Trump tiene el mapa de la jungla, la UE, un acta
Me gustó que Ursula von der Leyen comenzara su discurso en Estrasburgo citando a Charles Dickens. Nadie ha expresado mejor cómo se vive en épocas mutantes: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”. La presidenta de la Comisión Europea es consciente de que vivimos un cambio de época. El problema es que no sabe hacia qué nuevo lugar debe dirigirse la UE.
Otros, en cambio, lo tienen clarísimo. No hay fisuras en el discurso de la ultraderecha europea: más nacionalismo ramplón, menos migrantes y menos Europa. Para entender todo, hay que añadir otra cita, de Bertrand Russell: “La causa fundamental del problema es que, en el mundo moderno, los estúpidos están seguros de sí mismos y los inteligentes llenos de dudas”.
Aplicado al momento actual, por un lado están los que creen en la violencia y la fuerza. Con la seguridad de los estúpidos convierten sus convicciones en hechos. En ese saco entran los EEUU de Trump, el régimen de los ayatolás, los hutíes de Yemen o Netanyahu. Al otro lado están los que siguen creyendo en las leyes y el derecho internacional, como la Unión Europea. No podemos creer en otra cosa, porque toda la arquitectura interna de la UE se basa en tratados y leyes.
Los del fait accompli han visto clara la oportunidad. Si no hay reglas, el más fuerte puede cambiar fronteras y regímenes a su antojo (véase Venezuela). Por tanto, dice Irán, yo me quedo el Estrecho de Ormuz y mis amigos hutíes, Bab el-Mandeb. Así controlo rutas comerciales decisivas para la energía global. Y sobre todo: dejo claro que a Irán no se le hace una guerra. Con esa determinación le van ganando a Trump: la crisis energética e inflacionista va a pesar mucho en las elecciones de medio mandato, dentro de seis semanas.
En cambio, los líderes europeos, con su inteligencia titubeante, han dicho al mundo dos cosas contradictorias esta semana. Una, nombramos a Canadá Estado Asociado (bien). Dos, pactamos con Trump sobre Groenlandia después de que amenazara con anexionársela. Hay que ver la concreción del acuerdo, pero a bote pronto, parece que Dinamarca obtiene una victoria de iure, ahora que el iure se ha devaluado tanto. Trump la logra de facto (poder de veto para inversiones). Es poco comparado con la anexión, pero es más de lo que tenía.
Lo peor es que se trata de una derrota política para la UE: ya tratamos de apaciguar a Trump el año pasado con un acuerdo comercial claudicante y no sirvió de nada. Enseguida abrió la carpeta de Groenlandia. Europa sufre -lo he dicho alguna vez- eso que los psicólogos llaman “indefensión aprendida”. Cree que no puede hacer nada, pese a disponer de un “instrumento anticoerción”que podría suponer aranceles de 93.000 millones de euros sobre importaciones estadounidenses, un bazoka comercial tan poderoso que ni nos atrevemos a usarlo.
Como el apaciguamiento anterior animó a Trump a abrir un nuevo conflicto con la UE, en los próximos meses podemos esperar dos cosas. Uno, que naufrague en las elecciones de noviembre, pierda las dos cámaras y los demócratas empiecen a plantearle conflictos, e incluso un impeachment, que lo tenga demasiado ocupado para molestar a Europa. O bien que por ese motivo o cualquier otro -incluyendo que haya tenido un mal día o hable por teléfono con Netanyahu- siga alimentando el conflicto con la UE.
Con Ormuz controlado por Irán; Bab el-Mandeb por los hutíes, y el petróleo de Oriente Próximo taponado, no hay que dejar volar mucho la imaginación. Si uno mira el mapa, se ve con claridad cómo se refuerza el valor militar-estratégico de… ¡tachán! el Estrecho de Gibraltar y Ceuta. Si las microvidas de los ceutíes ya aconsejaban restablecer el orden cuanto antes, la macropolítica global apunta en la misma dirección.
A los europeos no nos queda más remedio que ser valientes. Seguir apaciguando es una forma lenta de suicidarnos. Hasta hace poco creía que la solución era dar un salto cualitativo hacia una entidad política soberana europea. Con la perspectiva de que Francia y partes de Alemania vayan cayendo del lado de la ultraderecha en cuestión de meses, empiezo a pensar que se nos ha hecho tarde. La historia no perdona a los titubeantes, por muy inteligentes que sean.