En memoria de Nuria Jaumot Tobella, una de las miles de personas de este país que han muerto en una residencia
Nuria, nació en Barcelona el 26 de septiembre de 1924 hija mayor de Roser Tobella i Trullas y Antoni Jaumot i Ros, fue ante todo un espíritu libre muy indomable, muchos mensajes y llamadas telefónicas que hemos recibido eran de mujeres más jóvenes que ella que nos comentaban como había sido un referente en sus vidas. Siempre fue hacia donde quiso y tuvo la suerte de compartir la vida con nuestro padre Carlos un aragonés tan tozudo como ella catalana, una persona muy severa en según qué temas, pero absolutamente tolerante con la libertad de cada persona que le rodeaba.
Nuestra madre quiso a los miembros de su familia, los de su familia política y sus amigos, preocupándose siempre de todos, no distinguiendo en los grados sino en las necesidades de cada persona cuando le solicitaban su ayuda mientras estuviera a su alcance de la manera que fuera, siempre sin perder las ganas de vivir las cosas como ella quería.
Le hubiera gustado ser médico pero las circunstancias de la posguerra fueron en su contra: de los 12 a los 14 estuvo sin ir al colegio.
Fue una gran lectora desde joven de novela y de poesía. 20 poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neurda era su libro preferido. Tenía en la habitación de la residencia tres ediciones diferentes con marcas. También Marti Pol, Maragall, Margarit, Espriu, Eduardo Mendoza, Almuneda Grandes, Vazquez Moltabán... Estaba orgullosa de làvi Enric Tobella, impresor del carrer del Carme, que venía de Igualada, de l'avi Lluis Jaumot que la llevaba al teatro cada domingo con sus primos, de sus padres, de la escuela Blanquerna con el modelo de estudios Montessori donde curso durante la república. De su lengua, el catalán, de la cultura de su pueblo. Se emocionaba tanto con una sardana como con el Vilurai o una jota aragonesa, no creía que se tuvieran que establecer nuevas fronteras. Amaba Barcelona siempre comentaba la cantidad de árboles que tenía y sus azoteas, Madrid, Zaragoza, París, l'Emporda, los Pirineos de Huesca...
Nos quiso a todos mucho a su manera, nadie le puede reprochar nada porque ante todo era sincera, sus mayores debilidades afectivas fueron después de nosotros tres y el recuerdo diario de Javier, nuestro hermano fallecido, su hermana y sus nietos a los que directamente adoraba. Ella estaría orgullosa de todos vuestros ánimos y recuerdos hacia nosotros, como nos decía últimamente: “pronto me tocará ir a ver a mis padres, a Carlos, a Javier, a mis hermanos, a mis primas y primos a mis tíos, a mis amigas ...” Ya los veía en ocasiones en sueños y nos decía que la habían venido a visitar.
Nuria, has tenido una vida intensa, amable, has gozado de buena salud, has sentido el amor, nos has querido y te ha querido tanta gente. Nos dejas a todos un ejemplo y un vacío que llenaremos con tu recuerdo.
Descansa en paz Nuria, te lo mereces.