ENTREVISTA PRODUCTORA Y EMPRENDEDORA

Paulita Pappel: “El porno no va a matar al patriarcado pero tiene potencial para hacerlo”

¿Puede ser la pornografía una herramienta de emancipación? Paulita Pappel está convencida de que sí. Productora y emprendedora de porno feminista, lo defiende en 'Sin sexo no hay feminismo. Un manifiesto proporno' (Bellaterra ediciones), un libro en el que propone una mirada al porno muy distinta a la que últimamente estamos acostumbradas. Conoce la industria desde dentro y, lejos de idealizarla, expone sus puntos malos, mientras ofrece reflexiones y puntos de vista más complejos sobre las representaciones, el negocio y las propuestas para limitar la exposición de los menores.

Hay una línea de pensamiento feminista que históricamente se ha llamado pro sexo, pero en el libro habla directamente de pro porno, ¿por qué?, ¿por qué esa diferencia?

Mi propuesta es pro porno porque creo que no podemos crear una sociedad pro sexo sin ser pro porno. Hay propuestas pro sexo que omiten o que tienen una mirada negativa frente al trabajo sexual y la pornografía en general. Entiendo una posición por sexo como una posición positiva hacia el sexo, que defiende una sociedad en la que todo el mundo tenga la información suficiente y la libertad de decidir por sí mismo el sexo consensuado que quiera. Si consideramos el porno como algo en principio negativo, eso tiene un impacto en la relación que tenemos con nuestros propios cuerpos y con la sexualidad. Por eso, me parece que una actitud positiva hacia el sexo tiene que tener una actitud positiva hacia el porno. No quiere decir que todo el mundo tenga que ver porno o hacer porno, pero sí que la gente esté informada, no tenga miedo ni sienta culpa o vergüenza para poder decidir por sí misma si quiere ver porno o no.

¿Puede que el porno actual mainstream ponga difícil que exista esa actitud pro porno?

Sinceramente, creo que no. Es importante entender el porno que está en primera línea, más comercial y visible, como un producto de entretenimiento que al fin y al cabo nos está mostrando fantasías. Y las fantasías sexuales son complejas, pero tienen mucho que ver con nuestros miedos y con tabúes sociales. Entonces, creo que el problema no es el porno en sí, sino cómo vemos el porno. Estamos analizándolo de manera supersimplista: vemos a un hombre cis que le da una torta en la cara a una mujer cis y ya decimos que el porno es violento, es sexista, que las mujeres están tratadas fatal, etcétera. Pero ver esa situación así, sin contexto, no te permite saber si es sexista o no.

Las prácticas BDSM [prácticas eróticas basadas en el bondage ataduras la disciplina o sumisión y el sadismo o masoquismo] dentro de la sexualidad no son inherentemente sexistas. Nos beneficiaríamos de una mirada un poco más diferenciada. No quiero decir que todo el porno mainstream sea genial, igual que tampoco me parece bien todo lo que hay en YouTube o en cualquier plataforma audiovisual, pero juzgamos más al porno que a otros productos audiovisuales. Muchas mujeres cis y hetero son grandes consumidoras de pornografía muy violenta. Necesitamos un análisis que venga a juzgar menos y más a ver lo que hay y a entenderlo. También hay que decir que el porno que es más visible es así por la posición que tiene en la sociedad. Es decir, si tuviésemos porno en Televisión Española, en Netflix y en otras plataformas habría un porno distinto, mucho más diverso. El hecho de que lo tratemos como una cosa diferente también hace que el porno que funcione, que sea más económicamente viable, sea un tipo muy concreto y no otro.

Ha dicho que hay muchas mujeres que son consumidoras de pornografía muy violenta. Seguramente le respondan con frecuencia que eso es un reflejo de representaciones y realidades que hemos ido asumiendo. ¿Qué opina?

Mi respuesta es que no hay mejor manera, más sana y saludable, de lidiar con la violencia que existe en el patriarcado que una en la que nos reapropiamos del discurso y en la que, a través de la pornografía, resignificamos esas imágenes para ganar control sobre ellas. A nivel personal y con todas las experiencias que tengo alrededor, tanto de gente dentro como de fuera de la industria que son consumidoras, es que es muy empoderante el poder lidiar con esos miedos, incluso, sexualizarlos. Encontrar, a través de las fantasías sexuales, un lugar donde podemos disfrutar y encima liberarnos de miedos. De esta manera, me parece que la sexualidad es casi un superpoder en el que podemos dar la vuelta a la tortilla. No veo nada malo en utilizar la sexualidad o el BDSM como una herramienta de proceso personal. No digo que tenga que serlo o que siempre lo sea, digo que puede serlo.

Una actitud positiva o digamos neutra hacia la pornografía nos permite hablar de sexualidad y de fantasías sin esa culpa y ese miedo. Para solucionar este problema que tenemos en la sociedad me parece crucial crear espacios donde la gente pueda hablar abiertamente de sexualidad y creo que el porno ofrece ese lugar. El porno nos ofrece un lugar de exploración personal, de diálogo contigo misma o incluso con otra gente

Dice en el libro: “Cuando grabé mi primera película porno fue la primera vez que otra persona se preocupó por mi deseo”. ¿No cree que esa frase más que ensalzar al porno habla de que hemos tenido un problema grave sobre cómo construimos el sexo?

Absolutamente de acuerdo. Una parte de ese problema es la falta de comunicación, el miedo hacia la representación sexual, a hablar abiertamente de sexualidad sin esta carga moral. Es decir, creo que el porno es parte de la solución a ese problema. Estoy completamente de acuerdo en que el problema es que no hablamos lo suficiente, no tenemos suficiente información. La educación sexual a nivel personal, familiar, institucional es un desastre. Mi experiencia me demuestra que desde la pornografía, tanto desde la producción como la distribución, puede haber herramientas que nos pueden ayudar a lidiar con ese problema. Evidentemente, el porno no va a solucionar todo, no va a matar el patriarcado, pero creo que hay un potencial enorme que no se está utilizando.

Una actitud positiva o digamos neutra hacia la pornografía nos permite hablar de sexualidad y de fantasías sin esa culpa y ese miedo. Para solucionar este problema que tenemos en la sociedad me parece crucial crear espacios donde la gente pueda hablar abiertamente de sexualidad y creo que el porno ofrece ese lugar. El porno nos ofrece un lugar de exploración personal, de diálogo contigo misma o incluso con otra gente.

Pide dejar de tratar al porno como el chivo expiatorio de la violencia sexual. ¿Estamos señalando al porno como el gran culpable de todo?

Absolutamente, y no solo el porno, es en general el trabajo sexual y las trabajadoras sexuales. Como tenemos una incapacidad para hablar abiertamente de sexualidad y de salud sexual, a nivel político siempre lo más fácil es desviar la conversación. Y entonces el problema son los puteros, las putas o el porno. En el caso del porno, hay un pánico moral sobre Internet en general, sobre los móviles. Hay una preocupación enorme por parte de padres adultos de cómo está utilizando la gente joven Internet. En vez de ver el problema como algo general, que afecta al desarrollo de la identidad a muchísimos niveles y que es también un problema de competencia mediática, se dice que el problema es el porno. Sabemos que la censura nunca ha sido la solución y no lo va a ser tampoco ahora.

En el caso de la juventud veo una alarmante de falta de información, de comunicación, veo a mucha gente a la que no se le ha dado herramientas para lidiar con la sexualidad. Siempre ha habido mucha violencia, no la ha inventado el porno. Pienso también en mi propia adolescencia, cuando no teníamos móviles y no veíamos porno. El porno es más bien un espejo de una realidad que puede ser muy alarmante, pero buscar la causa en el porno es no querer lidiar con la violencia y la cultura de la violación que estaba ahí antes del porno

¿No cree que puede haber algo en el porno que sí que haya contribuido a la cultura de la violación?

Hay estudios que prueban que los hombres que consumen porno no se vuelven más violentos. Otros muestran que las mujeres que consumen porno suelen tener una vida sexual más satisfactoria, pero no hay ningún estudio que pruebe que hombres que consuman porno sean más violentos o ejerzan más violencia. Es igual que el discurso de que una persona adulta vio en una película que alguien mató a una persona y entonces lo hizo. Me parece casi un truco del patriarcado para exculpar a los hombres que perpetúan violencia diciendo 'ay, pobrecitos, es que han visto mucho porno'.

En el caso de la juventud veo una alarmante de falta de información, de comunicación, veo a mucha gente a la que no se le ha dado herramientas para lidiar con la sexualidad. Siempre ha habido mucha violencia, no la ha inventado el porno. Pienso también en mi propia adolescencia, cuando no teníamos móviles y no veíamos porno. El porno es más bien un espejo de una realidad que puede ser muy alarmante, pero buscar la causa en el porno es no querer lidiar con la violencia y la cultura de la violación que estaba ahí antes del porno.

Creo que negar que tenga ningún impacto sería absurdo, que todo tiene un impacto en nuestra vida. Igual que cuánta gente dijo como yo de pequeña vi Freddy Krueger ya nunca pude dormir por la noche.

¿Qué le parecen las medidas para evitar la exposición de los menores al porno?

Hay muchas representaciones sexuales muy violentas en las que no nos enseñan los genitales. La pornografía es un producto para adultos y los niños no deberían estar viéndolo. Igual que no deben estar viendo a Freddy Krueger, ni películas de violencia sangrienta o de guerra. Hay muchos contenidos que a ciertas edades no son buenos y estoy de acuerdo en que tiene que haber un control sobre eso, no solo con cuerpos desnudos y sexo, sino en general. De hecho, creo que el problema igual no son cuerpos desnudos y sexo, sino el contexto y la narrativa. En cualquier caso, hay que verlo en conjunto con el resto de contenidos audiovisuales.

Lo que mayor impacto tendría es controlar la piratería porque, al fin y al cabo, los menores no están pagando por una suscripción a una página. El mayor problema es la piratería. Las medidas de control que se están imponiendo, ¿a quién benefician? A la piratería. Porque son medidas que yo pongo en mi página —para ver ese contenido tienes que sacar tu DNI o tu tarjeta de crédito—, pero si alguien busca cualquier otra cosa hay diez mil millones de páginas en las que puede haber unos contenidos mucho más locos, hasta ilegales y que ya no son pornografía, sino crímenes registrados con una cámara. A todas esas plataformas les da igual lo que imponga la Unión Europea, porque están en Kazajistán o en Rusia o en Australia.

Lo que hemos visto en Inglaterra, en Francia o Estados Unidos es que el uso de VPNs se ha incrementado muchísimo, ha bajado el consumo de plataformas legales y se ha incrementado el de ilegales. Estas medidas no están controlando, están descontrolando porque la gente se está yendo a otros lugares que no tienen ningún tipo de control y creo que ese es un gravísimo problema. Si realmente lo que queremos es que menores no tengan acceso a contenidos hagamos algo en contra de la piratería. Mientras, lo que se está haciendo es joder la industria sin proteger a nadie.

Lo que mayor impacto tendría es controlar la piratería porque, al fin y al cabo, los menores no están pagando por una suscripción a una página. El mayor problema es la piratería. Las medidas de control que se están imponiendo, ¿a quién benefician? A la piratería. Porque son medidas que yo pongo en mi página —para ver ese contenido tienes que sacar tu DNI o tu tarjeta de crédito—, pero si alguien busca cualquier otra cosa hay diez mil millones de páginas en las que puede haber unos contenidos mucho más locos, hasta ilegales y que ya no son pornografía, sino crímenes registrados con una cámara. A todas esas plataformas les da igual lo que imponga la Unión Europea, porque están en Kazajstán o en Rusia o en Australia

¿Cuál es el panorama? Hablamos muchas veces de porno en general, pero ¿cuál es el estado de la industria?

Hay gente que cuando habla de porno habla de crímenes y creo que es muy importante que separemos las cosas. La pornografía es contenido audiovisual grabado con unos estándares y esos estándares están en toda la industria. Hay controles de identidad, nadie va a un set de porno sin ser mayor de edad, eso se controla, tienes un contrato, te pagan. Que te traten mejor o peor, que tu jefe sea un cabrón... esa ya es la historia que te puedes encontrar en cualquier lado. Como productora he trabajado tanto en cine comercial como pornográfico, y la industria del porno no es tan diferente de la industria del cine. Cuando la gente habla de pornografía infantil, eso no es pornografía, son abusos sexuales grabados. No podemos meterlo todo en el mismo saco.

Dentro de la industria claro que hay mejores y peores actores, y mejores y peores prácticas. Sigue habiendo todavía un número de productoras más de antigua escuela. Son de señores en su mayoría y a muchos no les interesa demasiado tratar bien a las performers, hombres y mujeres. Es cierto que hay productoras que no tienen buenas prácticas y eso es horrible. Está mal cada caso de una persona que no se sienta suficientemente informada o que se sienta presionada en el set a hacer cosas que igual no ha querido. Eso hay que cambiarlo, evidentemente.

Ahora, eso es una parte de la industria. Hoy por hoy, la mayor parte de lo que se produce es en plataformas donde la gente puede vender contenido directamente al consumidor. Ellas, ellos deciden qué contenido graban, a cuánto lo venden, cómo hacen su marketing, cómo lo presentan. Hay un poder mucho mayor en manos de la gente que está delante de las cámaras. Quedan pocos productores.

¿Tiene el porno algo que enseñarnos sobre el consentimiento?

Absolutamente. Desde el producto pornográfico y también desde la industria. Desde la industria, por la manera en la que se habla sobre sexualidad y se negocia sobre prácticas sexuales. Cada persona de fuera de la industria que ha estado en mi set y ha presenciado la conversación que tenemos entre los performers y la coordinación de intimidad antes de rodar salen maravillados con la claridad y la precisión con la que los performers saben hablar de sus preferencias. Es una manera pragmática, liberadora y que pone la agencia de la gente en el centro de la situación. Desde el producto pornográfico, también tiene gran valor para el establecimiento del consentimiento y para las puertas que abre a la comunicación.

Cada persona de fuera de la industria que ha estado en mi set y ha presenciado la conversación que tenemos entre los performers y la coordinación de intimidad antes de rodar salen maravillados con la claridad y la precisión con la que los performers saben hablar de sus preferencias. Es una manera pragmática, liberadora y que pone la agencia de la gente en el centro de la situación

Hay quien desde del feminismo considera que es imposible que las mujeres tengan autonomía dentro del porno. ¿Es posible que esa autonomía exista dentro del porno?

Es la cosa más sexista que existe, porque es como negarle a una mujer la capacidad de tener agencia sexual. Tampoco se habla de la cantidad de mujeres poderosas que existen en la industria, porque solo se habla de víctimas y pobrecitas. La industria está llena de gente súper interesante, mujeres que son muy potentes, muy capaces.

¿Ha encontrado estigma por dedicarse a esta industria?, ¿de qué tipo?

Como productora y emprendedora, la gran mayoría de los servicios que se les prestan a cualquier tipo de empresa, y estoy hablando desde el software para mandar newsletters por email hasta los procesadores de pago, no trabajan con esta industria, da igual quién seas y qué tipo de pornografía o de producto hagas. ¿Qué nos queda? Muy pocas empresas o servicios, que son en general peores y mucho más caros. Luego, la discriminación financiera es increíble. Nos han cerrado cuentas de banco de un día para otro sin aviso, dejándonos con el culo al aire para, también para todas las personas con las que tenemos pagos. Dentro de la industria, cuando hice el entrenamiento para ser coordinadora de intimidad, me encontré con el mayor rechazo, gente que no quería que accediese a la formación. A nivel personal, como mujer, hay muchísima gente que no saldría con una persona que trabaje en esto. ¿Cómo vas a salir con una puta? Además, mucha gente te ve como una persona de otra categoría, algo raro.