Estallido de violencia racista en Ceuta: grupos organizados atacan a migrantes y vecinos musulmanes
La imagen de un vecino con la cara ensangrentada y varios puntos de sutura en la nariz tras ser agredido por manifestantes, los contenedores quemados o miles de personas migrantes huyendo de la Playa del Trampolín ante la llegada de una protesta de cientos de locales decididos a destrozar sus tiendas de campaña. Son algunas de las escenas que deja el brote de violencia, especialmente virulento en las últimas 48 horas, en la ciudad autónoma de Ceuta. Quedadas para cortar suministros a los extranjeros, incluso para hacer batidas y sacarlos de los barrios haciendo uso de la fuerza se han hecho comunes en grupos de WhatsApp de las barriadas. En ellos proponen “llegar hasta la muerte”.
Ya al día siguiente de la entrada en Ceuta desde Marruecos de varias decenas de miles de migrantes aparecieron comportamientos violentos. Una manifestación bajo la premisa de “defender Ceuta” acabó en persecución por el centro de la localidad a los magrebíes que acababan de llegar. Algunos llegaron incluso a lanzarles piedras, teniendo que intervenir la Policía Nacional. El hostigamiento a los que cruzaron el Tarajal se repitió el 1 de agosto, con la ciudad aún repleta de personas y los comercios cerrados.
El regreso voluntario —aunque con la colaboración de Ejército y Policía Nacional— de la gran mayoría de quienes habían flanqueado la frontera a nado o directamente a pie por el espigón el 31 de julio parecía dar un pequeño respiro y las muestras de violencia en las calles desaparecieron, aunque por poco tiempo. El Gobierno central habló de vuelta a la normalidad, algo que crispó los ánimos de los vecinos, pues aún quedaban en Ceuta más de 10.000 personas de la entrada. Las Fuerzas Armadas fueron sacándolos del centro de la localidad, único espacio donde en el último mes los residentes han podido mantener una cierta rutina en su vida. Las personas del África subsahariana y unos cientos de magrebíes fueron a parar al campamento de la Playa del Trampolín.
Niños con madres y personas de Marruecos quedaron en los barrios de la periferia, repartidos sobre todo entre Sidi Embarek y Príncipe Felipe —donde los propios vecinos montaron espacios seguros para mujeres y niñas— y Hadú. Durante días la situación pareció no avanzar, con escenas de calles repletas de migrantes e imágenes de locales afirmando que sentían inseguridad. “No podemos salir a la calle”, repetían desde la calle numerosas personas entrevistadas en programas en directo, asociando delincuencia con la totalidad de los migrantes.
La promesa del Gobierno de retornar a todos sin excepción, un extremo que se sabía imposible legalmente porque muchos son solicitantes de asilo y otros son menores que no pueden ser repatriados salvo que su interés superior así lo aconseje, caló en el ideario de los vecinos, que esperaban una rápida vuelta a Marruecos de las personas que entraron por el Tarajal. La realidad demostró con el paso de los días que eso no sucedería y que la cosa iba para largo. El acuerdo entre administraciones para levantar cuatro nuevos emplazamientos donde acoger a una cifra inicial de 1.500 personas no llegó hasta el 17 de agosto. Casi un mes después de los hechos, el Gobierno constituyó un mando único dirigido por el ministro Ángel Víctor Torres. Él mismo apuntó este jueves en el Congreso que no podrá enviarse de vuelta a todos los migrantes y que desde luego la ley impide hacerlo de forma instantánea como pide el Gobierno local y la derecha nacional.
Entretanto, los mensajes de odio corren como la pólvora en redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea. El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe) detectó durante las 48 horas posteriores a la llegada de los migrantes 9.590 mensajes de odio relacionadas con este episodio. Los comentarios de las publicaciones de medios de comunicación locales en páginas como Facebook también aparecen plagadas de insultos, tanto hacia las personas migrantes como hacia el Ejecutivo de España. En muchas ocasiones, también hacia el delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, una de las principales dianas de los manifestantes, que suelen proferir insultos contra él en cada una de las protestas que acaban en la plaza de los Reyes, sede del organismo.
Tras la primera semana de crisis humanitaria, los representantes de las cuatro culturas con representación en Ceuta —cristianos, musulmanes, hindúes y judíos— convocaron una manifestación en la plaza de la Constitución en la que volvieron a evidenciarse comportamientos hostiles hacia medios de comunicación, insultos al Ejecutivo y hacia los migrantes. El presidente de la ciudad, Juan Vivas, acabó subido al escenario y se dio un baño de masas, coreado por las alrededor de dos mil personas presentes.
Una escena que se ha repetido en muchas de las concentraciones, con los protestantes incluso acabando su recorrido en la casa del dirigente al grito de “presidente, presidente” o con el mandatario cantando “fuera invasores” junto a los vecinos delante de la Asamblea. Este miércoles, antes de acudir al Trampolín, donde las reyertas se multiplicaron, los vecinos acompañaron al líder local a su domicilio y le despidieron con abrazos, cuando minutos antes en una comparecencia había mostrado su apoyo público a las manifestaciones, pero pidiéndoles que evitaran la violencia.
Desde el domingo 9, la indignación de los vecinos fue en aumento ante la sensación de inacción por parte de las Administraciones. Mientras Vivas insistía en culpar al Gobierno central y Madrid empezaba a deslizar falta de colaboración por parte de la ciudad autónoma, los vecinos de la periferia estallaban, dando un ultimátum. Si el 18 de agosto no habían recibido respuesta por parte de los ejecutivos (central y local), cogerían a las personas alojadas en los campamentos de sus barriadas y las bajarían “al centro”.
Finalmente, el delegado del Gobierno trasladó a los afectados que habilitarían un espacio en el embolsamiento cerca de la frontera y otro en la Hípica para acoger a las personas de los asentamientos de Sidi Embarek, el Príncipe y también a quienes deambulaban por Loma Colmenar. Dando por buena la medida, los representantes de los barrios cargaron duramente contra la Ciudad por mantener, a su juicio una política de “dos Ceutas”, centro y periferia, que asociaban a un cierto racismo estructural.
La suma de dos hechos acabó por prender la mecha de las reyertas que desde el martes se viven cada tarde en Ceuta. El primero, que al final miles de migrantes del Trampolín fueran llevados a los campamentos, en vez de quienes estaban en los asentamientos de las barriadas; y el segundo, los comentarios de los residentes en la periferia sobre la actitud de quienes viven en la zona noble de la localidad. Cada vez que se filtraba la ubicación de un nuevo espacio para acoger a migrantes, los vecinos salían a la calle a protestar y la Delegación daba marcha atrás. Por su parte, en Loma Colmenar, las movilizaciones fueron diarias una vez vieron que quienes usaban las tiendas montadas por el Ministerio de Migraciones eran quienes hasta el momento habitaban el Trampolín.
Volvieron entonces los anuncios de manifestaciones masivas desde distintos puntos de la localidad, casi a la par que se anunciaba finalmente el mando único y aparecía filtrado el borrador del real decreto que recogía los espacios que podrían servir como punto de acogida para migrantes. Los había en casi toda la ciudad y escocían especialmente entre los vecinos los polideportivos y los cuarteles situados cerca de viviendas, así como la antigua Fábrica de Harinas. Cada barriada o cada dos, en caso de las más pequeñas, se juntaron en grupos de WhatsApp. Un canal por el que empezaron a correr los bulos, como el de un posible confinamiento, o muchos relacionados con supuestas acciones delictivas por parte de migrantes.
elDiario.es ha podido ver de primera mano el contenido de algunos de estos grupos en los que los participantes organizan directamente batidas para “cazar” migrantes y “sacarlos” de sus barrios. También planean en ellos el corte de suministros y distintas clases de acciones de boicot, incluso a establecimientos locales. De hecho, existe una lista de tiendas y bares marcados por vender productos a los extranjeros, darles agua o dejarles cargar el móvil a los que piden no se acuda. Aunque no todos los participantes son violentos. Algunos llaman a evitar lanzamientos de pintura o de huevos, algo que en los últimos dos días sí ha sucedido.
El martes, en una enorme manifestación que recorrió toda la localidad, varios periodistas fueron agredidos y migrantes hostigados. Días atrás, un cámara local también había sido golpeado por un protestante a la puerta del Ayuntamiento: “Pensé que eras un mena”, dijo para justificarse tras pegar al joven musulmán.
El miércoles y el jueves llegó el pico de violencia. Ayer varias personas más fueron agredidas, no solo periodistas. Un civil acabó con la nariz rota a manos de otro vecino y comentaba este jueves, con varios puntos de sutura en la cara, que teme salir a la calle, “no por los migrantes” sino por sus propios vecinos. La agitación fue en aumento desde que los manifestantes dejaron la plaza de los Reyes tras insistir en la devolución inmediata de los migrantes y en insultar al delegado y al Gobierno central. Se dirigieron hacia la playa del Trampolín y, por el camino, se enfrentaron a extranjeros, lanzaron huevos a un taxista musulmán y forzaron el cierre de un negocio que tenía en su terraza a algunas personas magrebíes.
Una vez en el arenero que ha servido de asentamiento desde el día posterior a la entrada, optaron por correr hacia los migrantes, que huyeron inmediatamente al ver llegar a la turba, y destrozaron sus tiendas de campaña y las estructuras creadas con palos a modo de techumbre improvisada. La Policía Nacional acabó por conducirlos fuera del lugar, pero muchos, ya con la cara tapada, continuaron sus batidas por las barriadas quemando contenedores.
Los momentos de tensión han vuelto este jueves con decenas de personas tratando de evitar que las personas que viven en el Trampolín pudieran recibir alimentos. El boicot al reparto de Cruz Roja no surtió efecto gracias a la intervención policial. Los protestantes optaron entonces por violentar a las personas allí asentadas y quemar sus pertenencias.
El Gobierno llama a la calma
Desde el Gobierno han intentado calmar las aguas tras los altercados dirigidos contra las personas que viven en la playa del Trampolín y también las detenciones de doce migrantes por participar presuntamente en una agresión que causó heridas a cuatro militares en la zona de Benzú. Primero lo ha hecho el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, asegurando ante el Congreso que el Estado “está volcado para devolver cuanto antes la normalidad a la ciudad autónoma de Ceuta” y llamando a evitar “cualquier discurso racista o xenófobo”. Luego ha sido el turno de Ángel Víctor Torres, que ha asumido el mando único de la gestión de la crisis en Ceuta, pidiendo a PP y Vox que se sumen “a un mensaje claro” de “no a la violencia” ante la escalada de la tensión en la ciudad autónoma.
Lejos de intentar calmar los ánimos, desde el PP han elevado el tono. El portavoz nacional del partido, Borja Sémper, ha pedido “no señalar a la gente” tras ser preguntado por la posibilidad de que los ciudadanos “se tomen la justicia por su mano” y “empeore” la situación. “Lo que nos preocupa es que la gente en Ceuta está desesperada. Lo que nos preocupa es que haya mucha gente que cree que el Estado no le está respondiendo, que cale la sensación de que las autoridades y que el servicio público, y, por lo tanto, el Estado, es incapaz de resolver las crisis que enfrentan. Esto es lo verdaderamente preocupante. No hay que señalar a la gente. Lo que hay que señalar es a quienes gobiernan”, ha respondido.
Sobre el ataque contra la agresión a cuatro militares, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, se ha pronunciado en su cuenta de Twitter: “¿A qué espera el Gobierno? ¿A que haya una desgracia? O peor, ¿a aprovecharla políticamente?”. La dirigente popular Cuca Gamarra también ha desdeñado los llamamientos a la calma y ha asegurado que mientras a los vecinos “les piden paciencia” los que se están “tomando una cerveza en una terraza son los que invadieron su ciudad”. “Mucha paciencia han tenido. Se trata de que ustedes empiecen a actuar con responsabilidad”, ha espetado al ministro de Presidencia, Félix Bolaños.
Las palabras del PP de este jueves llegan después de semanas en las que han intentado expandir mensajes deshumanizadores hacia las personas migrantes y señalar a todos los llegados a Ceuta, sin distinción, como potenciales delincuentes y portadores de enfermedades. También han pedido, desde el primer momento, que todos sean deportados, pese a que eso incumple la ley, que obliga a realizar un proceso garantista para los menores de edad y las personas solicitantes de asilo.