A 35.000 km de altura, este satélite de la NASA es capaz de monitorear en tiempo real las amenazas para la salud transmitidas por el aire

La contaminación también se puede observar desde el espacio y la NASA lleva años mejorando sus instrumentos de medición. A más de 35.000 kilómetros sobre el ecuador de nuestro planeta, uno de sus satélites se encarga de analizar la atmósfera sobre Norteamérica y seguir la evolución de determinados contaminantes a lo largo de todo un día. 

Conocido como TEMPO (Monitoreo de las Emisiones Troposféricas de Contaminación, por sus siglas en inglés), este instrumento comenzó sus observaciones hace ya tres años, en 2023. Lo más interesante es que, lejos de ofrecer una o dos instantáneas diarias de la calidad del aire, como hacían los satélites de monitoreo anteriores, este es capaz de captar los contaminantes casi en tiempo real. 

Para hacer sus mediciones, TEMPO está situado en órbita geoestacionaria, lo que significa que permanece sobre la misma región del planeta mientras la Tierra gira. Esta posición le permite observar repetidamente Norteamérica durante las horas de luz, desde Canadá hasta México y desde el Atlántico hasta el Pacífico. Los datos que recopila están disponibles en menos de tres horas después de la observación, por lo que se pueden utilizar con cierta rapidez.

Para detectar la contaminación, utiliza un espectrómetro que analiza la luz ultravioleta y visible procedente de la Tierra. Los gases presentes en la atmósfera absorben determinadas longitudes de onda de la luz y dejan una especie de huella. Al analizar esas señales, el satélite es capaz de determinar la presencia y distribución de diferentes sustancias químicas en la atmósfera.

Entre los principales contaminantes y componentes que permite estudiar están el dióxido de nitrógeno, el formaldehído, el ozono y el dióxido de azufre, además de aerosoles y características de las nubes. “Estos datos son una herramienta clave para la comunidad científica atmosférica y de gestión de la calidad del aire”, explican desde la NASA.

Ayuda real en la práctica

Pero la idea de la NASA cuando puso en marcha este proyecto hace tres años no era recopilar datos sin más, sino poder utilizar la información para ayudar a quienes toman decisiones sobre la calidad del aire. Un caso concreto ocurrió en Maryland, Estados Unidos, donde los responsables ambientales usaron TEMPO para investigar por qué se estaban produciendo episodios de niveles elevados de ozono en su zona.

Al comparar los datos de dióxido de nitrógeno obtenidos por el instrumento durante las mañana de más calor, descubrieron que este contaminante procedía en buena parte de zonas industriales y del tráfico. Según explica la revista Smithsonian, que recogió la historia del caso, esta información fue clave para entender cómo evoluciona la contaminación a lo largo del día y cómo actuar ante esa situación.