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A los pies de los caballos

4 de noviembre de 2026 00:18 h

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Nuestro mayor problema hoy es el sustrato en el que crecen de alguna forma todos los demás. Quién nos iba a decir que la irracionalidad fascista iba a regresar, casi un siglo después de la primera vez, y aprobada entre otros por estúpidos solemnes, piezas útiles a usar a su favor por desaprensivos. La corriente más funesta de la historia -cuesta hasta llamarla ideología- con su carga de odio, autoritarismo, desigualdad, mentira. Si Hitler basó toda su estrategia en la propaganda, estos tiempos de mensajes infinitos y manipulación masiva no han podido lograr mejor aliada. “Empoderados” además por la posibilidad de entrar en las redes y denigrar hasta al Lucero del Alba (si por allí anduviese) o discutirle sus teorías al mismísimo Darwin.

Tiempos de convencer por la fuerza, por la violencia del insulto, como marca de la casa. La derecha española y sus medios afines se han especializado en esa forma de agresión para lograr el poder. Y cualquier persona honesta y razonable debería cuestionarse en primer lugar si gentuza de ese calibre puede ser fiable para ocuparse de lo fundamental en un país. Aún no han llegado al Gobierno y dándolo por hecho con notable soberbia, hablando con el “mi” posesivo del gobierno de todos, ha osado el candidato Feijóo pedir a los sindicatos que desconvoquen la huelga del día 11 porque la considera inoportuna, mientras su socio Abascal amenaza con un “tomaremos nota”.  

Aunque otros políticos han sufrido los rigores de esta sucia estrategia -Pablo Iglesias e Irene Montero, sin duda- en el caso de Pedro Sánchez se ataca también a la persona, y además al Gobierno para hacerlo caer, y según estamos viendo con el objetivo de cambiar el modelo de sociedad.

Por partes: nuestro querido colega José María Izquierdo publica un libro con los 300 insultos más feroces a Pedro Sánchez. Y son de tal calibre, por lo que constatamos y hemos ido viendo además a través del tiempo, que una imagina a sus autores, sentados en un cubil, podridos de odio, arrancando de sus vísceras lo peor que puedan decir de un ser humano. Todos ellos han sido publicados en medios de comunicación que cuentan con una dirección y jefes de las distintas secciones, además de los propietarios de la empresa en el caso de los privados. Sé que han podido leer algunas frases aquí, pero no me resisto a destacar e incluso comentar someramente algunas por su importancia en el contexto que tratamos.

“El Perro Sanxe, perro sin amo a su decir, profirió un ladrillo de indudable utilidad para los que retratan a diario a un tipo tan despreciable, inmoral e indecente como el presidente del rebaño”. Carlos Herrera, Abc.

“Los rasgos de la personalidad del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se han tratado de catalogar como los propios de una patología psicótica y narcisista y que explicarían conductas en las que no se detectan síntomas de cautela, prudencia, incluso, de pudor”. José Antonio Zarzalejos, El Confidencial.

En ambos casos se trata de gente muy quemada por revisiones de Hacienda a la que defraudaron y tuvieron que pagar con recargos y multa añadida.

“Al lado del golpe permanente que Sánchez y su ralea de indeseables están sometiendo a España, el del 23 de febrero de 1981 fue una asonada de opereta bufa”. Carlos Dávila, The Objective. Este fue un tipo que cuando ganó Zapatero las elecciones de 2004 en circunstancias que todos sabemos, mandó a negro el programa de RNE que dirigía y se fue del estudio en mitad del programa.

Uno de los más activos es Eduardo Inda, el sujeto que dirige esa cosa suya en la que se paga a abogados de delincuentes y se mandan matones a directores de medios informativos. “Sánchez, moralmente eres igual o peor que los etarras que liberas, ya solo te queda Txapote”, dice entre otros vituperios diarios. Y tampoco hay que darle más cancha de la que tiene.

“Prenderle fuego, antes de guardar el trigo en el granero y poner a Pedro y a su banda ante los jueces y, si fuera declarado culpable, en la cárcel. Sería una recompensa verle gemir, acurrucado en un extremo del banquillo como hemos visto a Begoña ante el juez Peinado, incluso llorando como Ceaucescu ante el pelotón de fusilamiento”. Jesús Cacho, Vozpópuli

Nunca tuvo respuesta una columna de Juan Manuel de Prada en ABC, la víspera de la visita de las autoridades a Paiporta en los días de la dana, que denunciamos alarmados algunos periodistas, nuestro inolvidable Carlos Hernández por ejemplo. De Prada llamó “a ahorcar y descuartizar al gobierno, exponiendo sus despojos en la plaza pública para que sean carnaza de las moscas y las aves carroñeras”. Y sigue publicando su basura en ese medio.

“Cabe respaldar -dice un afamado periodista que tanto tiene que callar-, que, en efecto, al menos el concejal Pedro Sánchez fue ‘partícipe a título lucrativo’ de la prostitución. Y en un doble sentido: por lo que hacía su suegro y por lo que hacía su mujer”. Pedro J. Ramírez, El Español.

Tremendo -también- el primer director de El País, Juan Luis Cebrián, expulsado finalmente por contravenir en ese momento la línea editorial con sus continuos insultos. Esto lo publicó en el nuevo refugio de todos ellos, The Objective, al que llama “el Begoño que nos desgobierna: ”desde el triunfo de la democracia española en 1978, el gobernante que más ha dividido a los españoles y destruido la convivencia ciudadana es Pedro Enamorado (enamorado de sí mismo como tantos otros pendejos) (…) Sus más recientes bravatas definen su deslealtad a la convivencia ciudadana, su recurso a la violencia verbal en vez de al diálogo y a la búsqueda de soluciones para los conflictos que afligen a la ciudadanía. Ha logrado endemoniar a la sociedad promoviendo un ambiente guerracivilista propio de la peor tradición de su partido, responsable en no pequeña medida del desastre que nos condujo a una guerra cruel y fratricida“. No le falta ni el revisionismo histórico.

Lista interminable casi. De quienes, como Goebbels, el ideólogo del nazismo, saben acusar a otros de lo que son exactamente sus propias conductas. Tan textualmente de hecho que impresiona. Porque son los enamorados de sí mismos, que han logrado endemoniar y dividir a la sociedad. Tanto al menos como esa cuadrilla de políticos de la derecha-ultraderecha a quienes oímos espeluznados unas atribuciones a sus enemigos que deberían acabar en un juzgado y en una condena. Asesino, criminal... desde la ultraderecha paradójicamente. Nunca hemos entendido que no haya respondido el gobierno con contundencia a esta repugnante guerra, pero quizás si pensamos en cómo funciona la justicia lo entenderemos mejor. No es excusa, sin embargo, porque es inadmisible como concepto en un país democrático.

Este clima influye en muchos ciudadanos que se convierte así en más vulnerables. Enfado, cansancio y miedo son las sensaciones dominantes de la sociedad española, según Metroscopia, a causa de vivir en esta violencia política de la derecha, mal llamado polarización.

Nadie ha hablado en esos términos ni del Aznar de la guerra de Irak, del 11M, del Yak42, etc. Ni del Rajoy de las cloacas policiales, la Hacienda pública “privatizando” servicios de Montoro y según se denuncia cambiando leyes del Estado a petición de sus clientes y previo cobro. Una lista sin fin. Pero da que pensar, reflexionar y obrar en consecuencia, siquiera votando. Estas cosas conviene verlas en perspectiva. Porque para postre está Feijóo, un acreditado mentiroso compulsivo sin escrúpulos, que osa decir este mismo lunes viendo “la, según él, actitud ruin del Gobierno en la tragedia de Urda: ”Dudo que sean buena gente“. Él no lo es, probadamente.

Entregar, derrotados, el gobierno a este movimiento poblado de seres deleznables, brutales, que venderían a su madre por dinero y poder, y que quieren coronar a Feijóo y Abascal como jefes o administradores de la empresa, sería un suicidio para esta sociedad. Pero, tras el accidente de los trenes en Toledo, en el mismo año que Adamuz, hasta escribidores más serios se han apuntado a ese objetivo, sin que recordemos hicieran algo similar con el de Angrois del que ya hemos hablado sobradamente. Pero es que ni siquiera es eso, un país no puede vivir con ese germen ponzoñoso que anida en las vísceras de esa derecha especialmente corrupta. 

Quizás si Trump empieza a caer y con él todos los oligarcas de las tecnologías que le nutren y dirigen para forrarse cambie el signo de los tiempos, pero de momento el problema urgente y máximo que afrontar es conseguir que esa gente tramposa al límite no llegue a hacerse con todo el poder, con más poder aún del que ya tienen bajo mano y a la vista. Nos quieren a los pies de los caballos del fascismo, de los recortes sociales que no dejan de nombrar salivando al creer que se van a hacer con ellos. Y habría de ser al revés, mejor enderezar a esos indigentes morales en el más oscuro ostracismo político.