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Irlanda respira. El acuerdo de Nochebuena salva el acuerdo del Viernes Santo

Irlanda respira. El acuerdo de Nochebuena salva el acuerdo del Viernes Santo
Dublín —

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Dublín, 25 dic (EFE).- Casi cinco años después del shock causado por el referéndum del Brexit, Irlanda respira aliviada. Su principal socio comercial y vecino más próximo, el Reino Unido, abandona la Unión Europea (UE) con un acuerdo que evita un divorcio salvaje.

Desde el comienzo de esta separación, el Gobierno de Dublín ha contado, no obstante, con el apoyo de Bruselas y sus socios comunitarios, pues tenía mucho que perder con una salida desordenada.

La solidaridad de los Veintisiete ha servido como una advertencia para Londres durante las negociaciones, pues dejaba claro que el bloque defendería los intereses de todos sus miembros, incluidos los de una pequeña isla de poco más de 4 millones de habitantes situada en los márgenes del continente.

Así, al mismo tiempo, Bruselas enviaba un mensaje claro a otros socios tentados a seguir el ejemplo de la díscola Albión en tiempos de políticos populistas: "salir del club comunitario no es una tarea fácil".

Por ello, tampoco faltaron voces en Irlanda que decían que, llegado el momento, Bruselas daría prioridad a los intereses generales de la UE sobre los de este país, abriendo incluso la puerta a un debate sobre la conveniencia de su salida del bloque, el utópico Irexit.

La primera prueba sobre la solidez de este compromiso llegó con el asunto de la frontera entre la provincia británica de Irlanda del Norte y la República de Irlanda, la única barrera terrestre que quedará en pie entre el Reino Unido y la UE tras el Brexit.

Esa divisoria, de más de 500 kilómetros, ha permanecido invisible desde la firma de los acuerdo de paz del Viernes Santo, el texto que puso fin al sangriento conflicto norirlandés.

La libertad de movimientos entre hermanos del norte y sur de la isla, el tránsito ininterrumpido de bienes y servicios, la ausencia de infraestructuras fronterizas físicas han sido clave para afianzar el proceso democrático. Para garantizar el fin de la violencia y la reconciliación entre las dos comunidades históricamente enfrentadas, la católica-nacionalista y la protestante-unionista.

Y para generar también una economía panirlandesa, transfronteriza y altamente interconectada. La profesora que da clases en una escuela norirlandesa tiene su residencia en irlanda; la leche de las vacas que pastan en el norte se procesa en una fábrica del sur; etcétera.

Los ejemplos sobre esta relación especial son numerosos y el Brexit salvaje amenazaba con hacer saltar por los aires este trabajado y delicado equilibrio de fuerzas sociales, económicas y políticas.

Además de Bruselas, Dublín han contado para el asunto de la frontera con el apoyo de Washington -más claro el de los demócratas que el del Donald Trump, entusiasta de un Brexit duro-, pues sucesivas administraciones han estado siempre muy involucradas en el proceso de paz.

EL PUZZLE DIFÍCIL DE ENCAJAR

El puzzle, sin embargo, no era fácil de encajar. El Reino Unido reiteró desde el principio que saldría del mercado único comunitario y la unión aduanera para poder firmar otros acuerdos comerciales alrededor del mundo.

La UE, en consecuencia, se vio obligado a diseñar un plan para proteger el mercado interior frente la puerta de entrada de la frontera norirlandesa, pero sin alterar su invisibilidad.

La solución ha estado en un complejo mecanismo de seguridad llamado Protocolo Irlandés, incluido en el Acuerdo de Salida que Londres y Bruselas pactaron en octubre de 2019 y que entró en vigor en febrero pasado, el texto que fija los términos de "la salida ordenada del Reino Unido de la UE", según reza el documento.

El Brexit, sin embargo, ha marcado sus propios tiempos y la llegada del Boris Johnson a la jefatura del Gobierno británico en julio ha añadido incertidumbre a la negociación sobre la relación comercial que tendrán las dos partes tras este divorcio.

El líder conservador estaba dispuesto a cerrar el periodo de transición del Brexit, que concluye el 31 de diciembre, sin un acuerdo, lo que hubiese resultado catastrófico para la economía de Irlanda, muy castigada ya por la pandemia de coronavirus.

La crisis sanitaria también ha dañado a las finanzas británicas y, quizá, ha provocado algo de vértigo en Downing Street para no dar ese salto al vacío que Boris, con bravuconería, decía que estaba dispuesto a dar.

EL ACUERDO DE NOCHEBUENA

Asimismo, el final de 2020 ha llevado a la Casa Blanca a un nuevo inquilino. El demócrata Joe Biden presume de sus raíces irlandesas y ha dejado claro desde el principio que cualquier pacto comercial debía respetar los contenidos de los acuerdos de paz de 1998 y evitar el retorno de una frontera dura.

Con este nuevo acuerdo pos-Brexit, el Protocolo Irlandés sigue intacto. Implica que Irlanda del Norte seguirá alineada en ciertas áreas con las normas del mercado único y la unión aduanera, a fin de mantener abierta la frontera con el sur.

Irlanda respira tranquila. El acuerdo del Viernes Santo está a salvo gracias al pacto del Brexit, que por aquí ya empiezan a llamar acuerdo de Nochebuena, el mejor regalo para esta Navidades pandémicas.

Javier Aja

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Publicado el
25 de diciembre de 2020 - 11:44 h

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