El presidente del Gobierno ha reducido el debate previo a la aprobación de la ley de abdicación a una jornada “en la que carecen de trascendencia las discrepancias” y sólo tienen peso “los acuerdos”. De esta forma, Mariano Rajoy ha planteado la sesión del Congreso como una mera cuestión de trámite para ratificar la voluntad del rey sin admitir el relevo implícito que supone por parte de su hijo, el todavía príncipe de Asturias: “No estamos aquí para modificar los hechos”.