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La cesárea, la única cirugía mayor sin baja médica: “Invisibiliza la necesidad de cuidados de la madre”

La cesárea es la única cirugía mayor sin baja médica. Consiste en una incisión en el abdomen de 15 a 20 centímetros que atraviesa siete capas de tejidos (como piel, tejido graso, músculos, peritoneo y útero) para traer al mundo a un bebé. Sin embargo, las mujeres que atraviesan este proceso no tienen derecho a baja médica: su recuperación se enmarca en el permiso de maternidad, que en España es de 19 semanas (32 en el caso de familias monoparentales). Su recuperación no se contempla como incapacidad temporal independiente, a pesar de sus riesgos y posibles complicaciones. 

Desde hace décadas, el uso de las cesáreas ha crecido de manera muy significativa, lo que ha hecho que la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierta con más ímpetu de sus riesgos. Según la OMS, como en cualquier otra cirugía, “la cesárea está asociada a riesgos a corto y a largo plazo que pueden perdurar por muchos años después de la intervención y afectar a la salud de la mujer, y del neonato, así como a cualquier embarazo futuro”. 

Elena Casado Pineda, médica especialista en anestesiología, reanimación y terapia de dolor, trata en su libro Ser mujer es perjudicial para la salud (Editorial Molino) cómo la cesárea sigue siendo percibida por el sistema como una variante del parto vaginal, aunque lo único que compartan sean la finalidad: traer un bebé al mundo.

La realidad es que la OMS clasifica la cesárea como una cirugía mayor abdominal en la que hace falta anestesia, monitorización intraoperatoria estricta y cuidados posquirúrgicos. Su tiempo de recuperación, si todo va bien, es de entre seis y doce semanas. Tiempo que será consumido en el permiso de maternidad, alternando la propia recuperación de la madre con los cuidados del recién nacido.

“La cesárea es la representación por excelencia del sesgo de género médico: lo que sería cirugía mayor en cualquier otro contexto se convierte en un trámite menor cuando se trata del cuerpo de las mujeres y, más aún, de su maternidad”, escribe Casado en su libro. “A cualquier otra cirugía abdominal –una apendicectomía por laparoscopia, una histerectomía (extirpación del útero), una extirpación de un mioma uterino o una colecistectomía (extirpación de vesícula)– le corresponde una baja médica para la recuperación del paciente”, subraya la médica. Sin embargo, en la cesárea no. Ese tiempo para sanar y recuperarse es simultáneo al permiso por nacimiento.

Ibone Olza es doctora en Medicina y especialista en psiquiatría infantil y perinatal. También es fundadora y directora del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, y miembro de El Parto es Nuestro, una asociación que busca mejorar las condiciones de atención a madres e hijos durante el embarazo, parto y posparto en España. Además, ha parido a tres hijos por cesárea. Según ella, es “absolutamente inédito” que la recuperación de una cesárea no se contemple como una baja médica. 

Implicaciones físicas y mentales

“Que no se dé una baja por cesárea creo que invisibiliza la necesidad de cuidados que tiene una madre después de la operación. Es la única cirugía abdominal en la que, conforme sales del quirófano, te dan un recién nacido para que lo cuides”, subraya Olza. Socialmente, la cesárea es percibida como otra forma más de dar a la luz y se minimizan su importancia y riesgos reales: “Es una cirugía mayor abdominal que tiene un riesgo de 4 a 6 veces mayor de muerte materna que el parto vaginal”, advierte. Casado lo resume a la perfección en el capítulo de su libro dedicado a esta operación. “Cuando una cirugía ocurre en un cuerpo femenino asociado a la maternidad, deja de ser una cirugía para convertirse en ‘parte del proceso natural’. La mujer desaparece como paciente y queda subsumida en su rol de madre”, escribe.  

Pasar por una cesárea y recuperarse no solo tiene implicaciones físicas, también mentales. Muchas madres experimentan sentimientos de culpa y angustia por vivir esa dualidad de tener que recuperarse mientras intentan cuidar a sus hijos. “Hay madres que no han podido levantarse de la cama en días después de una cesárea, que no han podido volcarse o disfrutar de la maternidad. A veces hay madres que están tan doloridas de la cesárea que no pueden disfrutar de su bebé”, explica Olza. “No puedes estar a tope, al 100%, porque el cuerpo y la herida te limitan muchísimo. No puedes reírte, muchas veces no puedes cogerlo en brazos, no puedes caminar… Hay mucho dolor y cansancio”. 

Esto, si todo va “bien”. Si hay complicaciones en la recuperación, como una infección de la herida o una parálisis del tránsito intestinal, la situación se vuelve aún más compleja de afrontar. “Pueden pasar muchas cosas después de una cesárea, y lo que genera en las madres es dolor y culpa. Culpa de decir, ‘ostras, no estoy cuidando a mi bebé como me gustaría. No tengo fuerzas, no puedo moverme, no puedo cambiarle…’ Pues claro, es una paliza para el cuerpo”, concluye Olza. 

Legislar con perspectiva de género

La Asociación Yo No Renuncio, liderada por Laura Baena, lleva más de diez años exigiendo un Pacto de Estado por la Conciliación para que la maternidad se reconozca social y económicamente, y para frenar la renuncia de las madres a diferentes ámbitos de sus vidas por la imposibilidad de conciliar. Una de sus propuestas es que tras el parto, las mujeres puedan acogerse a una incapacidad temporal para su mejor recuperación, ya que el permiso de nacimiento está creado para otras necesidades. Desde la asociación piden 15 días de baja tras un parto vaginal, y 30 días tras una cesárea, al tratarse de una cirugía mayor.

“No contemplar estas incapacidades temporales supone no legislar con perspectiva de género y no tener en cuenta la propia fisiología del embarazo y del parto en sí mismo”, explican desde Yo No Renuncio. “Estas incapacidades temporales también fortalecen la corresponsabilidad y son fórmulas muy concretas de proteger los cuidados tanto de la madre como del bebé”, subrayan.

Virginia Castillo, abogada especialista en Derecho Laboral y de la Seguridad Social, señala cómo de las 17 semanas de permiso por nacimiento, las primeras seis tienen como finalidad el cuidado y el reposo del cuerpo de la mujer. Sin embargo, coincide con la asociación en que son insuficientes, y en la mayoría de casos ni se cumple, pues es incompatible la recuperación de la mujer con el cuidado del recién nacido.

“Ya está previsto que las primeras seis semanas sean para esa recuperación del cuerpo, te las puedes coger hasta incluso antes de que nazca el niño. Ahí es donde está vinculado al derecho al cuidado de la mujer”, explica Castillo. “No son semanas que están pensadas para el cuidado del menor cuando nazca y su especial protección. Supuestamente, están pensadas para nosotras, para nuestro cuerpo”, aclara. 

“Queremos que los padres se impliquen y cuiden, pero eso no puede pasar por negar las necesidades de cuidado de las madres, y más cuando una madre atraviesa un parto. En el caso de una cesárea, va a necesitar cuidados y una recuperación física. No es posible que la mitad de la baja se la coma tu recuperación”, afirma Ibone Olza. Por ello, prosigue, es esencial diferenciar entre las necesidades del bebé y de la madre, no se pueden ver como un conjunto. 

Castillo defiende que sería necesario establecer una incapacidad temporal tras la cesárea y, si no es posible, una ampliación de las semanas para asegurar la recuperación de la madre. “Es una función de discriminación por género. No se están teniendo en cuenta las necesidades de las mujeres a la hora de regular las bajas o los permisos relacionados con el nacimiento y los cuidados”, concluye.