En 1003, los condados catalanes frenaron una incursión andalusí que la leyenda convirtió en una victoria milagrosa

Los caballos resoplaban entre las piedras sueltas del valle, mientras el sol se filtraba por la bruma baja y teñía de polvo los escudos de hierro. Los hombres ajustaban las cinchas, aferraban las lanzas y levantaban las banderas de sus condados con las manos cubiertas de sudor. El terreno era estrecho y los cascos golpeaban la roca con un ritmo irregular que se escuchaba entre las montañas.

En medio de esa tensión, los cuatro condes catalanes –Ramon I de Barcelona, Ermengol I de Urgell, Guifré II de Cerdanya y Bernat I de Besalú– se colocaron en la primera línea y ordenaron avanzar hacia la pendiente, seguros de que la carga decidiría la suerte del combate. El aire olía a metal caliente y a polvo húmedo, y cuando las lanzas se cruzaron, la fuerza del impacto hizo vibrar el suelo. De ese enfrentamiento nacería una victoria que pronto cruzaría la frontera entre historia y milagro.

Un investigador del CSIC revisa la vieja historia de la batalla de Torà

Un estudio de Josep Suñé, investigador del CSIC, publicado en la revista Treballs d’Arqueologia, revisa este episodio de comienzos del siglo XI y analiza las fuentes que lo narran. El trabajo indaga si la batalla de Torà fue un hecho real o una creación piadosa. Suñé explica que el enfrentamiento, atribuido al año 1003, es uno de los más antiguos testimonios de guerra fronteriza en los condados catalanes y que su reconstrucción ha estado marcada por un texto hagiográfico redactado cuatro décadas después.

El autor centra parte del análisis en la datación del suceso. Los cuatro condes coincidieron en el gobierno entre 993 y 1010, por lo que el margen es amplio. Según Suñé, la campaña más verosímil es la aceifa de ‘Abd al-Malik al-Muzaffar en el verano de 1003, una incursión lanzada por el poder andalusí tras las provocaciones cristianas en la frontera. Las fuentes árabes describen ese avance hacia el norte y mencionan la conquista de Montmagastre y el ataque a Castellolí. Para ir de una fortaleza a otra, el paso por Torà era casi inevitable, y eso refuerza la hipótesis de que el combate ocurrió allí.

Toda la información conocida sobre la batalla proviene del monje francés André de Fleury, autor de los Miracula Sancti Benedicti, redactados entre 1041 y 1044. En su relato, un ejército califal de 20.000 hombres se enfrentó a unos 500 caballeros cristianos guiados por los cuatro condes. Ante la retirada inicial, Bernat de Besalú arengó a sus tropas y prometió la ayuda de la Virgen y de los arcángeles.

El texto asegura que la intervención divina cambió el curso de la lucha y convirtió la derrota en victoria. La noche del combate, un clérigo en el santuario de San Miguel del Monte Gargano, en Italia, tuvo una visión en la que la Virgen confirmaba el triunfo cristiano y mencionaba 10.000 musulmanes muertos frente a un solo cristiano caído.

Las dudas sobre Albesa complican la ubicación del enfrentamiento

El estudio también aborda la posible relación entre esta batalla y la de Albesa, registrada en los anales del monasterio de Ripoll y fechada ese mismo año. En esos documentos se menciona la muerte del obispo Berenguer de Elna. La coincidencia temporal y geográfica es sugestiva, ya que en la comarca del Solsonès hay una sierra y una hondonada llamadas Albesa, a unos diez kilómetros de Torà. Sin embargo, una fuente árabe sitúa la al-Mašša cerca de Balaguer, en La Noguera, lo que complica la identificación. Suñé mantiene la duda abierta y considera que podría tratarse de una confusión de topónimos.

El investigador examina además la precisión del texto de Fleury. Señala que contiene datos políticos y geográficos demasiado exactos para ser invención. El autor francés acierta al citar a los cuatro condes que gobernaban a la vez y describe el terreno con detalle, mencionando el llano rodeado de montañas y el valle junto al castillo. Suñé considera probable que los monjes catalanes Joan y Bernat, residentes en la abadía de Fleury dos décadas antes de la redacción, transmitieran los testimonios del suceso. Bernat había sido caballero antes de profesar, lo que explicaría la exactitud militar del relato.

Tras revisar las fuentes, Suñé concluye que no hay motivos para negar que hubo un combate en Torà. Cree que el enfrentamiento formó parte de la aceifa de 1003 y que el ejército de al-Muzaffar fue rechazado por una fuerza cristiana numerosa. En su opinión, los monjes de Fleury transformaron aquella victoria en un milagro y fijaron una de las primeras narraciones de guerra sagrada en la península Ibérica. El episodio, dice el investigador, muestra cómo la memoria del combate se moldeó con fe y propaganda y cómo un hecho fronterizo acabó convertido en símbolo religioso.