Cómo Chile se convirtió en un improbable ganador en la carrera de la vacuna COVID-19

Veronica Diaz-Cerda

Profesora asociada de Relaciones Internacionales en la Universidad de Aston —

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A primera vista podría parecer que la carrera por adquirir las vacunas contra la COVID-19 la han ganado las naciones industrializadas más poderosas del mundo. Pero al lado del Reino Unido, Canadá, Estados Unidos y la Unión Europea, hay otro país que también ha asegurado un alto número de dosis relativo a su población.

Chile ha ordenado, hasta la fecha, cerca de 90 millones de dosis, suficientes para vacunar dos veces a su población de 19,2 millones de habitantes, para lo cual ha firmado acuerdos con los laboratorios Pfizer, AstraZeneca, Sinovac y Johnson and Johnson, así también como el programa global Covax.

¿Cómo este pequeño país, con poco peso internacional, ha logrado situarse al lado de las naciones más ricas del mundo en asegurar suficientes dosis de vacunas para inmunizar a su población? Los recursos económicos ciertamente han sido un factor importante, pero no de la misma manera que para los otros países que lideran la carrera de las vacunas.

Maniobra económica

Chile es una de las economías de más rápido crecimiento de América Latina en las últimas décadas. Es miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que reúne a las naciones con los niveles más altos de ingresos y desarrollo humano. Sin embargo, la desigualdad de ingresos en Chile es más alta que en cualquier otro país de la OCDE y un 65%  más alta que el promedio de la OCDE.

Debido a esto, Chile ha estado inmersa en una crisis sociopolítica desde fines de 2019. Protestas masivas y violentos disturbios dieron origen al malestar social más grave desde el fin de la dictadura de Pinochet. Como consecuencia, el nivel de aprobación del presidente Sebastián Piñera ha caído al nivel más bajo registrado para un mandatario desde el retorno a la democracia en 1990.

En junio del año pasado, un brusco aumento en los casos de COVID-19 provocó fuertes críticas a la capacidad del gobierno para manejar la pandemia, sumando más problemas para el presidente. En respuesta, Piñera parece haber entendido que la única forma de mejorar su popularidad antes de que termine su presidencia a fines de este año es asegurando la mayor cantidad de vacunas posible para sus ciudadanos.

Esta estrategia ha significado incluso contradecir sus previos esfuerzos por mostrar al país como un ejemplo de estabilidad y buena gestión económica. Con el propósito de lograr mejores acuerdos con las empresas farmacéuticas, Piñera no ha tenido problemas en argumentar lo contrario.

El estatus de Chile como país de altos ingresos, según el Banco Mundial, ha sido un punto de fricción particular al negociar pedidos con los fabricantes de vacunas, especialmente AstraZeneca.

Para no pagar un precio alto, el gobierno ha tenido que demostrar que, debido a la pandemia y la crisis sociopolítica, la posición económica de Chile es peor que la de las economías más avanzadas del mundo, por lo que merece pagar menos por las vacunas. Esta reformulación de Chile como un país que enfrenta dificultades económicas claramente parece haber funcionado.

En un orden internacional caracterizado por cálculos de suma cero e interés propio, Piñera y el gobierno chileno han estado siguiendo las reglas del juego para aumentar sus propias posibilidades de supervivencia.

Diversificación

El gobierno chileno no solo ha tenido éxito alegando falta de fondos. Ha construido una cartera de vacunas muy diversa, compuesta de diferentes tipos en distintas etapas de desarrollos para cubrir riesgos.

Aunque otros gobiernos también lo han hecho, Chile adoptó esta estrategia desde muy temprano. Pasó rápidamente a las negociaciones con muchas compañías farmacéuticas, incluidas empresas pioneras como AstraZeneca y Pfizer, pero también con Johnson & Johnson, que estaba más atrasada en el desarrollo. Le ayudó, sin duda, la tradición de un modelo económico altamente abierto al comercio: los negociadores comerciales chilenos tienen fuertes habilidades, una amplia gama de contactos internacionales y están acostumbrados a enfrentar entornos inciertos.

Es justo decir que, en su estrategia de diversificación, Chile fue mucho más allá que la mayoría de las economías avanzadas, poniendo sus esperanzas en la vacuna CoronaVac, desarrollada por la empresa china Sinovac (ha pedido 60 millones de dosis).

Por el contrario, la mayoría de los países europeos ha elegido solo vacunas occidentales, a pesar de la ventaja comparativa de la enorme capacidad de fabricación  de las empresas chinas y la facilidad de transporte de sus vacunas.

Ensayos clínicos a cambio de dosis

La elección de participar en los ensayos clínicos de las vacunas COVID-19 también fortaleció la posición negociadora de Chile. AstraZenecaJohnson & JohnsonSinovac y CanSino realizaron ensayos de fase 3 en el país.

Chile tiene una estricta protección regulatoria para los participantes de ensayos clínicos, pero esto no disuadió a los laboratorios de realizar investigaciones allí. En este sentido, fue clave la internacionalización de las universidades chilenas, algunas de las cuales ya habían forjado vínculos estrechos con estas compañías farmacéuticas antes de la pandemia.

La Pontificia Universidad Católica de Chile, por ejemplo, ya había establecido vínculos con Sinovac para desarrollar vacunas contra virus respiratorios antes de que golpeara el COVID-19. Por lo tanto, no fue difícil convencer al gobierno chileno de que proporcionara fondos para realizar la prueba de CoronaVac en el país. A cambio, Sinovac prometió acceso temprano a las dosis y un mejor precio.

El ambicioso objetivo del gobierno chileno es vacunar al 80% de su población para junio de 2021. A pesar de haber asegurado el doble de las dosis necesarias, ahora está negociando acuerdos adicionales en caso de que esos contratos fracasen.

El proceso de vacunación masiva avanza exitosamente. En pocos días ya se ha vacunado a más de un millón de personas. El sistema de salud chileno tiene una experiencia significativa en programas de inmunización masiva y se han establecido diversos centros de vacunación en todo el país para cumplir con este objetivo.

Por ahora, la estrategia del gobierno de colocar a Chile entre los primeros países en asegurar las dosis de vacunas parece haber dado sus frutos. Sin embargo, es demasiado pronto para predecir si tendrá un efecto positivo en Piñera y la popularidad del gobierno.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leerlo aquí.