La unión (por sí sola) no hace la fuerza

4 de abril de 2026 22:23 h

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No nos engañemos: las alianzas entre izquierdas para concurrir a elecciones se sellan siempre en momentos de declive. De urgencia. En pleno bajón. Si la izquierda estuviera en auge, se dejarían las coaliciones para después, si fuera necesario, sumando lo ya sumado y con atención a los programas y al famoso peso político de cada formación para entrar en los gobiernos. No estamos en ese escenario. La unión de izquierdas que ahora se necesita se debe analizar siempre desde esa situación de urgencia y desde el reconocimiento de los fracasos y debilidades de cada una de las partes para evitar, precisamente, que la alianza sea solo la suma de fracasos y debilidades. 

No es fácil. En tiempo de descuento y en medio de una Semana Santa andaluza particularmente radiante, IU, Sumar y Podemos alcanzaron un acuerdo para concurrir juntos a las elecciones andaluzas del 17 de mayo. En ese momento, Juanma Moreno Bonilla se hallaba en pleno maratón cofrade, acaparando más protagonismo que el mismísimo Jesucristo y esquivando, por la vía procesionaria, la prohibición de hacer campaña antes de la campaña. Lo suyo sí que ha sido el milagro de la multiplicación de los panes y los peces pero en horas de presencia en Canal Sur dándose baños de masas y golpes de pecho. Su campaña ya está hecha: moderación, estabilidad, gestión y andalucismo morenista. El escándalo por la gestión de los cribados del cáncer de mama y la situación general de la sanidad, amortizados y olvidados entre vapores de incienso y cirios. A su derecha, por decir algo, Vox no ha visto ni la necesidad de hablar de Andalucía o de esmerarse en la elección de candidato: Abascal proveerá, pese a las críticas de los suyos, que ya no lo son, y los votos que el sevillano Alvise Pérez rascará en su tierra. Todo en su sitio en el flanco derecho e intento de recolocación en el izquierdo a la izquierda de María Jesús Montero, que esta semana parecía tentada de entonar un “virgencita, que me quede como estoy” ante la Macarena. 

Trazado el contexto, hay que admitir que la alianza de IU, Sumar y Podemos en Andalucía solo pareció entusiasmar a Gabriel Rufián, que la saludó con un ¡Bravo! en redes sociales. Ni media hora había pasado del cierre del acuerdo y la militancia de unos y otros ya lo estaba celebrando por la española vía de “cuerpo a tierra, que vienen los míos”. El acuerdo contempla que Podemos encabece la lista de la coalición en Jaén y ocupe el número dos en Sevilla, plazas que no obtuvieron representación de Por Andalucía en las pasadas elecciones. IU encabeza las listas de Sevilla, Málaga, Granada, Córdoba y Almería; Sumar, la de Cádiz, e Iniciativa del Pueblo Andaluz, la de Huelva. Podemos y sus militantes se quejan de que el peso político del partido era superior a este reparto de listas y en IU y Sumar les recuerdan que se apuntan a última hora a la coalición porque se están convirtiendo en un partido marginal en España, después de quedar por debajo del 1% en las elecciones de Aragón y Castilla y León. Un año de puñaladas, desplantes y desacuerdos no se arregla con un acuerdo puntual y tampoco ante la evidencia de que ser líder de un espacio a costa de desgastar ese espacio solo conduce a la irrelevancia. 

Estamos a tiempo. Como he escrito al inicio, todos los frentes populares surgen de momentos de necesidad, pero es imprescindible que entre los partidos que lo forman exista lealtad y confianza, aunque se mantengan diferencias importantes. Una coalición no puede ser un choque de purezas, sino la suspensión de toda pureza para conseguir un objetivo más importante, en este caso, el bienestar social y material del pueblo andaluz. Para eso hay que supeditar la política institucional, el reparto de listas, cargos, dinero y asesores, a una política social progresista, que evite que Andalucía tenga un gobierno reaccionario e involucionista que termine de desmantelar los servicios públicos, y muy especialmente la ya maltrecha sanidad andaluza. Si después de la resaca negociadora, la coalición no se pone a trabajar únicamente para movilizar el voto con el objetivo de implantar un programa progresista, la unión no servirá de nada. El 1 de mayo comienza la campaña andaluza: a partir de ese día, solo cabe hablar de Andalucía, de los andaluces y de cómo mejorar su vida. Después, tocará ver si es factible y deseable una plataforma nacional que corte el paso a la ultraderecha. Desde la asunción de la realidad de la izquierda y la voluntad sincera de servir (para algo) a los españoles.