ENTREVISTA

Antonio Espino: “La codicia es el gran motor de la conquista de América”

La conquista y colonización de América inauguró la era imperial de España que se prolongó durante más de dos siglos. Ingentes cantidades de plata y otras riquezas fueron trasladadas a la península para financiar esa expansión imperial al servicio de la Corona. Sin embargo, muchos españoles desde entonces han escuchado lo que podríamos llamar una 'leyenda blanca' sobre esa invasión, por la que los latinoamericanos deberían estarnos agradecidos por haber ocupado sus territorios, como sostienen los adictos a la denuncia de la 'imperiofobia'.

El Prado oculta la violencia de la colonización cultural de América

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Antonio Espino (Córdoba, 1966), catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha escrito 'La invasión de América' –publicado por Arpa– para recordarnos algo que ya deberíamos tener claro. No fue un proyecto altruista y libertador, sino una empresa basada en conquistas militares con resultados atroces para la población indígena y la explotación posterior de sus recursos.

Apoyado en los testimonios de la época, Espino describe de forma gráfica las atrocidades cometidas en la conquista y las matanzas de centenares o miles de nativos para sofocar cualquier intento de resistencia, que además fueron conocidas muy pronto. “Matanzas de seres humanos, expoliaciones de hombres indefensos”, escribió Francisco de Vitoria en 1539.

Hace unos días, Isabel Díaz Ayuso hablaba en un discurso de los “dos milenios” de la historia de España. ¿Qué opinión merece a los historiadores este tipo de declaraciones?

Lógicamente nos echamos las manos a la cabeza porque es una intromisión muy grave en el conocimiento que se tiene actualmente sobre lo que es la historia de España. Es la típica declaración que sólo busca a los participantes de este tipo de ideología para que se recreen una vez más en la vieja idea que dice que la nación española es la más antigua de Europa. Evidentemente, también hay toda una línea de investigación o de supuesto trabajo histórico que insiste en que el reino visigodo de España es el primer reino realmente que se puede considerar como algo distinto a la época de Roma, y por lo tanto es el primer germen de una nación española.

Decía el historiador José Álvarez Junco hace unos días que la calidad del recuerdo que tenemos sobre nuestra historia es mala. ¿Conocemos bien nuestra historia?

La deberíamos conocer muchísimo mejor. Ese es uno de los grandes problemas, porque determinados políticos pueden realizar declaraciones con suma facilidad que halagan los oídos a las personas sin que estas tengan la más mínima base crítica para contrarrestar esas informaciones. Tenemos una muy mala gestión en general de la memoria y bastante mala gestión hasta hace poco tiempo de lo que ha sido la memoria histórica en este país. Y además hay mucha voluntad de mantener mitos históricos propios de la época franquista.

Obviamente tenemos una visión eurocéntrica del pasado y por eso hablamos del descubrimiento de América, como si no hubiera existido antes, como si las personas que vivían allí hace más de cinco siglos no supieran de su propia existencia. Lo que no podemos negar es que los descubrimientos acaban suponiendo una invasión.

Lo que quería reflejar en el libro es que nos tenemos que intentar poner en la piel del aborigen, en la piel del mal llamado indio. De entrada, definirlos como indios ya es un error terrible. Ponernos en su piel y pensar que lo que ellos tuvieron que percibir en primer lugar es que estaban siendo invadidos. En todo caso, el grupo conquistador tendría esa conciencia de que iban a conquistarlo. Desde la óptica americana, eso es una invasión en toda regla. De la misma manera que en determinados ambientes españoles actuales no han tenido ningún ningún problema en acusar a Putin de ser un invasor de Ucrania, pues con la misma lógica podríamos hablar de que existió una invasión de América.

Y no hay invasión sin violencia. Incluso sin violencia masiva, a nada que haya una cierta resistencia en el otro lado.

Es bastante inevitable. A lo largo de la historia todos los imperialismos, por definición, son imperialismos agresivos. Porque si te tienes que imponer sobre el otro a todos los niveles, no sólo a nivel militar, sino posteriormente a nivel social, económico, ideológico o religioso, la violencia está implícita de una forma más o menos brutal o visible. Cuando te tienes que imponer sobre grandes masas de personas y cuando ya te has asentado en el territorio y has empezado a controlarlo, vuelves a utilizar la violencia y el terror para evitar posibles rebeliones. Se usa el terror y la crueldad siempre que sea necesario y sin ningún titubeo.

¿Cuál es el origen del concepto de invasión sin imperialismo, sin reconocer la explotación económica de los recursos de América en favor de España? ¿Proviene del franquismo o es una realidad de esos mismos siglos en que tiene lugar la conquista?

Hay determinados agentes intelectuales que ya en el siglo XVI rechazan a figuras como el padre Bartolomé de las Casas y justifican que la presencia hispana en América se puede defender a todos los niveles. Lo que pasa es que parte de la historiografía positivista y romántica del siglo XIX empezó también a elaborar discursos que justifican esa presencia desde una óptica un poco más renovada, y en general intentando atacar a otros historiadores extranjeros que se hacen eco de la famosa leyenda negra. Enseguida llegamos a la época franquista y ahí sí que hay un intento muy serio de conseguir que tuviésemos una visión idealizada de la historia de España. La Reconquista, la unidad con los Reyes Católicos y la conquista de América son una especie de historia sagrada que no se puede mancillar ni tocar.

Es un imperialismo aplicado al caso de la conquista de América totalmente fuera de lo normal. Es un imperialismo sui generis, porque en lugar de extraer y explotar, en lugar de violentar a las poblaciones coloniales, se dice que lo que hace es aportarles conocimiento, civilización, tecnología, religión y un idioma moderno. Los conquistadores son presentados como libertadores de los pueblos oprimidos por otros pueblos salvajes que incluso se los están comiendo. La imagen tan extendida del mexica caníbal, de los sacrificios humanos, y además con ingesta de los cuerpos de los sacrificados, siempre mancillando la imagen y las prácticas religiosas del otro. Todo esto es una elaboración que en la época franquista se hizo de una forma muy fina para dejar fuera de cualquier debate todos esos elementos negativos que tuvo la invasión, en definitiva, la aplicación de un sistema colonial terrible, como lo han sido todos los sistemas coloniales.

Supongo que era la forma de convencer a la gente para que obviara la realidad de que los imperios de Carlos V y Felipe II utilizaron la plata de América para financiar el imperio en Europa. Es un hecho tan obvio que no lo puede negar nadie. Lo que uno se pregunta es cómo se compatibiliza eso con negar la explotación colonial de América.

Pues es una buena pregunta, porque es una realidad obvia que tuvo que haber explotación y además una explotación salvaje. El sistema colonial hispánico del XVI y XVII es un sistema muy duro. Toda la explotación terrible que padecen buena parte de las poblaciones americanas se traduce en el envío hacia Europa de grandes cantidades de metales preciosos. Eso no se consigue precisamente intentando convencer a la población americana de que trabajen dieciséis horas al día, seis días a la semana y sin una buena alimentación por el amor que tienen hacia Felipe II, Felipe III, por no hablar ya de Carlos I. Es obvio que hay una explotación durísima. Esa parte nunca se quiere ver.

Esto no es un fenómeno únicamente español. En Gran Bretaña hay encuestas que dicen que la mayoría de la población tiene una visión positiva del imperio británico con muy poca base en la realidad histórica.

Lo terrible del caso es que cuando uno hace este tipo de encuesta o se entera un poco del nivel de conocimientos históricos de la población británica, nos echamos las manos a la cabeza como nos podemos echar las manos a la cabeza con los ejemplos que podamos obtener de la sociedad española. La imagen de los británicos sobre su imperio está absolutamente distorsionada y no se sostiene históricamente. Son realidades paralelas. Yo he tenido alumnos de Erasmus en los últimos 25 años. A los belgas, les he preguntado directamente sobre sus conocimientos de la actuación de Leopoldo II en el Congo belga. No sabían nada.

Hay un ocultamiento deliberado del pasado histórico en los países que han tenido imperios.

Absolutamente todo el mundo que ha tenido imperios intenta ocultar bastante los aspectos negativos. En general se justifican diciendo que pudimos obtener una serie de ventajas económicas, pero, como dice la ideología británica imperialista con Rudyard Kipling, les aportamos civilización y modernidad. Lo que les aportas es explotación de carácter capitalista o precapitalista. Y esa realidad es la que siempre se oculta.

En el debate sobre la historia, se dice con frecuencia que no podemos utilizar las ideas de ahora para enjuiciar el pasado. Lo que ocurre, como cuenta en el libro, es que en el pasado ya había un intenso debate sobre esa violencia con participación de los cronistas de Indias y hombres de la Iglesia o del Estado.

Claro, precisamente eso demuestra que es una falacia. Se ha pretendido convencer a la sociedad actual de que no tiene capacidad para juzgar lo que sucedió hace cinco siglos, porque las cosas funcionaban de forma distinta y las ideologías eran las propias de la época. Entonces, tampoco desde mi presente puedo entender que personajes como Francisco Pizarro o Hernán Cortés aparezcan como si fuesen grandes héroes. Es decir, si desde mi presente no puedo atacar a estos personajes, tampoco desde mi presente puedo presentarlos como héroes, y los conquistadores han sido los grandes héroes promocionados por la época franquista. Partiendo de esa base, claro que en esa época había un debate y además un debate muy duro. El rey siempre acaba admitiendo que el indio pueda ser esclavizado y al mismo tiempo el mismo monarca cuando recibe determinados informes, y eso pasa con Carlos I o Felipe II, también reacciona, porque se dan cuenta de que se están cometiendo barbaridades. Vas a encontrar siempre esa dualidad.

Los testimonios de esa misma época no dejan lugar a dudas.

Realmente ahí hay algunas crónicas de las Indias increíbles. Ellos mismos se autocensuran y acaban diciendo que podríamos explicar muchas cosas más, lo que pasa es que no es conveniente que se hable tanto o dicen que ya no quiero cansar al lector explicando tantas barbaridades. Hay algunos cronistas que llegan a decir que no es propio de cristianos las cosas que estamos haciendo. Y luego habrá otro tipo de cronista que, una vez que ha leído a todos estos autores, procura realizar un discurso un poco más suave y justificador de las barbaridades. Hay un cierto maquillaje de lo que había acontecido casi a un siglo vista. Eso pasa con Antonio de Herrera, que es el cronista regio de finales del XVI. Cuando uno lo lee con calma y uno sabe perfectamente de qué fuentes ha ido bebiendo, uno entiende cómo va manipulando su escritura para dulcificar algunos hechos.

Hay otros muchos, sobre todo de la primera hora, que te están relatando los hechos de una forma mucho más cercana al acontecimiento, sin pulir sus sentimientos. Son mucho más francos al escribir. A veces se dan cuenta de la cantidad de información terrible que están dando y proponen frenar un poco. He encontrado alguna frase en ese sentido que decía: dejemos ya de explicar esto, porque realmente yo no soporto tener que explicar tantas barbaridades de mi gente.

En principio, deberíamos fiarnos más de los testimonios contemporáneos de la época. En el caso de la conquista de América hay un amplio soporte documental escrito por gente que vivió en ese tiempo.

Incluso en el caso de que sea un testimonio a 50, 60 o 70 años vista, también estos cronistas han consultado documentación generada en la propia época y han leído sobre todo testimonios de gente que fueron testigos directos de lo que aconteció. Eso ya lo hace Gonzalo Fernández de Oviedo, que es uno de los primeros cronistas y que estuvo en América. Los que están en la primera hora en América, aunque estén en algunos casos en la Corte, siempre reciben informaciones no escritas de gente que estuvo allá o escuchan testimonios de personas que estuvieron allí y que luego regresaron a la península.

Cita a Gonzalo Fernández de Oviedo. Hay una frase suya en la que dice que “lo que llamaban pacificar era gobernar y asolar y matar o destruir la tierra”. Llama la atención porque recuerda a la conocida frase de Tácito sobre las conquistas del imperio romano. “Donde crean un desierto lo llaman paz”.

Sí, es justamente eso. Y este hombre es un gran cronista de la primera época. Realmente las informaciones de Fernández de Oviedo son de primera clase, porque es un hombre que estuvo allí, conoció a muchísima gente y tenía voluntad de contactar con todos aquellos que le podían ofrecer información de primera mano. Fernández de Oviedo sabe perfectamente lo que ha pasado en la zona de Panamá, que es terrible. Sabe lo que ha pasado en las Antillas, en el Caribe y por lo tanto tiene que reaccionar.

En las visiones más favorables a la conquista, suelen sacar a colación las leyes aprobadas en España para que se diera un trato más humanitario a los nativos. Sostiene en el libro que no funcionaron.

Hay una gran cantidad de testimonios que dicen que las leyes no acaban de funcionar. Con Carlos I, en la época de las llamadas leyes nuevas de 1542, a los tres años de la proclamación de esas leyes, el propio rey tiene que derogar algunos elementos. Sencillamente no son aplicables al caso de América si no quieres que te ocurra lo que acabó ocurriendo en Perú, donde la aplicación de esas leyes de una manera muy estricta condujo al levantamiento de Gonzalo Pizarro y a otros cuatro años de guerras civiles con algunos aspectos terribles. No ya de matanza de aborígenes, es que se matan entre españoles. Es un elemento muy interesante y que otros imperialismos apenas han tenido. El imperialismo hispánico es tan agresivo, tan violento, que incluso genera guerras civiles. En Perú tenemos desde 1535 hasta 1554 tres fases de unas guerras civiles terribles para la época.

Esas leyes no acaban de funcionar. Las leyes de Burgos y Valladolid de 1512 y 1513 las tienen que rectificar en 1526. Las vuelven a rectificar en 1542. En 1550 en el debate famoso de Valladolid, con el padre De las Casas, se frenan las conquistas durante cinco años. Luego con Felipe II hay nuevas leyes en 1573. Y la cantidad de excepciones que se hacen a la aplicación de esas leyes del 73. Todas las leyes desde el año 12 o 13 marcan lo que he dicho antes. Los indios no pueden ser esclavizados. Y ahora empiezan las excepciones. Si son caníbales, se les puede esclavizar. Si se levantan en armas, se les podrá esclavizar. En Chile constantemente se está reclamando eso. El rey al final lo concede con Felipe II y luego ya Felipe III. La guerra de Chile es muy dura. Aquí hay que esclavizar a esta gente porque si no, los soldados que van a venir a pelear no tienen estímulos suficientes. Constantemente te están diciendo que si no se esclaviza a los indios, no hay estímulo para que esta guerra se pueda mantener. El estímulo económico es que la gente tenga un botín y el botín es hacer esclavos y venderlos.

Y en segundo lugar, los regímenes que se aplican a nivel económico en Perú, por ejemplo, con la mita, el trabajo obligatorio que hay que hacer puntualmente unos meses al año en las grandes minas. Eso es una situación de semiesclavitud. La cuestión de la encomienda, el reparto de mano de obra aborigen a determinados particulares para que los pongan a trabajar y de paso los civilicen. Ese régimen de encomienda es un régimen de semiesclavitud. Las leyes son también un ejercicio cosmético muy bonito y que sirven para determinados historiadores la ideología que ellos quieran defender. Ningún imperialismo desarrolló de una manera tan contundente, limpia y clara una voluntad por proteger a los indios, dicen. Vete a la documentación y verás que los hechos tiran por la borda esa argumentación. Y ya rizar el rizo es pretender que las tierras americanas dominadas por la monarquía hispánica no eran colonias. Dicen que eran reinos de Indias, que estaban en igualdad con los habitantes de la península. Jurídicamente tú los puedes llamar como te dé la gana, pero en la práctica el sistema colonial que impera en América es un sistema colonial terrible, extractivo y que tiene todas las características de cualquier otro imperialismo, es decir es sumamente salvaje y explotador.

Aunque haya muchos ejemplos de crueldad y sadismo en la conquista, lo que debe quedar claro es que todo esto se hacía para obtener un beneficio económico, tanto por parte de los soldados y sus jefes como por parte de la Corona.

Es una cuestión de codicia. La codicia es el gran motor de la llamada conquista. La codicia te hace atravesar el Atlántico donde te juegas la vida atravesando el mar. Te juegas la vida con el clima que te vas a encontrar allí. Te juegas la vida luchando contra esos aborígenes. Te juegas la vida de mil maneras y por lo tanto tiene que haber un estímulo tan terrible y brutal que hace que muchísimas personas que jamás lo hubieran contemplado cuando vivían en la península acaban siendo verdaderos sádicos o animales matando gente. Luego esa codicia se camufla de ideología cristiana, civilización y libertad. Pero lo que está en la base es la codicia y el deseo de enriquecerse.

La conquista y colonización de América inauguró la era imperial de España que se prolongó durante más de dos siglos. Ingentes cantidades de plata y otras riquezas fueron trasladadas a la península para financiar esa expansión imperial al servicio de la Corona. Sin embargo, muchos españoles desde entonces han escuchado lo que podríamos llamar una 'leyenda blanca' sobre esa invasión, por la que los latinoamericanos deberían estarnos agradecidos por haber ocupado sus territorios, como sostienen los adictos a la denuncia de la 'imperiofobia'.

El Prado oculta la violencia de la colonización cultural de América

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Antonio Espino (Córdoba, 1966), catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha escrito 'La invasión de América' –publicado por Arpa– para recordarnos algo que ya deberíamos tener claro. No fue un proyecto altruista y libertador, sino una empresa basada en conquistas militares con resultados atroces para la población indígena y la explotación posterior de sus recursos.

Apoyado en los testimonios de la época, Espino describe de forma gráfica las atrocidades cometidas en la conquista y las matanzas de centenares o miles de nativos para sofocar cualquier intento de resistencia, que además fueron conocidas muy pronto. “Matanzas de seres humanos, expoliaciones de hombres indefensos”, escribió Francisco de Vitoria en 1539.

Hace unos días, Isabel Díaz Ayuso hablaba en un discurso de los “dos milenios” de la historia de España. ¿Qué opinión merece a los historiadores este tipo de declaraciones?

Lógicamente nos echamos las manos a la cabeza porque es una intromisión muy grave en el conocimiento que se tiene actualmente sobre lo que es la historia de España. Es la típica declaración que sólo busca a los participantes de este tipo de ideología para que se recreen una vez más en la vieja idea que dice que la nación española es la más antigua de Europa. Evidentemente, también hay toda una línea de investigación o de supuesto trabajo histórico que insiste en que el reino visigodo de España es el primer reino realmente que se puede considerar como algo distinto a la época de Roma, y por lo tanto es el primer germen de una nación española.

Decía el historiador José Álvarez Junco hace unos días que la calidad del recuerdo que tenemos sobre nuestra historia es mala. ¿Conocemos bien nuestra historia?

La deberíamos conocer muchísimo mejor. Ese es uno de los grandes problemas, porque determinados políticos pueden realizar declaraciones con suma facilidad que halagan los oídos a las personas sin que estas tengan la más mínima base crítica para contrarrestar esas informaciones. Tenemos una muy mala gestión en general de la memoria y bastante mala gestión hasta hace poco tiempo de lo que ha sido la memoria histórica en este país. Y además hay mucha voluntad de mantener mitos históricos propios de la época franquista.

Obviamente tenemos una visión eurocéntrica del pasado y por eso hablamos del descubrimiento de América, como si no hubiera existido antes, como si las personas que vivían allí hace más de cinco siglos no supieran de su propia existencia. Lo que no podemos negar es que los descubrimientos acaban suponiendo una invasión.

Lo que quería reflejar en el libro es que nos tenemos que intentar poner en la piel del aborigen, en la piel del mal llamado indio. De entrada, definirlos como indios ya es un error terrible. Ponernos en su piel y pensar que lo que ellos tuvieron que percibir en primer lugar es que estaban siendo invadidos. En todo caso, el grupo conquistador tendría esa conciencia de que iban a conquistarlo. Desde la óptica americana, eso es una invasión en toda regla. De la misma manera que en determinados ambientes españoles actuales no han tenido ningún ningún problema en acusar a Putin de ser un invasor de Ucrania, pues con la misma lógica podríamos hablar de que existió una invasión de América.

Y no hay invasión sin violencia. Incluso sin violencia masiva, a nada que haya una cierta resistencia en el otro lado.

Es bastante inevitable. A lo largo de la historia todos los imperialismos, por definición, son imperialismos agresivos. Porque si te tienes que imponer sobre el otro a todos los niveles, no sólo a nivel militar, sino posteriormente a nivel social, económico, ideológico o religioso, la violencia está implícita de una forma más o menos brutal o visible. Cuando te tienes que imponer sobre grandes masas de personas y cuando ya te has asentado en el territorio y has empezado a controlarlo, vuelves a utilizar la violencia y el terror para evitar posibles rebeliones. Se usa el terror y la crueldad siempre que sea necesario y sin ningún titubeo.

¿Cuál es el origen del concepto de invasión sin imperialismo, sin reconocer la explotación económica de los recursos de América en favor de España? ¿Proviene del franquismo o es una realidad de esos mismos siglos en que tiene lugar la conquista?

Hay determinados agentes intelectuales que ya en el siglo XVI rechazan a figuras como el padre Bartolomé de las Casas y justifican que la presencia hispana en América se puede defender a todos los niveles. Lo que pasa es que parte de la historiografía positivista y romántica del siglo XIX empezó también a elaborar discursos que justifican esa presencia desde una óptica un poco más renovada, y en general intentando atacar a otros historiadores extranjeros que se hacen eco de la famosa leyenda negra. Enseguida llegamos a la época franquista y ahí sí que hay un intento muy serio de conseguir que tuviésemos una visión idealizada de la historia de España. La Reconquista, la unidad con los Reyes Católicos y la conquista de América son una especie de historia sagrada que no se puede mancillar ni tocar.

Es un imperialismo aplicado al caso de la conquista de América totalmente fuera de lo normal. Es un imperialismo sui generis, porque en lugar de extraer y explotar, en lugar de violentar a las poblaciones coloniales, se dice que lo que hace es aportarles conocimiento, civilización, tecnología, religión y un idioma moderno. Los conquistadores son presentados como libertadores de los pueblos oprimidos por otros pueblos salvajes que incluso se los están comiendo. La imagen tan extendida del mexica caníbal, de los sacrificios humanos, y además con ingesta de los cuerpos de los sacrificados, siempre mancillando la imagen y las prácticas religiosas del otro. Todo esto es una elaboración que en la época franquista se hizo de una forma muy fina para dejar fuera de cualquier debate todos esos elementos negativos que tuvo la invasión, en definitiva, la aplicación de un sistema colonial terrible, como lo han sido todos los sistemas coloniales.

Supongo que era la forma de convencer a la gente para que obviara la realidad de que los imperios de Carlos V y Felipe II utilizaron la plata de América para financiar el imperio en Europa. Es un hecho tan obvio que no lo puede negar nadie. Lo que uno se pregunta es cómo se compatibiliza eso con negar la explotación colonial de América.

Pues es una buena pregunta, porque es una realidad obvia que tuvo que haber explotación y además una explotación salvaje. El sistema colonial hispánico del XVI y XVII es un sistema muy duro. Toda la explotación terrible que padecen buena parte de las poblaciones americanas se traduce en el envío hacia Europa de grandes cantidades de metales preciosos. Eso no se consigue precisamente intentando convencer a la población americana de que trabajen dieciséis horas al día, seis días a la semana y sin una buena alimentación por el amor que tienen hacia Felipe II, Felipe III, por no hablar ya de Carlos I. Es obvio que hay una explotación durísima. Esa parte nunca se quiere ver.

Esto no es un fenómeno únicamente español. En Gran Bretaña hay encuestas que dicen que la mayoría de la población tiene una visión positiva del imperio británico con muy poca base en la realidad histórica.

Lo terrible del caso es que cuando uno hace este tipo de encuesta o se entera un poco del nivel de conocimientos históricos de la población británica, nos echamos las manos a la cabeza como nos podemos echar las manos a la cabeza con los ejemplos que podamos obtener de la sociedad española. La imagen de los británicos sobre su imperio está absolutamente distorsionada y no se sostiene históricamente. Son realidades paralelas. Yo he tenido alumnos de Erasmus en los últimos 25 años. A los belgas, les he preguntado directamente sobre sus conocimientos de la actuación de Leopoldo II en el Congo belga. No sabían nada.

Hay un ocultamiento deliberado del pasado histórico en los países que han tenido imperios.

Absolutamente todo el mundo que ha tenido imperios intenta ocultar bastante los aspectos negativos. En general se justifican diciendo que pudimos obtener una serie de ventajas económicas, pero, como dice la ideología británica imperialista con Rudyard Kipling, les aportamos civilización y modernidad. Lo que les aportas es explotación de carácter capitalista o precapitalista. Y esa realidad es la que siempre se oculta.

En el debate sobre la historia, se dice con frecuencia que no podemos utilizar las ideas de ahora para enjuiciar el pasado. Lo que ocurre, como cuenta en el libro, es que en el pasado ya había un intenso debate sobre esa violencia con participación de los cronistas de Indias y hombres de la Iglesia o del Estado.

Claro, precisamente eso demuestra que es una falacia. Se ha pretendido convencer a la sociedad actual de que no tiene capacidad para juzgar lo que sucedió hace cinco siglos, porque las cosas funcionaban de forma distinta y las ideologías eran las propias de la época. Entonces, tampoco desde mi presente puedo entender que personajes como Francisco Pizarro o Hernán Cortés aparezcan como si fuesen grandes héroes. Es decir, si desde mi presente no puedo atacar a estos personajes, tampoco desde mi presente puedo presentarlos como héroes, y los conquistadores han sido los grandes héroes promocionados por la época franquista. Partiendo de esa base, claro que en esa época había un debate y además un debate muy duro. El rey siempre acaba admitiendo que el indio pueda ser esclavizado y al mismo tiempo el mismo monarca cuando recibe determinados informes, y eso pasa con Carlos I o Felipe II, también reacciona, porque se dan cuenta de que se están cometiendo barbaridades. Vas a encontrar siempre esa dualidad.

Los testimonios de esa misma época no dejan lugar a dudas.

Realmente ahí hay algunas crónicas de las Indias increíbles. Ellos mismos se autocensuran y acaban diciendo que podríamos explicar muchas cosas más, lo que pasa es que no es conveniente que se hable tanto o dicen que ya no quiero cansar al lector explicando tantas barbaridades. Hay algunos cronistas que llegan a decir que no es propio de cristianos las cosas que estamos haciendo. Y luego habrá otro tipo de cronista que, una vez que ha leído a todos estos autores, procura realizar un discurso un poco más suave y justificador de las barbaridades. Hay un cierto maquillaje de lo que había acontecido casi a un siglo vista. Eso pasa con Antonio de Herrera, que es el cronista regio de finales del XVI. Cuando uno lo lee con calma y uno sabe perfectamente de qué fuentes ha ido bebiendo, uno entiende cómo va manipulando su escritura para dulcificar algunos hechos.

Hay otros muchos, sobre todo de la primera hora, que te están relatando los hechos de una forma mucho más cercana al acontecimiento, sin pulir sus sentimientos. Son mucho más francos al escribir. A veces se dan cuenta de la cantidad de información terrible que están dando y proponen frenar un poco. He encontrado alguna frase en ese sentido que decía: dejemos ya de explicar esto, porque realmente yo no soporto tener que explicar tantas barbaridades de mi gente.

En principio, deberíamos fiarnos más de los testimonios contemporáneos de la época. En el caso de la conquista de América hay un amplio soporte documental escrito por gente que vivió en ese tiempo.

Incluso en el caso de que sea un testimonio a 50, 60 o 70 años vista, también estos cronistas han consultado documentación generada en la propia época y han leído sobre todo testimonios de gente que fueron testigos directos de lo que aconteció. Eso ya lo hace Gonzalo Fernández de Oviedo, que es uno de los primeros cronistas y que estuvo en América. Los que están en la primera hora en América, aunque estén en algunos casos en la Corte, siempre reciben informaciones no escritas de gente que estuvo allá o escuchan testimonios de personas que estuvieron allí y que luego regresaron a la península.

Cita a Gonzalo Fernández de Oviedo. Hay una frase suya en la que dice que “lo que llamaban pacificar era gobernar y asolar y matar o destruir la tierra”. Llama la atención porque recuerda a la conocida frase de Tácito sobre las conquistas del imperio romano. “Donde crean un desierto lo llaman paz”.

Sí, es justamente eso. Y este hombre es un gran cronista de la primera época. Realmente las informaciones de Fernández de Oviedo son de primera clase, porque es un hombre que estuvo allí, conoció a muchísima gente y tenía voluntad de contactar con todos aquellos que le podían ofrecer información de primera mano. Fernández de Oviedo sabe perfectamente lo que ha pasado en la zona de Panamá, que es terrible. Sabe lo que ha pasado en las Antillas, en el Caribe y por lo tanto tiene que reaccionar.

En las visiones más favorables a la conquista, suelen sacar a colación las leyes aprobadas en España para que se diera un trato más humanitario a los nativos. Sostiene en el libro que no funcionaron.

Hay una gran cantidad de testimonios que dicen que las leyes no acaban de funcionar. Con Carlos I, en la época de las llamadas leyes nuevas de 1542, a los tres años de la proclamación de esas leyes, el propio rey tiene que derogar algunos elementos. Sencillamente no son aplicables al caso de América si no quieres que te ocurra lo que acabó ocurriendo en Perú, donde la aplicación de esas leyes de una manera muy estricta condujo al levantamiento de Gonzalo Pizarro y a otros cuatro años de guerras civiles con algunos aspectos terribles. No ya de matanza de aborígenes, es que se matan entre españoles. Es un elemento muy interesante y que otros imperialismos apenas han tenido. El imperialismo hispánico es tan agresivo, tan violento, que incluso genera guerras civiles. En Perú tenemos desde 1535 hasta 1554 tres fases de unas guerras civiles terribles para la época.

Esas leyes no acaban de funcionar. Las leyes de Burgos y Valladolid de 1512 y 1513 las tienen que rectificar en 1526. Las vuelven a rectificar en 1542. En 1550 en el debate famoso de Valladolid, con el padre De las Casas, se frenan las conquistas durante cinco años. Luego con Felipe II hay nuevas leyes en 1573. Y la cantidad de excepciones que se hacen a la aplicación de esas leyes del 73. Todas las leyes desde el año 12 o 13 marcan lo que he dicho antes. Los indios no pueden ser esclavizados. Y ahora empiezan las excepciones. Si son caníbales, se les puede esclavizar. Si se levantan en armas, se les podrá esclavizar. En Chile constantemente se está reclamando eso. El rey al final lo concede con Felipe II y luego ya Felipe III. La guerra de Chile es muy dura. Aquí hay que esclavizar a esta gente porque si no, los soldados que van a venir a pelear no tienen estímulos suficientes. Constantemente te están diciendo que si no se esclaviza a los indios, no hay estímulo para que esta guerra se pueda mantener. El estímulo económico es que la gente tenga un botín y el botín es hacer esclavos y venderlos.

Y en segundo lugar, los regímenes que se aplican a nivel económico en Perú, por ejemplo, con la mita, el trabajo obligatorio que hay que hacer puntualmente unos meses al año en las grandes minas. Eso es una situación de semiesclavitud. La cuestión de la encomienda, el reparto de mano de obra aborigen a determinados particulares para que los pongan a trabajar y de paso los civilicen. Ese régimen de encomienda es un régimen de semiesclavitud. Las leyes son también un ejercicio cosmético muy bonito y que sirven para determinados historiadores la ideología que ellos quieran defender. Ningún imperialismo desarrolló de una manera tan contundente, limpia y clara una voluntad por proteger a los indios, dicen. Vete a la documentación y verás que los hechos tiran por la borda esa argumentación. Y ya rizar el rizo es pretender que las tierras americanas dominadas por la monarquía hispánica no eran colonias. Dicen que eran reinos de Indias, que estaban en igualdad con los habitantes de la península. Jurídicamente tú los puedes llamar como te dé la gana, pero en la práctica el sistema colonial que impera en América es un sistema colonial terrible, extractivo y que tiene todas las características de cualquier otro imperialismo, es decir es sumamente salvaje y explotador.

Aunque haya muchos ejemplos de crueldad y sadismo en la conquista, lo que debe quedar claro es que todo esto se hacía para obtener un beneficio económico, tanto por parte de los soldados y sus jefes como por parte de la Corona.

Es una cuestión de codicia. La codicia es el gran motor de la llamada conquista. La codicia te hace atravesar el Atlántico donde te juegas la vida atravesando el mar. Te juegas la vida con el clima que te vas a encontrar allí. Te juegas la vida luchando contra esos aborígenes. Te juegas la vida de mil maneras y por lo tanto tiene que haber un estímulo tan terrible y brutal que hace que muchísimas personas que jamás lo hubieran contemplado cuando vivían en la península acaban siendo verdaderos sádicos o animales matando gente. Luego esa codicia se camufla de ideología cristiana, civilización y libertad. Pero lo que está en la base es la codicia y el deseo de enriquecerse.

La conquista y colonización de América inauguró la era imperial de España que se prolongó durante más de dos siglos. Ingentes cantidades de plata y otras riquezas fueron trasladadas a la península para financiar esa expansión imperial al servicio de la Corona. Sin embargo, muchos españoles desde entonces han escuchado lo que podríamos llamar una 'leyenda blanca' sobre esa invasión, por la que los latinoamericanos deberían estarnos agradecidos por haber ocupado sus territorios, como sostienen los adictos a la denuncia de la 'imperiofobia'.

El Prado oculta la violencia de la colonización cultural de América

Saber más

Antonio Espino (Córdoba, 1966), catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha escrito 'La invasión de América' –publicado por Arpa– para recordarnos algo que ya deberíamos tener claro. No fue un proyecto altruista y libertador, sino una empresa basada en conquistas militares con resultados atroces para la población indígena y la explotación posterior de sus recursos.