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El diccionario de la RAE cambia la definición de “vida” para alinearse con la ciencia y su búsqueda en el cosmos

Desde el pasado viernes, el Diccionario de la lengua española recoge por primera vez una definición de la palabra “vida” que se ajusta a los criterios científicos y descarta viejas imprecisiones. A iniciativa del bioquímico y experto en astrobiología Carlos Briones (CAB-INTA-CSIC), los académicos de la RAE han descartado acepciones anteriores, como “energía de los seres orgánicos”, y han incorporado como primera acepción una descripción más certera y en sintonía con el concepto que manejan quienes estudian su origen o rastrean su presencia en otros mundos:

vida. Del lat. vita. 1. Propiedad de los organismos por la que son capaces de intercambiar materia y energía, mantener una organización interna mediante su propio metabolismo y reproducirse gracias a una molécula heredable, el ADN“.

La 24ª edición del diccionario se presentó el pasado viernes 30 de octubre de 2026 en la Real Academia Española (RAE) y suma más de 6.000 novedades, entre términos que entran por primera vez, formas complejas y nuevas acepciones de palabras que ya existían. La propuesta del cambio en la palabra “vida” y su defensa corrió a cargo de dos de los académicos con perfil más científico en la RAE, el paleoantropólogo José María Bermúdez de Castro y el físico José Manuel Sánchez Ron.

La comisión de vocabulario científico y técnico dedicó una sesión completa a discutir esta palabra en exclusiva, dada su enorme complejidad conceptual y sus múltiples ramificaciones. “Tuvimos que reducir, simplificar y poner lo más esencial, porque todo debe ir en una sola frase”, explica Bermúdez de Castro, quien recuerda que cualquier hablante puede proponer cambios o incluir palabras desde la página web oficial.

Una definición abierta al cosmos

Carlos Briones celebra la actualización, “mucho más correcta y con un enfoque claramente científico”. En la anterior versión, recuerda, la primera acepción utilizaba un enfoque vago y tradicional: “Fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee”, seguido de otras definiciones poco científicas como “2. f. Energía de los seres orgánicos” y “3. f. Hecho de estar vivo”. 

“Como científico, y también como escritor, no me gustaba la forma en que nuestro diccionario definía la vida”, explica Briones, que envió su propuesta en 2024, tal y como anticipó a elDiario.es. “El hecho de que ninguna de sus dieciocho acepciones tuviera una base científica me parecía decepcionante, porque además esto no ocurre en los diccionarios de otros idiomas”.

El hecho de que ninguna de sus dieciocho acepciones de 'vida' tuviera una base científica me parecía decepcionante, porque además esto no ocurre en los diccionarios de otros idiomas

Este nuevo enfoque tiene la ventaja de que permite una visión mucho más amplia, abierta a la búsqueda de vida en otros lugares del universo. “Siempre me siento algo incómodo cuando se trata de definir ‘vida’, porque es difícil no pensar que los ‘organismos' que mencionamos son los biológicos a que estamos acostumbrados, pero ¿no existirán organismos 'vivos' basados en una química diferente a la del carbono?”, se pregunta Sánchez Ron.

Los académicos han incorporado la mención a una molécula heredable, el ADN, pero bien podría ser otra cualquiera, admite Bermúdez de Castro. “Se discutió que la vida podía aparecer en otro planeta y, en lugar de tener ADN, basarse en otra cosa diferente”, confiesa. “Si eso sucede, la definición se cambia, porque el diccionario tiene que evolucionar”. 

Se discutió que la vida podía aparecer en otro planeta y no estar basada en ADN. Si sucede, la definición se cambia, porque el diccionario tiene que evolucionar

Briones recuerda que en una de las acepciones mantenidas (“Existencia de seres vivos en un lugar”), el ejemplo de uso que se mostraba en la 23ª edición era No es posible la vida en Marte, mientras que en la 24ª ha cambiado a un interrogante: ¿Hay vida en el planeta Marte?. “Me parece un reconocimiento a cómo los avances de la ciencia pueden convertir supuestas certezas en preguntas fascinantes”, señala. “Y lo veo como un guiño de la RAE a la astrobiología”.

Falsas “razas” y nuevos dinosaurios 

Bermúdez de Castro reivindica este y otros cambios de la nueva edición como una muestra de que el diccionario de la RAE está muy “vivo”. “En la comisión en la que estoy yo estamos sacando unas 12 palabras en promedio cada semana”, asegura. “La comisión de vocabulario científico y técnico es la que más trabajo tiene porque en la Real Academia Española ha habido un déficit histórico de científicos: apenas una docena desde 1713”.

La comisión de vocabulario científico y técnico es la que más trabajo tiene porque en la RAE ha habido un déficit histórico de científicos: apenas una docena desde 1713

En la nueva edición hay una lluvia de nuevos términos relacionados con la ciencia, como “bonobo”, “superbacteria” o “enjambre sísmico”. En otros casos, como el de la palabra “raza”, se han introducido matices importantes. “Mi propuesta de enmienda fue aceptada y, aplicada a los seres humanos, ahora se especifica que es sin base científica”, explica Bermúdez de Castro. En concreto, la segunda acepción se refiere al “conjunto de poblaciones humanas que, según clasificaciones tradicionales sin fundamento científico, comparten rasgos físicos o fisiológicos”. 

“La palabra no puede desaparecer porque se usa para animales o en el lenguaje común, pero era imprescindible aclarar la falta de fundamento biológico en humanos”, indica el académico. “Tras esto, revisamos de urgencia unas 50 o 60 palabras para eliminar o corregir la voz ‘raza’, donde aparecían expresiones como raza amarilla”. Para Sánchez Ron, es obvio que hay que incluir lo que enseña la ciencia en las definiciones, pero hay más que ciencia en las palabras. “Por ejemplo, ‘raza’ se emplea también en sentidos contrarios a lo que nos dice la ciencia, y también hay que incluir esas acepciones”, señala.

Como detalle divertido, a propuesta de Bermúdez de Castro se han incorporado también los nombres comunes de varios dinosaurios que, extrañamente y a pesar de su uso frecuente, no estaban en el diccionario, como “velocirraptor”, “tricerátops” o “brontosaurio”. “Al ver que solo había tres dinosaurios en el diccionario, le pedí a mi hijo pequeño una lista con los 10 dinosaurios más conocidos para la gente”, confiesa, divertido. “Y faltaban muchos muy populares, como el brontosaurio, que es una palabra que usa todo el mundo. Tanto, que ¡hasta sale en los Picapiedra!”.