Unos salen a liarla y otros a sacar tajada
Alberto Núñez Feijóo y Xavier García Albiol tienen previsto pasearse este miércoles por el centro de Barcelona para hablar con algunos de los comerciantes que fueron víctimas de los saqueos del sábado. Están en su derecho, claro está. Pero ¿cuál es su propósito?
Podemos intuirlo tras escuchar sus primeras declaraciones: culpar al Gobierno de los disturbios. Cayetana Álvarez de Toledo ha tildado directamente al presidente del Gobierno de “pirómano”. Pero, para no infantilizar más a los electores de lo que ya están haciendo todos, en mítines y vídeos en las redes, ahí va otra pregunta: ¿Qué beneficio saca Pedro Sánchez de esos incidentes? Para esa, la respuesta es fácil. Ninguno. No le ayudan en nada, más bien todo lo contrario.
Tanto el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, como el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, han expresado su enojo por los altercados y su propósito de llegar hasta el final para averiguar quién estaba detrás de las convocatorias. Ya veremos si se consigue, puesto que no está claro que las investigaciones policiales logren esclarecerlo.
Coincidencia o no puesto que no hay pruebas que los vinculen, según Il Corriere della Sera, piratas informáticos de un colectivo filorruso conocido como Noname estaban diseñando un plan, conjuntamente con una red de protesta denominada Movimiento 17 de octubre, para “provocar desorden, violencia y daños” el pasado fin de semana en distintas ciudades italianas, entre ellas Roma, Milán, Turín y Florencia.
En Catalunya, lo que se ha podido comprobar es que, en dos institutos de Les Franqueses del Vallès (Barcelona), más de una quincena de estudiantes recibieron mensajes en sus móviles y, a partir de ahí, fueron incorporados a distintos grupos, tal y como se describe en este reportaje de El Periódico.
Puede que el propósito inicial de algunos de esos estudiantes que recibieron los mensajes fuese sumarse a una protesta para expresar su malestar. “Todo está fatal”, resumía uno de ellos. Pero no fue eso lo que pasó. No había ni lema ni recorrido. Tampoco los mensajes que circulaban por sus chats durante y después de los incidentes tenían que ver con ninguna reivindicación.
El compañero Arturo Puente ha reconstruido algunas de las conversaciones que se mantuvieron posteriormente en esos grupos y que demuestran que el objetivo era el que consiguieron: sembrar el caos durante un buen rato y saquear tiendas que ya tenían en el radar.
Hay expertos que han bautizado el fenómeno como “violencia lúdica”, porque el propósito no es otro que el que, ya antes de las redes sociales, entendíamos como liarla. Ahora bien, que no tuviese un objetivo claro, una reivindicación política, no significa que el fenómeno no merezca un análisis. Conviene preguntarse por qué lo hacen y a qué responde su comportamiento.
Por responsabilidad, todos los partidos deberían apelar a la calma y no calentar más los ánimos. Eso y exigir a las plataformas que actúen, no solo cuando se ven en el foco por episodios como el del pasado fin de semana. Están acostumbradas a hacer ver que lo que se propaga gracias a ellas no les incumbe.
TikTok ha anunciado que refuerza su grupo de moderadores con “comprobaciones proactivas” para detectar contenido “infractor”. Lo hace, como siempre, cuando no tiene más remedio y sin abordar cómo su algoritmo amplifica determinados mensajes, incluidos los que difunden el odio. Le sale más a cuenta pagar multas millonarias que dejar de minar la convivencia.