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Seguro que no

Francisco José Faraldo García

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A pesar de la mayoría de los titulares de prensa sobre las elecciones lusas es inexacto hablar de victoria socialista o victoria del candidato socialista. Y ello por varios motivos. El primero, que la candidatura de Seguro nunca fue vista con entusiasmo por los pesos pesados de su partido con Antonio Costa y el secretario general en cabeza, y para corroborarlo basta recordar que fueron los últimos en felicitarle después de su éxito en la primera vuelta. Por otra parte, porque en la primera línea del PSP no ha habido un socialista digno de tal nombre desde la desaparición de Jorge Sampaio. Desde 2006, fecha en que Sampaio dejó la presidencia, el cargo ha ido perdiendo relevancia y ha sido un reflejo del acuerdo tácito existente entre los dos mayores partidos para no hacerse demasiado daño. ¿Seguro, socialista? Su actuación como secretario general del PSP a partir de 2011 sucediendo al corrupto y escurridizo José Sócrates, no ha dejado en la memoria de los portugueses nada que lo haga merecedor de un recuerdo especial, salvo aquella frase repetida una y mil veces siempre que tenía que tomar una decisión comprometedora“ ¿Qual é a pressa?”. Y así fueron pasando los años de su mandato, que le revelaron como un verdadero campeón de la procrastinación.

Otro motivo del exceso que supone adjetivar de socialista la victoria de Seguro es que, como el ya presidente se encargó de recordar repetidamente durante la campaña, en Portugal los partidos políticos no se presentan como tales a las elecciones presidenciales y él lo hacía a título personal para servir “a todos los portugueses”. Y, en efecto, lo menos decisorio en su elección ha sido el débil respaldo de su partido. Lo que le ha catapultado a la presidencia ha sido la unión nacional producida por algo que traspasa y supera a los entusiasmos partidario: el miedo a la progresión fascista encarnada en Ventura, que ya es líder indiscutible de la oposición y que, habiendo superado el 30 por ciento de los votos, se perfila como una amenaza tan difícil de contener como lo están siendo Leonardo o Marta. El miedo es lo que ha dado la victoria a Seguro y es muy dudoso que, en el futuro próximo, sea capaz de tomar las decisiones que en un panorama nacional e internacional tan desapacible, habrá de enfrentar como presidente de la república, cargo que en Portugal goza de importantísimas prerrogativas. No habrá tiempo para recurrir a la muletilla “¿Qual é a pressa?”

El bipartidismo está muerto en Portugal, como sucede en España. El que ha acabado con él tiene la misma matriz. Se llama fascismo y lo empuja el viento a favor que llega a través del Atlántico. Contra el miedo no existe el mal menor. Seguro.