Sánchez responde al teatro de Meloni
En la crisis de Ceuta solo ha actuado de manera impecable el pueblo ceutí. El Gobierno español solventó este nuevo episodio de un viejo problema con Marruecos sin hacer uso de la fuerza y priorizando la solución humanitaria pero evitando señalar al gobierno de Rabat para no agravar una situación que ha dejado más de cien muertos a uno y otro lado de la frontera. No es una solución definitiva, sino un aplazamiento diplomático que debilita su posición con el país vecino. La oposición, como es habitual en política exterior desde que gobierna Pedro Sánchez, eligió el bando contrario a los intereses de España con tal de desgastar al Ejecutivo y la UE no aprobó el test de resistencia, unidad y solidaridad entre aliados. Y después está el teatro ofrecido por Giorgia Meloni.
Cuando fue elegida, Meloni se arrogó la defensa de las fronteras ribereñas del Mediterráneo “desde Baleares hasta los estrechos turcos” pero ha sido incapaz de contener la inmigración ilegal que llega a sus costas procedentes de África y Oriente Medio. Los inmigrantes que llegan a la UE por mar lo hacen a través de Grecia (desde Siria), desembarcando en Lampedusa, Italia (desde Egipto, Libia, Túnez, Argelia) y llegando a Ceuta, Melilla y las islas Canarias. De estas tres vías, según Frontex, es Italia la que a día de hoy recibe más llegadas ilegales por vía marítima. A pesar de esta realidad, era previsible que el Gobierno de la ultraderechista Giorgia Meloni, que ha hecho bandera de su rechazo a la inmigración, y el Gobierno español de la regularización extraordinaria e integradora chocarán en su estrategia y gestión de la política migratoria, pero no lo era tanto el espectáculo hipócrita de la italiana ante la crisis de Ceuta.
La sobreactuación de la primera ministra italiana se explica no solo por su ideología populista, también por su actual debilidad interna. La derrota en el referéndum sobre la reforma de la justicia y el ascenso y creciente popularidad (entre sus propios votantes) del general Vannacci, que se sitúa aún más a su derecha, han influido en su decisión de escenificar un numerito innecesario y absurdo contra España, país hermano y aliado. Meloni activó la excepción a Schengen, estableciendo controles en su frontera a los españoles y viajeros procedentes de España, cuando la mayoría de los inmigrantes llegados a Ceuta habían regresado a Marruecos, y sin que hubiera constancia de que ninguno hubiera llegado hasta la península, mucho menos a territorio Schengen ni a Italia. Ceuta, por si hay que recordarlo, no es parte del espacio Schengen y es poco menos que delirante pensar que desde la ciudad autónoma van a llegar en vuelo regular o atravesando Francia hasta Italia. Mientras la UE recogía cable de su reacción insolidaria y desmedida con España, Meloni se ha negado a levantar los controles a los viajeros procedentes de España, creando una situación a la que el Gobierno español estaba obligado a responder. Desde este sábado, la Policía Nacional se encarga de lis controles fronterizos establecidos para los viajeros procedentes de Italia. La medida entró en vigor a las 00.00 de este sábado y se mantendrá, inicialmente, hasta la misma hora del próximo 7 de septiembre, a la espera de que la UE medie entre los dos países o Meloni decida que su sobreactuación ya ha cumplido sus objetivos internos. Como era de esperar, el PP se ha vuelto a situar al lado de Meloni y contra los intereses de España y de la UE, que necesita unión y solidaridad más que nunca en su historia.
En España viven más de 300.000 italianos, aunque una parte de ellos son argentinos y otros latinoamericanos con pasaporte italiano. En Italia hay 30.000 españoles. La metafórica puñalada trapera de Meloni no solo es contra el Gobierno de Sánchez, también contra los ciudadanos de ambos países que mantienen una relación excepcional de amistad y cooperación. El Gobierno español se ha visto obligado a responder con una medida más cosmética que agresiva. Sin embargo, la situación dista mucho de ser la ideal entre dos países miembros de la UE que comparten necesidades y lugar en el mundo. La incapacidad de Europa de actuar con una sola voz y al margen de populismos y estrategias internas como la de Meloni es una mala noticia para el futuro común. Y un aviso para navegantes: se equivocan, y mucho, los que creen que todo esto (los ataques híbridos de Marruecos, la desunión y debilidad europeas, las estrategias populistas de chivos expiatorios) se solucionará mágicamente para España cuando Pedro Sánchez no gobierne. El teatro de falsedades y oportunismos como el que ha protagonizado Giorgia Meloni continuarán y nunca se señalará a los que están obteniendo rédito de la desunión europea. Lo más triste de todo: el olvido de las personas que se han dejado la vida en este juego de intereses perversos.