Más de 27 grados en clase y hasta 50 en los patios: así se ven seis colegios a través de cámaras térmicas

Es un festival amarillo y rojo. Greenpeace ha visitado seis centros educativos de Alicante, Ourense, Barcelona, Madrid y Sevilla con cámaras térmicas para comprobar las condiciones en que se encuentran estos días alumnado y profesorado y las imágenes —azul oscuro para la temperatura más baja, amarillo para la más alta— hablan por sí mismas.

Aulas por encima de los 27 grados que fija la ley como el máximo para realizar trabajos sedentarios. Patios que, en algunos puntos expuestos al sol, suben hasta 50. Las zonas buenas, a la sombra, se quedan en 29. Comedores a 30 grados. Ninguno de los seis centros educativos analizados baja de los 24 grados que se consideran el máximo antes de que el rendimiento del alumnado en clase empieza a caer progresivamente.

“Los menores son un colectivo especialmente vulnerable a la deshidratación, al agotamiento por calor y al estrés térmico”, sostiene la organización. “Sus mecanismos de termorregulación ante temperaturas extremas no son tan eficientes como los de las personas adultas (...) y sus patrones de comportamiento, como realizar actividades al aire libre o no hidratarse con la frecuencia adecuada, también afectan a esta vulnerabilidad”, explica la organización.

El calor ha llegado este año más pronto que nunca a las aulas. Todo indica que será habitual a futuro: según Save the Children, los niños y niñas nacidos en 2020 en España están expuestos, de media, a un número de olas de calor unas 4,5 veces superior al de quienes nacieron en 1960. Pero la climatización de los centros avanza despacio, con administraciones, como el Gobierno autonómico de la Comunidad de Madrid, que desprecian el problema porque “cuando hace calor, hace calor”. En otras comunidades, como Murcia, las familias han organizado rifas para sufragar la climatización que su Ejecutivo les niega.

La Asociación Española de Pediatría exigió medidas de climatización hace unas semanas, petición a la que se sumó Unicef. “Quienes pagan las consecuencias [de las temperaturas extremas] son los niños, niñas y adolescentes, a los que el calor afecta más porque su cuerpo se calienta más rápido que el de un adulto”, explicaba la ONG.

Greenpeace exige a las administraciones que climaticen los centros. “La adaptación de los edificios y patios a la realidad climática no es ningún capricho. Es una cuestión de salud pública y del derecho a una educación de calidad. Las administraciones no pueden seguir mirando para otro lado desoyendo a las familias y las voces expertas. Si estas condiciones se consideran inaceptables en un entorno laboral ¿por qué se aceptan para niños y niñas?”, se preguntan desde la organización.

La ONG recuerda en su lista de peticiones que no todo es instalar aire acondicionado, una intervención a las administraciones son más reticentes porque es cara. Instalar energía renovable y diseños pasivos (ventilación cruzada natural, protección solar, sistemas sostenibles de climatización, aislamiento térmico…) para conseguir confort térmico, naturalizar patios y entornos escolares con más cobertura verde que genere sombra, también sobre las fachadas, vías escolares seguras que incluyan puntos de sombra y agua son algunas de las actuaciones posibles, exige Greenpeace.