Los jinetes nómadas de la estepa siberiana ya consumían cannabis para sus ceremonias hace 2.800 años

Hace 2.800 años, los pastores nómadas de la cultura escita que cabalgaban por la estepa siberiana ya consumían cannabis por sus propiedades psicoactivas. Es la principal conclusión de un equipo de investigadores tras el hallazgo de más de 1.400 semillas de esta planta y restos de cannabinol en el cabello de los cuerpos en un túmulo funerario en el valle de Uyuk, en el sur de Siberia. 

Según los resultados, publicados este jueves en la revista Science, se trata de la evidencia directa más antigua del uso de esta sustancia psicoactiva, que arroja luz sobre el papel de la planta en las sociedades antiguas. Aunque se sabe que el cannabis se cultivaba en Asia Oriental hace al menos 6.000 años, los orígenes de su consumo siguen siendo poco conocidos por la mala conservación de los restos vegetales.

Las huellas moleculares presentes en el cabello y las semillas de cannabis proceden de la misma tumba y sugieren que el cannabis se utilizaba por sus propiedades psicoactiva

“Las semillas demuestran que el cannabis desempeñó un papel importante en los rituales relacionados con el entierro”, afirma Gino Caspari, arqueólogo y autor principal del estudio. “Las huellas moleculares presentes en el cabello y las semillas de cannabis proceden de la misma tumba y sugieren que el cannabis se utilizaba por sus propiedades psicoactivas”

Una tumba con sacrificios

El equipo del Instituto de Ciencias Arqueológicas de la Universidad de Berna y del Instituto Max Planck de Geoantropología centró su trabajo en una tumba principesca en la República de Tuvá, en el sur de Siberia que perteneció a miembros de alto rango de la sociedad escita. En el interior del enterramiento recuperaron aproximadamente 1.481 semillas y fragmentos de cannabis. Seis de ellos fueron datados directamente mediante el método del radiocarbono que, junto con otros resultados de datación, indicaron que las semillas fueron colocadas en la tumba a principios del siglo VIII a. C.  

“En esta tumba principesca, los entierros iban acompañados de extensos sacrificios de caballos y, muy probablemente, también de sacrificios humanos”, informa Caspari. En una publicación anterior, el equipo había descubierto los restos de 18 caballos que alguna vez estuvieron dispuestos sobre el túmulo funerario. Ahora han salido a la luz varias docenas de sacrificios de caballos adicionales y huesos humanos dispersos.

Las semillas recuperadas de la tumba probablemente provienen de plantas silvestres, pero no es posible determinar a partir de esto si fueron cultivadas específicamente por sus propiedades psicoactivas y su presencia en una tumba no prueba, por sí sola, el uso psicoactivo del cannabis. Esto solo se hizo evidente mediante el análisis de un cabello humano conservado de la cámara funeraria central, en el que los investigadores encontraron señales claras compatibles con el cannabinol (CBN) mediante espectrometría de masas de alta resolución. El CBN se produce, entre otras cosas, por la oxidación del tetrahidrocannabinol (THC), el compuesto con más potencia psicoactiva del cannabis. 

Este estudio es particularmente revelador porque combina el análisis de restos vegetales con rastros moleculares en el cuerpo humano

Según los investigadores, los análisis capilares indican el consumo de cannabis, pero no permiten determinar con precisión la cantidad consumida ni si lo hicieron mediante inhalación o ingestión. Otros yacimientos arqueológicos posteriores en Asia Central sí han revelado claramente la inhalación, a partir de residuos químicos de cannabinoides en vasijas y piedras calentadas. “Este estudio es particularmente revelador porque combina el análisis de restos vegetales con rastros moleculares en el cuerpo humano”, dice Caspari.  

“Estos datos se suman al creciente repertorio mundial de evidencia arqueológica sobre el uso de plantas por parte de pueblos antiguos como sustancias psicoactivas o que alteran el estado de ánimo”, escriben los autores. “El uso temprano del cannabis emerge, por lo tanto, no solo como una curiosidad farmacológica, sino como un indicio de cómo las sociedades antiguas experimentaban y ritualizaban las cualidades psicoactivas del mundo botánico”.

El equipo continúa con la investigación y han comenzado a secuenciar algunas de las muestras de plantas. “La conservación del ADN es excelente en este caso”, subraya Gino Caspari. “Esto nos ayudará a conocer mejor la historia de la domesticación y la difusión de este cultivo próximamente”.

Una explicación alternativa

Marga Sánchez Romero, catedrática de Prehistoria de la Universidad de Granada (UGR), cree que se trata de un hallazgo interesante, pero opina que los autores resaltan demasiado la cuestión psicotrópica, cuando la explicación de la presencia del cannabis podría ser más sencilla. “Yo creo que estas poblaciones pudieron hacer un uso medicinal del cannabis”, explica a elDiario.es. “Se trataba de nómadas con una vida muy dura, a menudo sometidos a batallas y heridas. Lo normal es que tomaran sustancias contra el dolor”.

La especialista recuerda que los neandertales masticaban corteza de sauce para aliviar el dolor y que las poblaciones del neolítico usaban adormidera. Sobre la asociación a un ritual, por la presencia de sacrificios de caballos, recuerda el hallazgo de una adolescente embarazada enterrada en Beit Shemesh (Israel) en el siglo IV d. C. con restos de cannabis quemado, posiblemente utilizado para aliviar el dolor durante un parto difícil. “No todas las cosas que depositamos como ajuar funerario tienen un sentido ritual, a veces tiene un sentido cotidiano”, apunta Sánchez Romero. “Así sucedió en el ejemplo de la sepultura de Israel, donde metieron el cannabis junto a la muchacha, con las últimas cosas que tenía”.