Una vieja broma entre feministas dice que si tienes la desgracia de encontrarte en un avión en llamas a punto de estrellarse, por encima de las plegarias, los gritos de auxilio y las declaraciones de amor, destacaría la pregunta de algún señoro: ¿Dónde están las feministas cuando se las necesita? Es un reproche meme, expelido en cualquier ocasión que los machistas consideren digna del feminismo auténtico, el de verdad, no del feminismo de todos los días, propio de Charos feas y solteras y zurdos caviar. Usado como arma arrojadiza contra progres y feminazis y nunca en apoyo de la causa que dicen defender, ese “¿Dónde están las feministas?” opera en nuestras vidas como un detector claro de machistas con la profundidad de pensamiento de un charco. Aquí van, ordenadas dentro de lo posible, mis reflexiones al respecto:
1. El feminismo, mejor lejano y exótico. (Y a ser posible, que combine con la islamofobia y el antisanchismo).
El mantra del verdadero feminismo se ha vuelto a repetir estos días con ocasión de las protestas en Irán, una causa justa y con difícil solución para una sociedad muy diversa y muy compleja, con parte de la población oprimida y condenada a la pobreza por el régimen islámico de los ayatolás. Ojalá Irán encuentre una salida al laberinto en el que se encuentra, pero de nuevo su lucha, y especialmente la de sus mujeres, es usada en clave local para arrear al gobierno de Sánchez y a las feministas españolas. Ni que decir tiene que casi todo el mundo habla por hablar de Irán, alternando esta cháchara con cháchara sobre Venezuela. El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, publicó un tuit que revelaba que desconocía hasta el origen de las actuales protestas en Irán. A diferencia de las que estallaron en septiembre de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, detenida y asesinada por llevar mal el velo, estas manifestaciones se iniciaron en los callejones del Gran Bazar de Teherán por los altos precios y la devaluación del rial —cuyo valor se encuentra en mínimos históricos—. Este detalle no importa a los que encontraron ocasión para insultar a las feministas patrias un tuit después de haber insultado a los zurdos patrios por Venezuela. Lo cierto es que algunos solo toleran el feminismo si no tienen que convivir con las feministas. Por eso les encantan las feministas de “desiertos remotos y montañas lejanas” y no las que te puedes encontrar en la máquina de café, el consejo de dirección de la empresa o la cena familiar. Si además puedes combinar este tipo de feminismo lejano y no molesto con su pizca de islamofobia y su chorizo de antisanchismo, miel sobre hojuelas.
2. Las mujeres y la resistencia progresista.
Lo cierto es que a las feministas españolas sí nos interesan las mujeres iraníes. Por solidaridad y porque en esencia batallamos por lo mismo. Sabemos que el mayor y más estrepitoso fracaso que experimentan todos los fanatismos, incluido el islámico, viene de la fuerza de las mujeres, que arrastran fuera de la caverna a la sociedad que las acompaña. La mujer iraní está, contra lo que cabría esperar de un país islámico, altamente formada: el 59% de las mujeres en Irán poseen titulación universitaria y su participación en las carreras de STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) es del 70% de todos los graduados en estas disciplinas. Esta formación superior que se les permite no se materializa en su entrada al mercado laboral debido a las condiciones del país, en el que en estos momentos escasea hasta el agua potable. Pero como ocurre en Occidente, tienen más éxito en la formación que sus compañeros masculinos y luchan por lo mismo que el resto de las mujeres en cualquier rincón del mundo: la independencia económica, la libertad de decisión sobre el propio cuerpo, la igualdad.
Las mujeres son, somos, siempre y en cualquier país, las que mantienen la esperanza en el progreso y el rechazo al populismo. El feminismo es más necesario que nunca en cualquier lugar del planeta, aunque haya algunos que solo lo toleran si demuestras que te estás jugando la vida. Luchar contra la obligatoriedad del velo y la reducción de la brecha salarial por género son y serán siempre batallas de la misma guerra. Y las mujeres, por la posición que ocupamos en la sociedad, somos más reacias al populismo que crea enemigos imaginarios y consigue así histerizar a sus fieles. Nuestras batallas están pegadas a la realidad y lo cotidiano.
3. La mujer como objeto de deseo masculino y la romantización de la protesta.
Los mismos que aseguran que las verdaderas feministas son las iraníes, han convertido en viral una imagen (preciosa) de una chica encendiendo un cigarro con la foto ardiendo del ayatolá Jamenei. La imagen no está tomada en Irán, sino en Canadá, pero su indudable fuerza y belleza y la falta de reflexión de las redes sociales la han convertido en icono súbito de las protestas que suceden a miles de kilómetros. La realidad de las mujeres nunca es tan poética, estética y ordenada como la propaganda populista pretende. La foto de la chica del cigarro tiene la misma finalidad que las imágenes de mujeres tradicionales perfectamente maquilladas y vestidas preparando un pastel para sus tres hijos rubios: ser el objeto de deseo y la fantasía masculinas, ya sea en el hogar o luchando por la revolución. Al mismo tiempo y en el mismo mundo, los mismos que adoran a la chica persa del cigarro denigran a Renée Nicole Good, tiroteada en Minneapolis a plena luz del día por un agente del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) durante una redada en la zona. Renée era woke, de izquierdas, quizá lesbiana, seguramente feminazi. La falsa belleza de una insurgente en Irán (falsa porque no estaba en Irán) sobre la realidad de una madre estadounidense de tres hijos que lucha por sus vecinos inmigrantes.
Termino diciendo que viva la lucha de las mujeres iraníes. Viva la lucha de Renée Nicole Good. Viva la lucha de las mujeres que sostienen los pilares más dignos de un mundo testosterónico en el que hoy triunfa la ley del más fuerte. Porque ahí están las feministas.