Feijóo, demostrando desconocer la Constitución española, se niega a presentar una moción de censura
En su valoración de la sentencia del Tribunal Supremo hecha pública el 22 de junio, Alberto Núñez Feijóo afirmó que no va a cometer el error de presentar una moción de censura porque Pedro Sánchez, actual Presidente del Gobierno, saldría validado por el Congreso de los Diputados.
La anterior afirmación evidencia, a mi modo de ver, lo siguiente:
1.- El sr Feijóo no tiene en cuenta que la validación, que da por hecha para justificar su no utilización del único medio establecido en la actual Constitución Española para acabar con un gobierno, la harían los representantes legítimos del pueblo español que así lo consideraran, en el desempeño de su función como Diputados, tan legítimos como él, aunque no coincidan con su opinión y acción política.
Y este hecho, mal que le pese, demuestra algo tan determinante en un sistema democrático como es el respeto que le merece al sr Feijóo la voluntad popular, expresada en las urnas, contraria a sus planteamientos políticos, teniendo en cuenta su pretensión de ser el próximo en desempeñar tan alta responsabilidad.
Cuestión esta última de la que el pueblo español, al menos el que tiene derecho a voto, debería tener en cuenta antes de hacer posible la pretensión de D Alberto, a quien también se le podrá identificar, al igual que él hace, con las iniciales A N.
2.- La negativa a utilizar el recurso constitucional de la moción de censura y, en caso de hacerlo, considerarlo un error (para diferenciarme de él, no hablaré de “cobardía”) cabe interpretarse, por una parte, como disconformidad con la Constitución Española por contemplar dicho procedimiento tal y como figura en su actual redacción. Por lo cual, debería y podría plantear su reforma en el sentido de sustituirlo por esa “artimaña” de que el Congreso de los Diputados vote sobre pedir al Presidente del Gobierno la convocatoria de elecciones; algo que, a su vez, implicaría otra reforma constitucional, consistente en suprimir la facultad exclusiva que actualmente tiene respecto a la convocatoria de elecciones.
Y también la no utilización de la moción de censura, que ha de ser constructiva, es decir, incluir un programa de gobierno alternativo al que se quiere censurar, permite la interpretación de que o se carece del mismo o que se pretende la caída del actual Gobierno y su sustitución por el que Alberto Núñez aspira a presidir de forma que el pueblo español no conozca su programa de gobierno, siendo su único y auténtico destinatario. Otra demostración, más obvia si cabe que la señalada en el punto 1, del respeto que le merece.
Tampoco se entiende que, contando con la repetida petición de un predecesor de “tan buen recuerdo y méritos alcanzados” como el autor de “El que pueda hacer, que haga”, no realice aquello que le corresponde, mire usted por donde, por mandato popular, en base a los resultados de las últimas elecciones generales.
Si se hace la pregunta de por qué es “Jefe de la Oposición” igual descubre la causa y cambia de parecer, salvo que se repita a sí mismo aquello de “no ser Presidente porque no quiero”
La posibilidad de auto engañarse también forma parte de la realidad.