El refugio antiaéreo que une la Guerra Civil con Cervantes: “Mucha gente decía conocerlo, pero esa memoria estaba distorsionada”
Las caras de extrañeza que en diciembre de 2023 se paseaban por la plaza de Cervantes de Alcalá de Henares han mutado a miradas de asombro y asentimiento. Hace ya casi tres años que un equipo de arqueólogos comenzó a desenterrar el refugio antiaéreo más grande de la ciudad complutense, utilizado durante la Guerra Civil que con tanta dureza golpeó a esta localidad y que ahora se prepara para su apertura al público.
La intervención deja varios hitos históricos tras de sí: la piedra que se utilizó para este enclave subterráneo procedía de las ruinas de la cercana Iglesia de Santa María la Mayor, donde se ubicaba la pila bautismal del ilustre escritor que da nombre a la plaza, Miguel de Cervantes, y la escalara de la entrada norte está formada por la escalinata del altar mayor del templo junto a restos del sepulcro de la familia del Oidor. “Excavar aquí es remontarnos hasta el siglo XV”, introduce Luis Antonio Ruiz Casero, director de los trabajos arqueológicos.
Poco se sabía de este cobijo construido entre 1937 y 1938. Las habladurías alcalaínas lo situaban bajo el quiosco de la música que preside la parte sur de la plaza de Cervantes, pero se equivocaban. “Mucha gente mayor aseguraba haberlo conocido, pero esa memoria estaba algo distorsionada”, comenta Pilar Lledó, historiadora local especializada en la Guerra Civil y la primera persona en abordar la existencia del refugio hace casi tres décadas.
Esa misma memoria no se diluyó en 2023, cuando Ruiz Casero y su equipo de la empresa Audema escucharon cómo varios vecinos les alertaban de que estaban excavando en la zona errónea. Sin embargo, estaban en lo correcto. “Nos guiamos por una evidencia arqueológica, una fotografía tomada por la aviación de la Legión Cóndor hacia el final de la contienda, cuando ya estaba terminado el refugio, y que descubrió nuestro compañero Julián Dueñas”, afirma el arqueólogo. José García Saldaña, cronista oficial de la ciudad ya fallecido, también dejó un documento gráfico: hizo un croquis del refugio y lo publicó junto a algunas anotaciones en 1994, en El Puerta de Madrid, un veterano medio local.
Azaña salva el refugio
Entender las circunstancias que rodearon la construcción de este refugio pasa por abordar la realidad que se vivía en Alcalá a mediados de 1936. “La ciudad siempre fue objetivo de bombardeos aéreos. Hubo decenas y decenas de ellos que asolaron a la población civil y provocaron cientos de muertos y heridos”, añade Ruiz Casero. El Ayuntamiento alcalaíno siguió las indicaciones del Gobierno republicano y comenzó la construcción de refugios para la ciudadanía. Gracias a las anotaciones de García Saldaña se sabe que el de la plaza de Cervantes se comenzó a erigir a finales de noviembre de 1937. Según dejó apuntado Lledó, ya estaba terminado para el 16 de octubre del año siguiente.
El refugio tiene unos 38 metros de extremo a extremo y dos de ancho y está compuesto por una sucesión de salas conectadas mediante giros en ángulo recto, un diseño concebido para minimizar los daños en caso de explosión. “Se construyó a cielo abierto y se rellenaron las paredes con los sillares de la Iglesia de Santa María. El techo se hizo de hormigón armado. Costó mucho llevarlo a cabo”, subraya el director de la intervención.
Se refiere a los problemas de financiación que el Ayuntamiento tuvo para materializar el proyecto. Aunque grabó espectáculos teatrales y algunas bebidas alcohólicas, no fue suficiente. Manuel Azaña, alcalaíno y por aquel entonces presidente de la República, donó 25.000 pesetas para su finalización. El coste total alcanzó las 110.000 pesetas, 10.000 de las cuales fueron sufragadas directamente desde las arcas municipales.
Un refugio para la guerra total
La construcción de este escondite en Alcalá no responde al azar, según Pablo Schnell, arqueólogo y experto en fortificaciones de la guerra civil que incide en que la ciudad complutense fue “un objetivo de guerra de primer orden que sufrió unos 200 bombardeos”. La guerra total había llegado a España: “Los refugios eran caros y difíciles de hacer, por eso se alargaban tanto en el tiempo. Era una novedad que los ciudadanos ante una guerra, además de dejar sus trabajos e ir al frente, tuvieran que pagar de su dinero su propia protección, pues se consideraba a la población como objetivo”.
Algunas fuentes con las que trabaja el equipo de Ruiz Casero indican que el refugio ya funcionaba en el verano de 1938, aunque no estaba terminado. “Llegó a tiempo para proteger a los alcalaínos de los últimos grandes bombardeos de la guerra. Todavía estudiamos los archivos para poder aportar una cifra exacta de cuántos”, comenta el experto.
La documentación a la que ya han tenido acceso, entre la que se encuentra el telegrama del Consistorio complutense en el que agradecen a Azaña su donación, recoge que el refugio estaba pensado para un millar de personas. “Serían unas 10 personas por metro cuadrado, lo que es factible pero bastante extremo, y no creo que se alcanzase nada parecido”, apunta el arqueólogo. Schnell, por su parte, precisa que la capacidad media indicada en los manuales era de medio metro cuadrado por persona. “Hay que tener en cuenta el oxígeno que se consume en un ambiente cerrado como ese”, apostilla.
Una vez terminada la contienda, el refugio continuó abierto. Los especialistas han llegado a esta conclusión tras hallar en él restos asociados a niños que se colarían en la posguerra, como canicas y tabas, en el estrato sobre el suelo antes de que se llenara de tierra, escombros y barro. Diversos fueron los intentos para demoler el escondite, cuya existencia suponía una imagen problemática para la dictadura franquista. Ninguno fructificó. En esos años, los fotógrafos del régimen se esmeraron en que no apareciera en sus instantáneas. “En torno a 1944, finalmente consiguen cegar el acceso norte”, remacha Ruiz Casero en referencia a la entrada principal al escondrijo. El acceso sur, por el que entraron los arqueólogos en 2023, quedó accesible hasta los años 70.
La escalinata al altar hecha escalones
Las diferentes campañas de excavación lideradas por Ruiz Casero a lo largo de estos años han llegado a su cénit este 2026. Entre sus hallazgos, uno que les impulsa a continuar con la investigación, lo que a su vez supone un reto. “Los escalones de la parte norte son piedras labradas de la Iglesia de Santa María, de su escalinata al altar mayor. Es una piedra con cierto valor estético y enorme valor histórico para Alcalá, pues se trata de los pocos restos monumentales que quedan de la iglesia”, se explaya el arqueólogo, en alusión a este templo situado a escasos 100 metros del refugio, incendiado el 29 de julio de 1936 y construido, asimismo, con piedra procedente de la ciudad romana de Complutum.
Los trabajos han permitido extraer tres de estos escalones, decorados con una voluta, una especie de pequeña moldura. “En los rellenos hemos encontrado restos descontextualizados de alabastro y estoy convencido de que son piezas que proceden del sepulcro de la familia del Oidor tras realizar un estudio comparativo de los restos originales que tenemos”, añade el especialista. Don Pedro Díaz de Toledo fue el oidor real de Juan II de Castilla que, a principios del siglo XV, mandó construir la Capilla del Oidor como lugar de enterramiento familiar. “Excavando un refugio del siglo XX nos asomamos a la historia de Alcalá desde la Edad Media”, recalca Ruiz Casero.
El reto está en continuar con esta investigación. El techado de esta parte no es de hormigón debido a las sucesivas reformas que ha sufrido la plaza de Cervantes, por lo que en un futuro será necesario abrirlo desde arriba. Esta opción es algo complicada, pues acaban de finalizar unas obras que han retocado la plaza al completo. La otra posibilidad es hacerlo desde abajo, apuntalando el techo.
Objetivo: su apertura al público
Los objetos encontrados ayudan a entender la realidad que ha experimentado el enclave a lo largo de casi un siglo. En un primer estrato, el más moderno, han hallado algunos elementos interesantes para entender la historia local desde los años 70, cuando se cerró el refugio en su totalidad: catálogos antiguos de fiestas y pegatinas de las peñas, publicidad de eventos que se han desarrollado en la plaza en el último medio siglo, monedas, folletos promocionales de vivienda en la ciudad en los años 80 y hasta un Mazinger Z de plástico de los años 70.
La intervención desarrollada este 2026 ha permitido analizar lugares en condiciones anaeróbicas, ya que estaban cubiertos por escombro y barro. Así han podido recuperar del siguiente estrato elementos difícilmente conservables en otros contextos: una participación de la Mutual Complutense de la lotería de Navidad de 1943 y una botellita de aquellos años, que todavía conserva agua en su interior.
El ímprobo trabajo que ha llevado a cabo el equipo de Ruiz Casero y la restauración por parte de Miguel Ángel López Marcos, además de la curaduría del concejal de Patrimonio Histórico de Alcalá, Vicente Pérez Palomar, se ha materializado en una puesta en valor dirigida a su apertura al público. “Los trabajos se encuentran ahora orientados a la musealización del espacio, con el objetivo de abrir el refugio en los próximos meses tanto para visitas técnicas como para visitas guiadas dirigidas al público en general”, ha asegurado el edil a través de una nota remitida por el Consistorio.