Burgueses y hermanos con dos años de diferencia, los considerados pioneros del cine produjeron 1.500 películas
Nacieron en la ciudad francesa de Besanzón en los años 1862 y 1864. Con dicha diferencia de solo dos años, formaron parte de una familia de pequeños industriales en plena era de la burguesía. Sus padres, Antoine y Jeanne-Joséphine, les brindaron un entorno estable que fomentó su curiosidad técnica y artística. En el año 1870, la familia se trasladó a Lyon para escapar de los peligros de la guerra franco-prusiana. Allí, su padre estableció un estudio fotográfico que se convertiría en el pilar fundamental de su futuro éxito comercial. Esta mudanza marcó el inicio de una dinastía de burgueses emprendedores que definiría la cultura de la Belle Époque: Los hermanos Auguste y Louis Lumière.
Ambos recibieron una educación rigurosa en la escuela técnica de La Martinière, lugar donde se formaban los empresarios de la época. Mientras que Auguste era conocido por ser un joven tímido y obediente, Louis se mostraba como alguien decidido y activo. A pesar de que Louis sufría de una salud frágil y jaquecas frecuentes, cultivó talentos para la música y el dibujo. Aprendieron a leer con los relatos de Julio Verne, lo que moldeó su imaginación y su lógica científica. Esta sólida formación les permitió combinar más tarde el arte con la industria de una manera revolucionaria. Siempre se mantuvieron muy unidos, complementando sus habilidades administrativas y creativas en todos sus proyectos familiares.
Antes de llegar al cine, el negocio familiar enfrentó una crisis cuando su padre no lograba producir placas fotográficas. Fue Louis quien, con solo 16 años, salvó la empresa al desarrollar la fórmula de las placas “Etiqueta Azul”. Estas placas permitieron la producción masiva y convirtieron a los Lumière en líderes del mercado fotográfico europeo. Con la estabilidad económica asegurada, los hermanos contrajeron matrimonio con las hermanas Marguerite y Rose Wincler. Su fábrica en el suburbio de Montplaisir se transformó en un centro de innovación constante para la familia. La riqueza adquirida les permitió mudarse a una villa modernista y dedicarse plenamente a la investigación científica.
El catalizador para la invención del cine llegó en 1894, cuando su padre trajo un kinetoscopio desde la ciudad de París. Este aparato de Edison solo permitía una visión individual a través de un visor, algo que los Lumière consideraron limitado. Antoine animó a sus hijos a mejorar la máquina para proyectar imágenes en movimiento sobre una pantalla grande. También influyó en ellos el éxito del teatro óptico de Emile Reynaud, aunque este usaba bandas dibujadas a mano. El gran desafío técnico consistía en crear un mecanismo que detuviera cada fotograma brevemente para su proyección. Debían lograr proyectar al menos dieciséis imágenes por segundo para generar la ilusión de un movimiento fluido.
Tras varios intentos fallidos, Louis halló la solución definitiva durante una noche de insomnio a finales del año 1894. Imaginó un mecanismo similar al de las máquinas de coser que permitiría mover la película de forma intermitente. Este sistema utilizaba agujas para arrastrar la película perforada y mantenerla inmóvil durante una fracción de segundo. Auguste recordó más tarde cómo su hermano le reveló este descubrimiento al amanecer, considerándolo una auténtica revelación. El aparato resultante era una caja de madera ligera que servía como cámara fotográfica y como proyector. Con este invento, Louis logró por fin eliminar el movimiento borroso en las capturas de imágenes reales.
El cinematógrafo fue patentado oficialmente el 13 de febrero de 1895, marcando un hito para la historia cultural moderna. Poco después, Louis rodó la cinta La salida de los obreros de la fábrica Lumière, considerada la primera película de la historia. El film fue presentado por primera vez ante una audiencia científica en París el 22 de marzo de 1895. Louis empleó su formación artística para elegir los mejores encuadres y fases del movimiento en sus tomas. La perfección técnica de su sistema hizo que se impusiera rápidamente sobre todos los otros inventos alternativos. Aquella escena cotidiana de los trabajadores saliendo del taller fascinó a los selectos invitados de la época.
Un estreno con 35 personas
El nacimiento oficial del cine como espectáculo público ocurrió el 28 de diciembre de 1895 en la capital francesa. En el sótano del Grand Café, en el Salon Indien, se llevó a cabo la primera proyección comercial. Aunque solo asistieron treinta y cinco personas el primer día, el impacto en el público fue inmediato y total. Los espectadores quedaron petrificados al ver un tren llegar a la estación y avanzar directamente hacia sus asientos. En apenas tres semanas, el local recibía a tres mil personas diarias, ansiosas por presenciar aquel milagro visual. Las noticias sobre el espectáculo recorrieron la ciudad, transformando el salón en un sitio demasiado pequeño.
A pesar de su éxito, los Lumière creyeron inicialmente que el cine era un invento sin ningún futuro comercial. No obstante, aprovecharon el interés generado y produjeron unas 1.500 películas a través de una red de operadores. Capacitaron a jóvenes técnicos para viajar por diversos continentes y registrar escenas de los pueblos y culturas locales. Estos agentes capturaron desde la coronación del Zar en Rusia hasta escenas de la vida cotidiana en América. Gracias a esta expansión, sentaron las bases para el nacimiento de una de las industrias más poderosas del mundo. Su stock de películas incluía temas documentales, históricos y breves episodios cómicos muy ingenuos.
En el año 1903, los hermanos decidieron seguir caminos distintos y separaron sus intereses profesionales definitivamente. Louis permaneció al frente de la fábrica de imágenes, inventando el Autochrome para la fotografía en colores. También experimentó con pantallas circulares, cine en relieve e incluso inventos ortopédicos como manos artificiales. Por su parte, Auguste abandonó el cine para dedicar su vida al estudio de la biología y la fisiología. Fundó un gran centro de investigación en Lyon y publicó trabajos extensos sobre enfermedades como el cáncer. Sus puntos de vista médicos fueron a veces rechazados, pero terminó siendo miembro de la Academia. El legado de los hermanos Lumière permanece inmortal, habiendo dado vida a la industria con mayor influencia social. Louis falleció en 1948 en Bandol, mientras que Auguste vivió hasta 1954, muriendo en la ciudad de Lyon. El apellido de ambos, que curiosamente significa “luz” en francés, se convirtió en sinónimo de la magia de las imágenes. Desde una empresa familiar en Lyon, iniciaron una revolución que cambió la forma en que percibimos la realidad. Actualmente, sus cámaras originales se conservan en museos como testimonios de su genio visionario y emprendedor.