusado sin ambages de ser el jefe de esa trama y, además, de que una buena parte de los fondos obtenidos ilegalmente se destinaron a financiar al PSOE.

Todo ello con la desfachatez de no aportar una sola prueba de sus acusaciones y con la connivencia de hecho del tribunal -presidido por el mismo magistrado que condenó al fiscal general del Estado por un delito inexistente.

¿Qué se pretende con una acción aparentemente tan ridícula, pues si Aldama no proporcionó prueba alguna el miércoles es prácticamente imposible que lo haga más adelante? Pues algo tan sencillo como la de proporcionar a la prensa de derechas, cada vez más activa y militante, material y titulares para proclamar que Sánchez es un corrupto y que Ábalos y Koldo, además de ser personajes detestables, financiaban ilegalmente al PSOE. Aldama ha hecho un buen trabajo. A ver como lo recompensan.

Otro juicio, el del caso Kitchen, ha venido a aportar otros elementos para configurar la acción política del PP. Aparte de para valorar la catadura moral de algunos de sus dirigentes históricos, que inevitablemente no puede ser muy distinta de la de los actuales.

Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal, Soraya Saéz de Santamaría y Javier Arenas hicieron el ridículo ante la sala que les preguntaba en torno a las responsabilidades del último gobierno del PP en la trama parapolicial que las máximas instancias del partido y del gabinete organizaron para desactivar al traidor Bárcenas, que se había puesto a contar la enorme corrupción que se producía en el nivel más alto del partido, con los citados nombres a la cabeza.

Lo destacable no es que esos dirigentes no reconocieran su papel en esos hechos, lo cual es una actitud bastante habitual en los delincuentes. Sino que lo hicieran de una forma tan escandalosamente despreciativa con la justicia y, en definitiva, con los ciudadanos. Y todo ello sin que ningún miembro del tribunal osara reprocharles su indignante comportamiento ni les exigiera concreción en sus respuestas. Particularmente la presidenta del tribunal, que les toleró todo mientras que se mostró impertinentemente exigente con la abogada de la acusación socialista.

A la vista de esos comportamientos y de otros similares en los últimos tiempos, los socialistas no deberían ser muy optimistas con respecto a la actitud que hacia ellos tendrán buen parte de los jueces que intervendrán en las causas abiertas contra ellos. El sector de la judicatura amigo del PP, que no es pequeño, es una pieza importante de la estrategia de la ofensiva lanzada contra el Gobierno y particularmente contra su líder. Una vez más solo cabe confiar en la capacidad de resistencia de estos. Y que los Vito Quiles se limiten a acosar, por muy horroroso que sea eso.