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Cultura y arte para la infancia, ¿derecho o privilegio?

Hace unos días llevé a mi sobrino de 3 años a ver una obra de teatro infantil. La entrada costaba 7€, así que disfrutar de esa hora juntos supuso 14€. La sala a la que fuimos estaba cerca de casa, de no ser así habría que haberle sumado billetes de autobús o metro, y nos hubiésemos puesto en los 17€.

Mi sobrino aún no lo sabe, pero pronto descubrirá el privilegio de su situación. Está creciendo en un entorno familiar y social que intenta siempre acercarle a actividades donde el arte y la cultura le ayuden a desarrollar su creatividad, ampliar sus conocimientos, mejorar su sociabilidad y completar su formación educativa en el futuro. Muchas otras niñas y niños que viven en su misma ciudad no podrán vivir esa experiencia. Y es que para muchos padres y madres el gasto de esa entrada para visitar el museo es imposible en el contexto de su economía familiar. Incluso el precio de un billete de autobús que les llevase hasta allí no está dentro de las posibilidades de gasto de muchas familias.

Las prioridades son otras, los gastos básicos son difíciles de cubrir, y las familias deben anteponer la alimentación, la compra de material escolar o las pilas de un audífono a la visita a un museo. No queda espacio para la cultura y el arte.

El informe sobre pobreza educativa “Iluminando el futuro. Invertir en educación es luchar contra la pobreza infantil” de Save the Children señala que esta también tiene una relación directa con la falta de oportunidades en el entorno en el que viven las niñas y niños. En este sentido, las actividades culturales y artísticas son una parte esencial de su formación y favorecen su desarrollo y crecimiento personal, su aprendizaje, amplían su bagaje intelectual e influyen positivamente en su capacidad de socialización.

El artículo 31.2 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño establece que “los Estados Parte respetarán y promoverán el derecho del niño a participar plenamente en la vida cultural y artística y propiciarán oportunidades apropiadas, en condiciones de igualdad, de participar en la vida cultural, artística, recreativa y de esparcimiento”.

Según este estudio, el porcentaje de familias con las niñas y niños que han gastado al menos 1€ en cine, teatro y otros espectáculos en el año 2013 no llega a alcanzar el 29% de promedio de las comunidades autónomas, porcentaje que desciende al 4,2% en museos, jardines botánicos, bibliotecas y similares.

Los motivos son diversos y los datos varían entre las comunidades autónomas, pero en muchas ocasiones la razón es que simplemente, no pueden. En nuestro país 1 de cada 3 niños vive en situación de pobreza o exclusión social, casi 3 millones de niños y niñas cuyos entornos familiares, escolares y sociales no les ponen fácil el acceso a actividades de este tipo.

A pesar de que profesionales, educadores y responsables de las instituciones reconocen la importancia del acceso a la cultura y el arte para el desarrollo emocional e intelectual de niños y jóvenes, no todos tienen la oportunidad de acercarse a entornos donde disfrutarla.

El día 18 de mayo se celebra el Día de los Museos. Según datos ofrecidos por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, un 32% de las niñas y niños de entre 10 y 14 años no visitaron ningún museo, un 52% no acudió a ninguna exposición y algo más de la mitad no acudió al teatro.

Museos y teatros, espacios llenos de historias, ideas y sensaciones que muchos niños y jóvenes seguirán sin poder disfrutar. Es quizás un buen momento para que los responsables públicos y las instituciones culturales privadas se paren a pensar cómo podrían contribuir a facilitar ese acceso a la cultura de los niños y jóvenes que viven en situación más desfavorecida. Es un buen momento para decidir si tienen algo que aportar para romper con la desigualdad, para abrir las puertas al arte y la cultura, para participar en la construcción de un presente y un futuro mejor para la infancia.

Los niños, niñas y jóvenes tienen derecho a la cultura.

Nosotros, la obligación de asegurarlo.

 

Hace unos días llevé a mi sobrino de 3 años a ver una obra de teatro infantil. La entrada costaba 7€, así que disfrutar de esa hora juntos supuso 14€. La sala a la que fuimos estaba cerca de casa, de no ser así habría que haberle sumado billetes de autobús o metro, y nos hubiésemos puesto en los 17€.

Mi sobrino aún no lo sabe, pero pronto descubrirá el privilegio de su situación. Está creciendo en un entorno familiar y social que intenta siempre acercarle a actividades donde el arte y la cultura le ayuden a desarrollar su creatividad, ampliar sus conocimientos, mejorar su sociabilidad y completar su formación educativa en el futuro. Muchas otras niñas y niños que viven en su misma ciudad no podrán vivir esa experiencia. Y es que para muchos padres y madres el gasto de esa entrada para visitar el museo es imposible en el contexto de su economía familiar. Incluso el precio de un billete de autobús que les llevase hasta allí no está dentro de las posibilidades de gasto de muchas familias.