¿Por qué 298 recipientes están revolucionando la historia vikinga en Inglaterra? Señalan un cambio culinario claro
Las rutas largas exigían decisiones rápidas sobre qué llevar y qué dejar atrás. La expansión vikinga, entendida como una de las mayores gestas de su tiempo, no consistió solo en navegar grandes distancias o fundar asentamientos, sino en ajustar cada viaje a los recursos disponibles en cada tramo. Esa capacidad de adaptación explica por qué esos grupos podían avanzar, asentarse y mantenerse lejos de su origen durante generaciones.
En ese contexto, la alimentación formaba parte de esa manera de hacer diaria, porque no siempre podían seguir sus costumbres ni acceder a los mismos productos que en Escandinavia. La mayor gesta vikinga implicó cruzar mares, instalarse en nuevos territorios y reorganizar la vida cotidiana con lo que había en cada lugar, incluida la forma de cocinar y los ingredientes que encontraban.
Un estudio revela un uso distinto de recipientes en Inglaterra
Un estudio publicado en Antiquity muestra que los vikingos asentados en Inglaterra apenas cocinaron pescado en recipientes cerámicos, a diferencia de lo que ocurría en Dinamarca. La investigación señala que este cambio no responde a una desaparición del pescado en la dieta, sino a un uso distinto de los utensilios y a una adaptación a las costumbres locales. Ese dato obliga a revisar la imagen tradicional de estos grupos como consumidores constantes de productos marinos en cualquier territorio donde se instalaron.
El equipo liderado por Steven P. Ashby, investigador de la University of York, analizó restos grasos adheridos a fragmentos de cerámica para saber qué alimentos se habían preparado en ellos.
Esta técnica permite detectar compuestos que quedan atrapados en las paredes porosas de las vasijas tras el uso prolongado, y distingue si se cocinaron carnes terrestres, productos lácteos o pescado. El procedimiento se centra en identificar biomarcadores específicos que aparecen cuando ciertos alimentos se calientan durante tiempo suficiente.
Los resultados muestran una caída clara en el uso culinario
El análisis incluyó 298 recipientes procedentes de yacimientos ingleses de los siglos IX al XI, como York, Lincoln, Londres o Newark, además de zonas rurales del antiguo Danelaw. Para comparar, el equipo estudió 57 vasijas de Aarhus y Ribe, dos centros urbanos de la Dinamarca vikinga.
Los resultados muestran una diferencia clara, ya que solo 13 recipientes ingleses contenían señales de productos acuáticos, lo que equivale a un 4,4%, mientras que en Dinamarca esa proporción ronda el 23%.
Ese contraste apunta a un cambio claro en Inglaterra, donde los vikingos no trasladaron intactas sus costumbres culinarias. Aunque en su lugar de origen el pescado tenía un papel importante, en territorio inglés dejaron de usar las vasijas cerámicas para ese fin.
Esta diferencia no aparece de forma puntual, sino que se repite en distintas regiones y durante varios siglos, lo que indica que se trató de una transformación asentada y no de una excepción.
En lugar de cocinar pescado, las vasijas se utilizaron sobre todo para preparar grasas de animales terrestres como vacas, ovejas y cerdos, además de productos lácteos. Este cambio refleja una adaptación a los hábitos locales, ya que esas materias primas eran habituales en la cocina anglosajona. La continuidad de ese patrón en zonas urbanas y rurales confirma que no fue una elección aislada, sino una práctica extendida.
La alimentación facilitaba la integración en las comunidades locales
El pescado seguía presente, pero se preparaba de otra manera. Las fuentes anglosajonas mencionan el uso de espetones para asar, y los hallazgos arqueológicos en York muestran grandes sartenes de hierro y recipientes de esteatita asociados a los primeros colonos escandinavos. También se utilizaban técnicas como el ahumado o el salado, y en algunos casos se consumía crudo. El Tapiz de Bayeux, una obra fundamental del arte medieval europeo, representa peces enteros servidos en mesas de élite, lo que indica que el producto estaba disponible, aunque no pasara por las ollas cerámicas.
La cocina funcionó como una herramienta de integración social en ese proceso de asentamiento. Adaptar la forma de cocinar, los ingredientes y los utensilios permitió a los recién llegados encajar en las comunidades locales. Mientras otros rasgos materiales de la presencia vikinga resultan difíciles de detectar, la alimentación deja una pista más cercana a la vida diaria.
Comer como los vecinos facilitó esa convivencia y muestra hasta qué punto esos grupos ajustaron sus hábitos básicos al entorno en el que vivían.