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El discurso completo de Sánchez sobre la guerra de EEUU e Israel contra Irán: “No seremos cómplices”

elDiario.es

4 de marzo de 2026 10:29 h

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha comparecido este miércoles a primera hora para marcar la postura de España ante la guerra de Estados Unidos e Israel desatada en Irán.

Este ha sido su discurso íntegro:

Buenos días, queridos y queridas compatriotas. Me dirijo a vosotros para informaros de la crisis que se ha desatado en Oriente Medio, de la posición del Gobierno de España y de las acciones que estamos llevando a cabo. Como sabéis, el pasado sábado Estados Unidos e Israel atacaron a Irán, que a su vez respondió bombardeando de forma indiscriminada nueve países de la región y una base británica situada en un Estado europeo, en Chipre. Quiero ante todo expresar la solidaridad del pueblo español con los países atacados ilegalmente por el régimen de Irán. Desde entonces las hostilidades han continuado, cuando no crecido, provocando centenares de muertes en hogares, en escuelas, en hospitales. También el desplome de las bolsas internacionales y la disrupción del tráfico aéreo y del estrecho de Ormuz, por el que transitaba hasta hace muy poco el 20% del total del gas y petróleo mundial. Nadie sabe con certeza qué pasará ahora. Ni siquiera están claros los objetivos de quienes lanzaron el primer ataque. Pero tenemos que estar preparados, tal y como dicen los promotores, para la posibilidad de que esta sea una guerra larga, con numerosas bajas y por tanto, con consecuencias graves también a escala global en términos económicos.

La posición del Gobierno de España ante esta coyuntura es clara y consistente. Es la misma que hemos mantenido en Ucrania o también en Gaza. En primer lugar, no a la quiebra de un derecho internacional que nos protege a todos, especialmente a los más indefensos, a la población civil. En segundo lugar, no a asumir que el mundo solo puede resolver sus problemas a base de conflictos y de bombas. Y, finalmente, no a repetir los errores del pasado. En definitiva, la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra.

El mundo, Europa y España ya han estado aquí antes. Hace 23 años, otra administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio. Una guerra que, en teoría, se dijo entonces, se hacía para eliminar las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, llevar la democracia y garantizar la seguridad global, pero que en realidad, visto en perspectiva, produjo el efecto contrario, desencadenó la mayor oleada de inseguridad que ha sufrido nuestro continente desde la caída del Muro de Berlín. La guerra de Irak generó un aumento drástico del terrorismo yihadista. Una grave crisis migratoria en el Mediterráneo oriental y un incremento generalizado de los precios de la energía y, por tanto, también de la cesta de la compra, del coste de la vida. Ese fue el regalo del trío de las Azores a los europeos de entonces: un mundo más inseguro y una vida peor. Es verdad que aún es pronto para saber si la guerra de Irán tendrá consecuencias semejantes a la de Irak, si servirá para provocar la caída del terrible régimen de los ayatolás en Irán o para estabilizar la región.

Lo que sí sabemos es que de ella no va a salir un orden internacional más justo. Ni tampoco va a salir de ella salarios más altos, ni mejores servicios públicos, ni un medio ambiente más saludable. De hecho, lo que de momento podemos vislumbrar son más incertidumbre económica, subidas de precio de petróleo y también del gas. Por eso desde España estamos en contra de este desastre, porque entendemos que los gobiernos estamos aquí para mejorar la vida de la gente, para aportar soluciones a los problemas, no para empeorar la vida de la gente. Y es absolutamente inaceptable que aquellos dirigentes que son incapaces de cumplir con ese cometido usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos, los de siempre, los únicos que ganan cuando el mundo deja de construir hospitales para construir misiles.

Ante esta coyuntura, el Gobierno de coalición progresista va a hacer lo mismo que ha hecho en otros conflictos y en crisis internacionales. En primer lugar, estamos asistiendo a los españoles y españolas que se encuentran en Oriente Medio y vamos a ayudarles a regresar a nuestro país si ese es su deseo. El Servicio Exterior y el Ejército están trabajando día y noche para articular dispositivos de evacuación. Es evidente que las operaciones son muy delicadas porque el espacio aéreo de la región no es seguro y porque su red aeroportuaria está gravemente afectada por los ataques. Pero nuestros compatriotas pueden tener la certeza de que vamos a protegerles y de que vamos a traerles de vuelta a casa.

En segundo lugar, el Gobierno de España está estudiando escenarios y posibles medidas para ayudar a los hogares, a los trabajadores, a las empresas, a los autónomos y que puedan mitigar con ello los impactos económicos de este conflicto, si es que fuera necesario. Gracias al dinamismo de nuestra economía y gracias también a la responsabilidad de la política fiscal del Gobierno, España cuenta en estos momentos con los recursos necesarios para hacer frente también de nuevo a esta crisis. Tenemos la capacidad, también la voluntad política, y lo haremos de la mano de los agentes sociales, como lo hicimos durante la pandemia, la crisis energética o recientemente la crisis arancelaria.

En tercer lugar, vamos a colaborar, como hemos hecho siempre, con todos los países de la región, que abogan por la paz y por el cumplimiento de la legalidad internacional, que son dos caras de la misma moneda. Apoyándoles con los recursos diplomáticos, también materiales que se requieran. Vamos a trabajar con nuestros aliados europeos en una respuesta coordinada y que pueda ser definitivamente eficaz. Y vamos a seguir trabajando para lograr una paz justa y duradera en Ucrania y en Palestina, dos lugares que merecen no ser olvidados.

Y por último, el Gobierno va a seguir exigiendo un cese de las hostilidades y una resolución diplomática de esta guerra. Y quiero además explicitarlo, porque sí, la palabra adecuada es exigir. Porque España es un miembro pleno de la Unión Europea, de la OTAN y de la comunidad internacional. Y porque esta crisis también nos afecta a nosotros, a los europeos y por consecuencia, a los españoles. Y por eso tenemos que exigir la resolución a Estados Unidos, a Irán, a Israel, para que paren antes de que sea demasiado tarde. Lo he dicho en muchas ocasiones y lo repito ahora: no se puede responder a una ilegalidad con otra, porque así es como empiezan los grandes desastres de la humanidad. Recordemos cómo antes del inicio de la Primera Gran Guerra Mundial en el siglo XX, en agosto de 1914, alguien le preguntó al entonces canciller de Alemania cómo había empezado la Primera Guerra Mundial y él respondió, encogiéndose de hombros y diciendo textualmente: “Ojalá lo supiera”.

Muy a menudo las grandes guerras estallan por una concatenación de respuestas que se van de las manos por culpa de errores de cálculo, fallos técnicos, acontecimientos imprevistos. Por tanto, debemos aprender de la historia y no podemos jugar a la ruleta rusa con el destino de millones de personas. Las potencias involucradas en este conflicto deben cesar inmediatamente las hostilidades y apostar por el diálogo y la diplomacia.

Y los demás debemos actuar con coherencia, defendiendo ahora los mismos valores que defendemos cuando hablamos de Ucrania, de Gaza, de Venezuela o de Groenlandia. Porque la pregunta no es si estamos o no a favor de los ayatolás. Nadie lo está. Desde luego, no lo está el pueblo español y, por supuesto, tampoco el Gobierno de España. La pregunta, en cambio, es si estamos o no del lado de la legalidad internacional y, por tanto, de la paz. La ciudadanía española siempre repudió la dictadura de Saddam Hussein en Irak, pero no por ello apoyó la guerra de Irak, porque era ilegal, porque era injusta y porque no supuso una resolución real a casi ninguno de los problemas que pretendió resolver.

Del mismo modo, nosotros repudiamos al régimen de Irán que reprime, que mata vilmente a sus ciudadanos, particularmente a las mujeres. Pero al mismo tiempo rechazamos este conflicto y pedimos una solución diplomática y política. Algunos nos van a acusar de ser ingenuos por hacerlo, pero lo ingenuo es pensar que la solución es la violencia. Ingenuo es creer que las democracias o el respeto entre naciones brotan de las ruinas. O pensar que practicar un seguidismo ciego y servil es una forma de liderar. Al contrario, yo creo que esta posición no es en absoluto ingenua, es coherente. Y, por tanto, no vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y que también es contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias de alguno. Porque nosotros tenemos una confianza absoluta en la fortaleza económica, institucional y también diría moral de nuestro país. Y porque en momentos como este nos sentimos más orgullosos que nunca de ser españoles.

Somos conscientes de las dificultades, pero también sabemos que el futuro no está escrito, que la espiral de violencia que muchos ya dan por sentada es absolutamente evitable y que la humanidad aún puede dejar atrás este integrismo de los ayatolás y también la miseria de la guerra. Algunos dirán que estamos solos en esta esperanza. Pero tampoco es verdad. El Gobierno de España está con quienes tiene que estar. Está con los valores que nuestros padres y abuelos fijaron en nuestra Constitución. España está con los principios fundacionales de la Unión Europea. Está con la Carta de las Naciones Unidas. Está con el derecho internacional y por tanto, está con la paz y la existencia pacífica entre países y su convivencia. Estamos, además con muchos otros gobiernos que piensan como nosotros y también con millones de ciudadanos y ciudadanas que en toda Europa, en Norteamérica y en Oriente Medio, lo que piden al mañana no es más guerra o más incertidumbre, sino más paz y más prosperidad. Porque lo primero solo beneficia a unos pocos y lo segundo nos beneficia a todos. Muchas gracias.