El pacto de última hora de IU y Podemos en Andalucía, una solución de urgencia que no despeja la X de cara a las generales
En el último momento, cuando parecía inevitable que hubiera tres listas a la izquierda del PSOE en las elecciones andaluzas del 17 de mayo, IU y Podemos alcanzaron un acuerdo para que los de Ione Belarra se integren en la coalición Por Andalucía, en la que también está presente Sumar. Tras un brusco volantazo y a pesar de muchos recelos mutuos, Podemos e IU cerraron las conversaciones el viernes, después de que el jueves terminase sin un pacto y con las posturas alejadas. Pero, a pesar de lo sorprendente de esta alianza de última hora, el camino para un entendimiento de cara a las generales sigue plagado de incógnitas: el éxito de las negociaciones es un espaldarazo para la tesis de que la unidad a nivel estatal es posible, pero también se han abierto nuevas heridas entre IU y Podemos por la negativa de los de Antonio Maíllo a ceder un puesto de salida —con escaño casi asegurado— a los morados en las listas.
Aunque esta semana IU y Podemos tan solo han hablado de Andalucía, lo cierto es que el enrarecido escenario de la izquierda a nivel estatal lleva meses condicionando las relaciones entre ambos actores en esa comunidad. De hecho, si el acuerdo no se ha cerrado hasta el último momento ha sido por la negativa que mantuvo durante meses la dirección estatal de Podemos que lidera Ione Belarra a participar de cualquier alianza en la que también estuviera presente Sumar. Los morados no levantaron ese veto hasta finales de la semana pasada, pese a que la dirección andaluza del partido había pedido públicamente permanecer en Por Andalucía. Y fue solo entonces cuando las conversaciones se desbloquearon, aunque inicialmente IU no se creía que Belarra y los suyos quisieran realmente un acuerdo.
Varias de las fuentes consultadas en los días previos a que se forjara el pacto eran muy conscientes de que la negociación para las andaluzas, fuera cual fuera el resultado de la misma, iba a tener efectos en el complejo tablero de la izquierda alternativa a escala estatal. Que haya habido fumata blanca en Andalucía no anticipa que vaya a haber un acuerdo de unidad para las elecciones generales. Y lo cierto es que Podemos, tanto a nivel estatal como autonómico, se encuentra muy molesto porque considera que IU ha aprovechado su debilidad para laminarlos en las listas. Pero algunos dirigentes no dudan en afirmar que una nueva ruptura esta semana hubiera complicado, hasta casi hacerlo imposible, un entendimiento que ya se presentaba muy difícil.
Por el contrario, con un acuerdo firmado, aunque haya sido a última hora y sin una larga negociación previa para destensar la relación entre IU y Podemos, se puede hacer la lectura opuesta. Para los comicios generales —salvo que haya un adelanto, algo que ahora mismo el Gobierno niega— faltan aún muchos meses, y es probable que la situación experimente cambios hasta que Podemos se siente a negociar con los partidos ahora mismo integrados en torno a Sumar, si es que esas conversaciones llegan a producirse. Pero el pacto en Andalucía allana el terreno para una eventual confluencia porque es la primera vez que Podemos ha aceptado compartir listas con los de Yolanda Díaz desde su ruptura en diciembre de 2023. Si ha ocurrido en Andalucía, sería complejo para Belarra y los suyos explicar por qué no puede pasar a escala estatal.
Preguntado por esa posibilidad, Maíllo afirmaba el viernes en la Cadena Ser que confía en la “responsabilidad” de “todo el mundo” para que el entendimiento que ha tenido lugar para las andaluzas se reproduzca de cara a las generales. Una parte de Podemos, no obstante, ha vivido el pacto en Andalucía como una injusticia, dado que IU únicamente ha transigido con modificar unas listas armadas ya hace meses para dar a los morados el número uno en Jaén y el dos en Sevilla, a los que las proyecciones demoscópicas, hoy por hoy, no conceden escaños. Pese a que todas las encuestas vaticinaban que Podemos no iba a obtener representación parlamentaria presentándose en solitario, incluso la dirección andaluza del partido, que ha presionado a la estatal en los últimos meses para el acuerdo, se quejó de que este “no refleja el peso político” de Podemos, aseguró que solo se ha cerrado por su “generosidad” y recordó que casi 6.000 personas votaron en su consulta exprés para avalar una candidatura conjunta.
Podemos, en una situación frágil
Así las cosas, el camino hacia el reencuentro empieza ya con un bache. Y eso que el brusco viraje estratégico de los morados no viene de la nada, sino que tiene mucho que ver con su debilidad, fruto de los pésimos resultados que han obtenido en las dos últimas citas electorales, a las que han concurrido en solitario: las de Aragón y Castilla y León. En esas autonómicas Podemos no solo no consiguió escaño (IU tampoco lo hizo en las castellanas y leonesas), sino que se quedó por debajo del 1% de los votos. Y el propio secretario de Organización del partido, Pablo Fernández, admitió tras el último batacazo que era imperativa una “reflexión” para “ofrecer a la ciudadanía un proyecto de izquierdas que sea atractivo”.
Esa reflexión ha arrojado dos resultados concretos. El primero es el acercamiento de Podemos al portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, con quien Irene Montero celebrará una charla en Barcelona el jueves que viene para hablar sobre “qué hacer” de cara al próximo ciclo electoral. Y el segundo es el volantazo con respecto a la unidad en Andalucía tras meses de negativa y de exigir a IU que rompiera con Sumar como condición previa a entablar una negociación.
Algunas de las fuentes del espacio consultadas consideran que es fundamentalmente la cadena de pésimos resultados en las elecciones autonómicas la que explica este cambio de estrategia de Podemos. Y no tanto por el miedo de perder la representación en otro parlamento autonómico, sino porque un nuevo desplome electoral, aseveran, habría dejado muy tocados a los morados de cara a su objetivo prioritario, que es aguantar en las generales. Y eso teniendo en cuenta que Podemos tiene una ventaja con respecto al resto de los partidos congregados en torno a Sumar: que ya ha escogido una candidata, Irene Montero, y que esta está bien valorada entre sus propios votantes.
IU, atada a la unidad de la izquierda
La otra cara de la moneda es IU, que en Andalucía es el partido con mayor implantación del espacio a la izquierda del PSOE y el que hegemonizará las listas de Por Andalucía. Los dos últimos batacazos electorales de Podemos han beneficiado a la federación que dirige Antonio Maíllo, que ha podido negociar desde una posición de mayor fuerza la inclusión de los morados en las listas autonómicas. Desde ese punto de vista, IU podría haberse visto beneficiada de un nuevo fracaso electoral de Podemos en Andalucía, puesto que hubiera agravado la ya delicada situación de los de Belarra de cara a una negociación para una lista única a las generales. De hecho, en los días previos al pacto, en algunos sectores de Podemos llegó a existir miedo a que los de Maíllo emplearan esta estrategia.
No obstante, pese a las dudas que al principio suscitó en IU el volantazo de Podemos, los de Maíllo han terminado optando por abrir las puertas de Por Andalucía a los morados. La federación se encuentra en una situación algo mejor que la de Podemos, pero lo cierto es que tampoco tenía las manos completamente libres para hacer y deshacer a su antojo con la vista puesta en las generales. Desde la ruptura entre Sumar y los morados, IU ha sido el actor que ha ondeado con más firmeza la bandera de la unidad de la izquierda. Y ese discurso, precisamente, no les ha dejado más opción que abrazar el cambio de postura de Podemos, a pesar del enfado que ha suscitado en los de Maíllo que haya llegado tan a última hora: un portazo habría debilitado su posición en el tablero estatal.
Además, está por ver si la debilidad demostrada en los últimos tiempos por Podemos en relación a IU sería tan palmaria en una futura negociación para las elecciones generales, si esta acabara produciéndose. Pese a haber escenificado públicamente su proceso de refundación, la coalición Sumar —que cambiará de nombre— no ha experimentado un repunte en las encuestas que le sitúe como el actor claramente hegemónico a la izquierda del PSOE. Y, aunque sigue por encima de los morados, por ahora carece de candidato, dado que el preferido de IU, Más Madrid, Comuns y Movimiento Sumar, Pablo Bustinduy, rechaza asumir el liderazgo.
“Si tuviéramos algún candidato claro, ya lo habríamos hecho público”, admitía hace unas semanas un alto dirigente del espacio que, hasta ahora, se articulaba en torno a Yolanda Díaz. Y es que, al igual que Podemos, la alianza entre IU, Más Madrid, los Comuns y Movimiento Sumar no se encuentra en un momento especialmente boyante, aunque sus resultados —más bien, los de IU— en las elecciones de Aragón y Castilla y León no han sido tan desastrosos como los de los morados y su presencia en el Gobierno les permite mantener un potente altavoz.
La incógnita Rufián
La última de las piezas de este puzzle aún sin montar es una que puede terminar cambiando por completo el escenario, por lo que todos los actores a la izquierda del PSOE la observan expectantes: Gabriel Rufián. En febrero, el dirigente catalán presentó públicamente su propuesta de unidad de las izquierdas estatales y nacionalistas. Y, aunque BNG, EH Bildu y la propia ERC han rechazado la idea, el acto del próximo jueves en Barcelona, donde Rufián compartirá escenario con Irene Montero, supone un nuevo elemento de presión.
Tanto es así que la dirección de ERC, que hasta ahora había tratado de no criticar en voz muy alta a su portavoz en el Congreso pese a que está muy descontenta por sus movimientos, ha elevado el tono en los últimos días. Ha sido el presidente de los republicanos, Oriol Junqueras, quien ha vuelto a rechazar explícitamente la idea de un frente amplio, pero en esta ocasión ha empleado una dureza mayor que en ocasiones anteriores después de que el exdiputado Joan Tardà, uno de los principales apoyos de Rufián, se mostrara públicamente a favor de una lista única de ERC, Comuns y la CUP para las próximas generales en Catalunya. “Fui a la cárcel por Catalunya, no para que Ada Colau sea diputada en una lista de ERC”, espetó.
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