Identifican el origen del 'agujero' magnético del Atlántico sur que pone en peligro a satélites y astronautas
El campo magnético de la Tierra tiene una inmensa depresión que abarca gran parte de Sudamérica y el océano Atlántico Sur y en la que las partículas cósmicas altamente energéticas alcanzan alturas más bajas, de unos 200 km. Al orbitar periódicamente por este lugar, los satélites pueden sufrir daños y la Estación Espacial Internacional (ISS) se ve forzada a desconectar algunos equipos electrónicos. Los astronautas tienen que tomar medidas adicionales de protección y es aquí donde se intensifican los fosfenos, los destellos de luz que ven incluso con los ojos cerrados, como consecuencia del impacto de partículas cósmicas contra sus retinas.
La anomalía del Atlántico Sur (SAA) se conoce desde los inicios de la era espacial y desde entonces se ha ido expandiendo y desplazando hacia el oeste. Se sospecha que está causada por un enorme depósito de roca muy densa en el interior de la Tierra que produce una alteración del flujo magnético y la geometría de los cinturones de Van Allen, pero se conoce muy poco sobre su origen. Ahora, un equipo de investigadores españoles ha liderado una reconstrucción de la historia del campo magnético terrestre de los últimos 2.000 años que muestra por primera vez que la anomalía no es un evento inusual ni reciente.
Desde la India hasta Sudamérica
El hallazgo, que se publica este lunes en la revista PNAS, confirma que estas caídas del escudo protector de la Tierra son procesos recurrentes que viajan desde el océano Índico hasta América. El equipo encabezado por Miriam Gómez-Paccard y F. Javier Pavón-Carrasco ha examinado 41 muestras de materiales arqueológicos de arcilla procedentes de Sudamérica que les han permitido calcular la intensidad exacta que tenía el campo magnético en el pasado.
Con estos nuevos datos, los científicos han podido rastrear el camino geográfico de estas áreas de debilidad magnética y han comprobado que la anomalía que vemos en la actualidad surgió originalmente en el océano Índico poco después del año 1100 de nuestra era, atravesó toda África y finalmente se instaló sobre América del Sur. El modelo también revela que otra anomalía previa de baja intensidad realizó casi la misma ruta migratoria hacia el oeste hace casi dos milenios, desplazándose hacia Sudamérica entre los años 1 y 850 dC.
Un proceso recurrente
Santiago Belda, investigador del grupo de investigación de Geodesia Espacial de la Universidad de Alicante, cree que este avance demuestra de manera sustancial que estamos ante un proceso recurrente que opera habitualmente en escalas de siglos e incluso milenios. “El estudio es de muy alta calidad y representa un avance sustancial en el conocimiento del campo magnético terrestre en el hemisferio sur, históricamente escaso en datos robustos”, explica al SMC. A juicio dele especialista, la principal implicación del trabajo es que consolida la existencia de una asimetría persistente entre los hemisferios norte y sur en la intensidad del campo magnético, vinculada a procesos dinámicos profundos en el núcleo terrestre, posiblemente modulados por la estructura del manto.
“Comprender las anomalías del hemisferio sur es clave porque tienen consecuencias directas en nuestro planeta”, señala Belda. “La Anomalía del Atlántico Sur debilita la protección frente a la radiación cósmica, afecta al funcionamiento y la vida útil de satélites e incluso a sistemas tecnológicos. En conjunto, el trabajo no implica que estemos ante una inversión inminente del campo magnético, pero sí mejora de forma clara la base científica necesaria para entender la evolución futura del escudo magnético terrestre y evaluar sus posibles impactos tecnológicos y ambientales”.
Elisa M. Sánchez Moreno, investigadora en el Grupo de Paleomagnetismo de la Universidad de Burgos, destaca en SMC que nuestra comprensión del campo magnético terrestre y de sus variaciones a lo largo del tiempo sigue siendo sorprendentemente limitada. Comprender las anomalías geomagnéticas en el hemisferio sur es particularmente relevante porque estas regiones tienen un escudo magnético localmente más débil. “En el mundo moderno, estas condiciones pueden afectar a la electrónica de los satélites, a las operaciones espaciales y al rendimiento de sistemas de navegación basados en satélites, como el GPS, debido a una mayor exposición a la radiación”, recalca.
“Mejorar el conocimiento del campo geomagnético no solo es relevante para la ciencia básica, sino también para la tecnología, la exploración espacial y la protección de infraestructuras críticas”, coincide Josep M. Parés, coordinador del Programa de Geocronología y Geología del CENIEH. “Los resultados son relevantes no solamente para el propio avance en el conocimiento del campo geomagnético y, por ende, la historia de la Tierra, sino por el interés de la SAA para la seguridad espacial, ya que los satélites que pasan sobre esta región se ven expuestos a dosis más elevadas de radiación incidente por ser la intensidad geomagnética más débil. Esto puede provocar fallos o daños en componentes críticos del hardware e incluso interrupciones del funcionamiento”.