Prueba de fuego para Péter el Húngaro
El titular no se refiere a un gentilicio, sino a la traducción al español del apellido del recién elegido primer ministro de Hungría que, con este nombre, parecía predestinado. No obstante, la gran promesa húngara está bajando como un suflé para Bruselas. La victoria de Péter Magyar en las elecciones legislativas de Hungría se resume en una incógnita que se despejará en la próxima reunión informal de líderes de la UE, cuando le pongan sobre la mesa el crédito de los 90.000 millones de euros para Ucrania bloqueados por su predecesor, Viktor Orbán.
En el discurso que siguió a su arrolladora victoria electoral, Magyar desveló los puntos claves de lo que será su mandato en el linde entre su valedora, la Unión Europea, y su amigo natural, Rusia, a la que le debe el suministro de la energía barata que aún le llega a Hungría. Es decir, que se ha desdicho de sus promesas electorales 24 horas después.
A las nimias concesiones a Bruselas -estudiar la entrada en la eurozona, garantizar la independencia judicial y adscribirse a la Fiscalía Europea- antepone los intereses del pueblo magiar, de los que su contrincante Viktor Orbán hacía gala: exclusión voluntaria de Hungría del préstamo de 90.000 millones para Ucrania -vale, que no lo bloqueará-, oposición a la vía exprés para la entrada de Ucrania en la Unión Europea, mantener la compra de recursos energéticos a Rusia y oposición total al Pacto de Inmigración. Estoy escribiéndolo y estoy escuchando a Orbán con sus alegatos incendiarios en Bruselas. “Que sí, que vamos a seguir comprando petróleo ruso”, aunque “si Putin me cogiera el teléfono, le pediría la paz”, respondía una y otra vez ante una cohorte de periodistas anonadados que no acertaban a creer que delante de ellos estaba Magyar y no su antecesor.
En el aire flotaban incandescentes los destellos de los 17.000 millones de euros congelados por Bruselas al hijo pródigo. También, y esto es lo que más duele, la multa del millón de euros diarios por no querer aceptar la cuota de inmigrantes ilegales que cruzan el mar Mediterráneo, salvando junglas y desiertos, agua y arena, jugándose la vida a su suerte. No, no quitará la valla que protege sus fronteras. No, Orbán no los quería. Y Magyar, tampoco.
Poco o nada dijo “el húngaro” sobre los derechos LGTBIQ… pese a sus amables discursos preelectorales. No, no está entre sus prioridades. Pese a que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le felicitó la victoria con una sentencia en la que declaraba que “la ley de Hungría que discrimina a las personas por su orientación sexual e identidad de género es contraria al acervo de la UE”.
Y el Parlamento Europeo le recordaba a Magyar este asunto pendiente y cada vez más prioritario para las políticas denominadas inclusivas de la UE: hay una “preocupación por las medidas discriminatorias adoptadas por los Estados con el pretexto de luchar contra la 'propaganda LGBT'”. Sobrevolaba sobre estas palabras la amenaza de aplicar a Hungría el Artículo 7 del Tratado de la Unión Europea, que suspende el derecho de veto y de voto a los países miembros díscolos.
Pero no es este el tema que imposta a Bruselas. De hecho, una delegación de alto nivel de la Comisión Europea celebró reuniones técnicas en Budapest con altos representantes del Gobierno húngaro entrante, tras los contactos entre la presidenta Von der Leyen y el primer ministro electo Magyar, con el compromiso de ambas partes para comenzar a trabajar en varios temas urgentes.
La urgencia venía determinada por el consejo Asuntos Exteriores celebrado esta semana, con la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania en el punto de mira, asunto en el que Bruselas y Budapest han tenido sentimientos encontrados.
Pero la prueba de fuego es la reunión informal de líderes de la Unión que se celebra a final de esta semana en Chipre. Y en la que Magyar deberá enseñar la patita, ya sea de lobo o de cordero. Como la información previa de la Presidencia chipriota solo dice que se hablarán de cuestiones políticas de actualidad, cabe esperar que caiga la espada de Damocles de los 90.000 millones de euros prometidos por la UE a Ucrania y bloqueados por Orbán desde diciembre del pasado año.
Magyar ha adelantado que no bloqueará esa ingente cantidad de dinero, pero que no está dispuesto -como Orbán- a rascarse el bolsillo, debido a las maltrechas arcas del Tesoro húngaro. Y que el dinero de los húngaros es para los húngaros, no obstante desearle a Zelensky toda la suerte del mundo en la defensa de su territorio y su soberanía nacional.
Y hasta aquí puedo hablar. Porque la versión 2.0 mejorada de Orbán está dando muchas sorpresas a los que contemplamos cómo la Europa nacionalista se está imponiendo frene a las llamadas al cambio hacia una estructura federal. Y tampoco Magyar va a necesitar plantar cara a sus amigos en Bruselas. En la cola están Eslovaquia, Chequia y, ahora, Bulgaria. Un nuevo frente de Visegrado, que nos va a hacer añorar a Orbán, se ha puesto en marcha. Al tiempo…