¿Encontrar el ADN de Leonardo da Vinci? Una fantasía con mucha publicidad y serias objeciones científicas

Un equipo internacional de investigadores ha logrado recuperar ADN humano de varios objetos históricos, entre ellos un dibujo en tiza roja conocido como El Santo Niño cuya autoría por Leonardo da Vinci está cuestionada. El hallazgo lo ha adelantado esta semana en exclusiva la revista Science en un extenso artículo periodístico titulado “El verdadero Código da Vinci”. Sus afirmaciones se basan en un resultado preliminar no revisado por pares, publicado en el repositorio Bioxiv, demasiado vago como para sugerir que estamos más cerca de identificar el material genético del genio renacentista.

El preprint en el que se basa el anuncio concluye que las secuencias del cromosoma Y halladas en el dibujo y en una carta escrita por un primo de Leonardo pertenecen a un grupo genético de un clado amplio conocido como E1b1/E1b1b. Esto, como admiten los propios autores, no prueba ninguna relación con Da Vinci. De hecho, probarlo es una tarea casi imposible, dado que no existen restos de su cuerpo ni descendientes directos, por no hablar de que el ADN podría pertenecer a otras personas que manipularon las obras a lo largo del tiempo. O de que la autoría del dibujo del Santo Niño sigue siendo objeto de gran controversia y muchos expertos la atribuyen a uno de sus alumnos.

Un proyecto con mucho tirón mediático  

La investigación forma parte del Leonardo da Vinci DNA Project, una iniciativa multidisciplinar cuyo objetivo es reconstruir parte del ADN del genio florentino a partir de comparaciones indirectas con familiares vivos y con huesos atribuidos a parientes enterrados en criptas familiares. El tema es muy jugoso desde el punto de vista mediático y fácil de rentabilizar. El último golpe de efecto lo presentaron en enero de 2025, cuando anunciaron la identificación de 15 supuestos descendientes por vía masculina directa del padre y el medio hermano de Leonardo, de los cuales seis se prestaron a pruebas genéticas.

En la web de esta iniciativa se hacen afirmaciones de carácter científicamente dudoso, como que hallar el perfil genético “podría revelar los atributos inusuales de Leonardo, en particular su extraordinaria agudeza visual”. Y se defiende la posible utilidad de las técnicas desarrolladas en el proyecto para la extracción y secuenciación de ADN de obras de arte centenarias y su uso para la atribución fiable de obras de arte.

Entre los miembros del proyecto aparecen personajes tan polémicos como el presentador de televisión Cristian Gálvez (acusado de falta de rigor) o José Antonio Lorente, el genetista de la Universidad de Granada (UGR) que anunció a través de un documental en TVE que Cristóbal Colón tenía “rasgos compatibles con origen judío”, aunque más de un año después no ha presentado el estudio científico que prometió. La forma de presentar aquel hallazgo se parece a la que ha utilizado el proyecto para buscar el ADN de Leonardo a través de Science y remite a la que siguió la revista Time hace un año, cuando dio en exclusiva el engañoso anuncio de la empresa Colossal Biosciences de que había desextinguido el lobo gigante

Al salirse de los esquemas y convertirse en icono de genialidad, la figura de Leonardo da Vinci ha propiciado la proliferación de estudios sobre los más diversos aspectos de su vida, muchos de ellos especulativos, sin base científica o directamente fantasiosos. Su aura parece justificar investigaciones que, más que aportar evidencia, buscan agrandar su leyenda o tener una gran repercusión mediática que se rentabiliza a través de libros o documentales.

Demasiados condicionantes

Lluis Montoliu, especialista en genética y bioética del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), reconoce que hay un interés en descubrir el ADN de Leonardo da Vinci, pero considera poco riguroso intentar encontrar el porqué de sus genialidades en sus genes. “Hay que recordar siempre que la genética predispone, pero la educación y las interacciones que él tuvo durante su vida fueron los que esculpieron su manera de pensar y su talento”, explica. 

El experto admite que es cierto que el cromosoma Y que han usado los autores para el análisis es el que cambia menos y que pasa casi de forma intacta de padres a hijos masculinos. “Pero, de ahí a deducir que esa muestra tiene similitudes con un supuesto familiar de Leonardo, o que el exudado que sacan del dibujo pertenece a Leonardo, hay un trecho enorme”, advierte.

Gemma Marfany, catedrática de Genética de la Universidad de Barcelona (UB), subraya que en el estudio no aparece una muestra única de ADN, sino una gran mezcla de perfiles genéticos de plantas y animales, hongos, bacterias y hasta virus, como era de esperar en un objeto antiguo. “Las muestras de ADN humano están parcialmente degradadas, pero además, contienen perfiles mezclados de diversos donantes, con lo que es muy difícil la identificación genética”, asegura. 

No se puede inferir realmente si pertenecieron o no a Leonardo, ni si parte del ADN identificado pertenece a él o algún otro miembro de su familia, o de su región de origen

Por otro lado, los haplotipos parciales hallados en las muestras apuntan a parte del cromosoma Y muy frecuente en el Mediterráneo, concretamente la región italiana de donde proceden los objetos. “Por lo que no se puede inferir realmente si pertenecieron o no a Leonardo, ni si parte del ADN identificado pertenece a él o algún otro miembro de su familia, o de su región de origen”, sostiene Marfany. En su opinión, como sucedió con la secuenciación de muestras de un mechón de pelo perteneciente a Beethoven, estamos ante un estudio que hará mucho ruido, pero no explica nada y es casi anecdótico. 

El genetista Carles Lalueza-Fox, especialista en ADN antiguo y director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, admite que los estudios de identificación genética histórica casi siempre tienen la limitación de no tener un contexto seguro. “Sin embargo, a veces sirven para empujar la tecnología en muestras diversas sobre las que no se trabaja normalmente”, asegura. El experto considera que el papel es un soporte que puede contener pequeñas trazas tanto del ADN del dibujante como del que ha tenido en sus manos el dibujo, pero el problema de este trabajo, afirma, es que “no pueden demostrar que sea de la época, porque el ADN antiguo se degrada y no ofrece esta información”.

Estamos hablando de un dibujo que se hizo hace quinientos o seiscientos años y, a saber por cuántas manos ha pasado

“Estamos hablando de un dibujo que se hizo hace quinientos o seiscientos años y a saber por cuántas manos ha pasado”, comenta Montoliu. Además, cuando encuentras una muestra, apunta, necesitas compararla con un ADN de referencia, conocer a ciencia cierta que es el original. “Al no haber ninguna muestra de Leonardo y no tener descendencia, los autores echan mano de lo que pueden, pero el trabajo no nos permite aseverar nada, más allá de trabajar con un ADN que parece estar relacionado con otro ADN que se supone es de un familiar de Leonardo… Demasiados condicionales y demasiadas suposiciones”.

“Matar moscas a cañonazos”

Sobre la afirmación de que el ADN podría servir en un futuro para autentificar obras artísticas, el historiador del arte y divulgador Miguel Ángel Cajigal se muestra muy escéptico. “Supongamos que identificas el ADN de Leonardo da Vinci de manera más o menos indudable, que es bastante complicado, porque esas obras las tocaba mucha gente”, argumenta. “Eso lo único que te permite es identificar que una misma persona ha tocado una obra determinada, pero que la haya tocado no significa que sea el autor”. 

Si el método solo sirve para Leonardo, no es un método útil para la historia del arte, sería como matar moscas a cañonazos

Si, además, llevan tantos años para identificar una muestra mínimamente fiable de ADN de Leonardo, que es un artista hiperconocido, hacerlo con cualquier otro artista del pasado le parece inverosímil. “Si el método solo sirve para Leonardo, no es un método útil para la historia del arte”, señala Cajigal. “En definitiva, sustituir los métodos científicos y analíticos que ya se usan para intentar aproximar una autoría por un método tan costoso sería como matar moscas a cañonazos”.