Los datos desmienten una falsa creencia: la repetición escolar está igual que en 2022 y se ceba con los más pobres
Frenazo. Pese a la Lomloe, que supuestamente regala los aprobados, pese a un discurso muy establecido que sostiene que todo el mundo pasa de curso, la repetición está hoy en España igual que hace tres años, según se desprende de los microdatos de PISA. “La tendencia de disminución de la repetición se ha detenido: el 22% del alumnado de 15 años ha repetido, igual que en 2022, una vez se han levantado las medidas excepcionales de la repetición aplicadas en 2020 y 2021”, explica el informe Todo lo que debes saber de PISA 2025 sobre equidad, de EsadeEcPol y Save the Children.
En España se repite más del doble que en la OCDE. Y hoy, como ayer, lo hacen hasta cinco veces más los pobres que los ricos. Incluso en igualdad de condiciones. La práctica castiga a quien más ayuda necesita.
“Ese estancamiento importa en términos de equidad, y no solo de nivel: la repetición no se reparte por igual entre grupos sociales, sino que se concentra de forma mayoritaria en el alumnado de menor nivel socioeconómico, de modo que cada punto que no baja recae principalmente sobre él. (...) España mantiene un mecanismo que penaliza de manera desproporcionada a quienes parten con mayor desventaja”, valoran los autores.
Concentrado por abajo
Poco parece haber cambiado con la repetición en los últimos años pese a los esfuerzos por reducir un indicador en el que España sale malparada desde hace años, triplicando las tasas de los países de su entorno o equiparables por condiciones socioeconómicas, según reflexionan Lucía Cobreros y Lucas Gortazar, de EsadeEcPol, y Mar Gairal y Carmela del Moral, de Save the Children, en el texto.
En España se repite mucho y repiten los mismos. “Todo el exceso [de repetidores] se concentra en la mitad baja de la escala social: el cuartil alto [el 25% más adinerado] repite en torno al 7%, lo mismo que su equivalente de la OCDE, mientras que el cuartil socioeconómico bajo repite el 40%, frente al 16 % internacional”, explican los autores.
Y no solo el diferente bagaje sociocultural, los recursos en casa o el apoyo familiar, las razones habituales detrás de las diferencias de rendimiento entre clases, explican esta diferencia. Porque un estudiante de un hogar humilde tiene muchas más posibilidades de repetir curso que uno de familia acomodada aunque ambos tengan exactamente los mismos conocimientos, según recoge el informe.
“En España es cinco veces más probable [que repita un estudiante con menos recursos], frente a 4,5 en 2022, 2,3 en la OCDE-35 y 2,7 en la UE. Y el contraste con países que también repiten mucho es elocuente: Bélgica se queda en 3,1, Italia en 2,8, Francia en 2,0, Alemania en 1,5 y Países Bajos en 1,4. El problema español no es solo que se repita más, sino que la repetición se reproduce según la escala socioeconómica, incluso entre alumnado con resultados similares en lectura y ciencias”, describe el texto.
Aunque no es el objeto del informe, Cobreros explica que “el capital cultural de las familias tiene un impacto en la repetición”. Y argumenta: “Las de capital alto, si su hijo va mal, buscarán remedios. Clases particulares, irán a hablar con los docentes, pondrán todo lo que esté en su mano para intentar que sus hijos no repitan”. El estudiante menos favorecido no tendrá esa suerte.
Poco efecto de la Lomloe
El texto destaca el, al menos de momento, poco efecto que ha tenido la Lomloe en este apartado, pese a que es uno de los objetivos que se marcó. Y también pese al discurso, instalado entre ciertos círculos, sociales, políticos (del PP) e incluso docentes, de que con la nueva norma “se regalan los aprobados” y “todo el mundo pasa de curso”.
Es cierto que la ley eliminó de sus postulados la repetición automática vinculada a x repeticiones y ahora la decisión depende más del claustro docente, de que piense que un alumno está capacitado o no para afrontar el siguiente curso. Pero la estadística es tozuda y señala dos cosas: hoy se repite lo mismo que hace tres años y desde 2015, mucho antes de la Lomloe (aprobada en 2020) prácticamente no hay ninguna comunidad autónoma, tampoco aquellas donde gobierna el PP desde entonces, que tenga menos de un 15% de alumnado que ha superado la ESO con asignaturas suspendidas. Es y ha sido una práctica habitual, dicen los datos.
“La cohorte evaluada en 2025 es la primera que ha cursado prácticamente toda la ESO bajo la nueva ley y su desarrollo normativo, que restringen la repetición a supuestos excepcionales y refuerzan las medidas de refuerzo y apoyo como alternativa. El estancamiento sugiere, por tanto, que la reducción [de la repetición] de 2018-2022 respondió a las medidas extraordinarias de promoción adoptadas durante la pandemia más que a un cambio duradero en las prácticas de los centros: retirada la excepción, la tasa vuelve a estabilizarse en niveles muy altos”, describe el informe.
Sin explicaciones
El texto, más descriptivo que interpretativo, ahonda en algunas de las cuestiones relacionadas con la (des)igualdad entre estudiantes que más llamaron la atención de una edición de PISA que ha supuesto un varapalo para el sistema educativo español. La brecha entre el alumnado mejor posicionado socioeconómicamente y el más humilde se ha cerrado y España es de los mejores países del mundo en ese indicador. La mala noticia es que lo hace “por las razones equivocadas”, a base de que todos estén peor, explica el texto: los (pocos) que mejor rendían han caído más, acercándose a los que tenían más problemas, que aun así también caen.
Esto último es una rareza española para la que los investigadores no tienen una explicación. Encontrarla está en la lista de deberes a futuro, explica Cobreros, entre otras razones porque “es habitual que lo que afecta al alumnado de nivel socioeconómico alto hoy afecte al de nivel socioeconómico bajo mañana”. En ese sentido, este PISA sería un aviso a navegantes para posteriores ediciones, advierte el informe.