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La Pasión según Espadas

Sevilla —

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Sevilla, 13 jun (EFE).- Como en una procesión de la Semana Santa que tanto añora Sevilla por culpa de la pandemia, Juan Espadas se paseó este domingo, que para él ha sido de Pasión, de Semana Grande sevillana, a hombros simbólicos de los militantes socialistas camino de la sede regional de su partido, en un cortejo que no arrancó hasta que el capataz marcó una cifra mágica para él: 55 %.

La diferencia de votos que Espadas ha sacado a Susana Díaz no la esperaban ni los más optimistas de la candidatura del alcalde de Sevilla ni los más pesimistas de la de la secretaria general, que basaban -estos últimos- toda su esperanza en apretar los porcentajes para ir a una segunda vuelta el próximo domingo, ya sin los sufragios que les pudiera quitar el hombre tranquilo de esta película, Luis Ángel Hierro.

Hierro llegó casi solo a la sede del PSOE a las ocho y cuarto de la tarde. Lo del hombre tranquilo le viene al dedillo, como a John Wayne en aquella película de John Ford en la que al protagonista solo le sacaba de quicio Maureen O’Hara, pero la O´Hara de este telefilm andaluz no alteró la vida de este hombre que, tras terminar la rueda de prensa pidió, sin pedirlo, la dimisión de Susana Díaz, y anunció sin reparo alguno que se toma una pausa en una vida política que no necesita para nada.

Volviendo a la procesión de Espadas, no puede estar más acertado un mensaje de su equipo de prensa para avisar de la llegada a la sede socialista: “Ya viene por La Campana”.

Los que gusten de sabores cofrades sevillanos saben que pocos puntos huelen más a incienso que esa zona de la ciudad, donde se inicia la carrera oficial de las procesiones de Semana Santa, y donde el alcalde de Sevilla cogió carrera este domingo para pasar por encima de Susana Díaz sin despeinarse y comenzar a probarse el traje de candidato a la Junta.

Mientras Espadas seguía su baño de multitudes espadistas por las calles de su Sevilla, en la puerta de la sede regional socialista de la calle San Vicente se saludaban dos de sus interventores con un sospechoso “qué alivio”.

Qué había alterado la paz de esos interventores era un misterio, igual que lo es cómo Susana Díaz sonreía de forma forzada ante la prensa valorando unos resultados que más que una derrota interpretaba como una muestra de cariño de los militantes.

La política tiene tantas valoraciones casi como votantes, e igual que Díaz sonreía por fuera pero no por dentro, la sonrisa de Espadas no se podía disimular cuando a las 22:40 horas llegó a la sede regional, con un “casi no llego” para la galería, porque ni se quería cruzar con Susana ni quería llegar antes que ella.

Todo estaba medido para que el ganador compareciese en un mitin más que en una rueda de prensa, diciendo que Susana tiene que dimitir sin decirlo, diciendo que va a desmantelar el grupo parlamentario pero también sin decirlo, y aludiendo al “morbo periodístico” (sic) cuando no quería hablar en claro lo que mascullaba en la mente.

Cuando casi daban las once y cuarto de la noche, en el patio para la prensa de la sede regional había cinco militantes por cada periodista. Como en los velatorios de los pueblos, todos querían que Espadas supiese que habían estado allí, aunque para eso hubiese que aguantar una sensación térmica de 40 grados y olvidarse de una cosa llamada protocolo covid.

Pero por encima del olor a humedad que en ese patio rezumaba, en la sede del PSOE andaluz olía esta noche a mudanza. Lo de la fraternidad que Espadas pregonaba al inicio de su discurso se fue borrando según avanzaba una charla en la que, claramente, pedía las llaves de la sede socialista a Susana para hacer una copia para los “espadistas que le acompañaban.

Se escuchó un “ahí llega el camión de la mudanza” cuando pasó un vehículo cerca de la calle San Vicente de Sevilla, aunque los socialistas de “toda la vida” de la sede regional estaban este domingo para todo menos para bromas.

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