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Vacunar a los migrantes sin tarjeta sanitaria: algunas comunidades mueven ficha para llegar a ellos, pero las trabas continúan
La mañana de este martes, el día en que Laura tenía cita para vacunarse, se levantó antes de la cuenta. Había quedado con su nieta para que la acompañase pero, cuando llegó a recogerla, su abuela no estaba en casa. La mujer peruana, de 80 años, se había plantado en el centro de salud más de media hora antes de su turno. Había esperado demasiado y no quería hacerlo más: le inyectaron su primera dosis cuando el 101%* de la población de su edad de Cantabria, donde vive, ya la había recibido. El 97,3% tenía ya la pauta completa.
Laura estaba impaciente porque, mientras semana a semana observaba en la televisión el avance de la vacunación entre los octogenarios de su comunidad, su hijo Armando movía cielo y tierra para lograr la inmunización de sus padres cuando les tocaba, a pesar de estar excluidos de la sanidad pública —en este caso por ser inmigrantes reagrupados por sus hijos, a los que el Gobierno exige un seguro privado—. Al no tener tarjeta sanitaria, sus datos no están en el sistema y los centros de salud no pueden llamarles para cerrar su cita. Solo lo logró a través de la intervención de 'Ciudadanía contra la exclusión sanitaria', una plataforma cántabra que lucha por la sanidad universal.
Un reportaje de Gabriela Sánchez.